El cardenal agredido - Malandrería roja

Por Venezuela Real - 11 de Diciembre, 2007, 19:05, Categoría: Derechos Humanos

El Editorial
El Nacional
11 de diciembre de 2007

A las 3:20 minutos de la tarde del viernes 7 de diciembre, los venezolanos estuvimos al borde de una tragedia de implicaciones impredecibles. Tan sencillo como esto. De tal manera fue grave aquel episodio, que sería inaceptable que no le otorgáramos la relevancia que conlleva porque, si bien los daños fueron relativos, no así fueron sus síntomas y los peligros gravísimos que implicó para la Iglesia católica, la sociedad venezolana en general, para todos y cada uno de los católicos y devotos de otras creencias, como para el propio Gobierno.

A la salida del Palacio Arzobispal, y luego de tomar su vehículo en compañía del conductor, el cardenal Jorge Urosa Savino fue asaltado, amenazado y agredido de palabra por un grupo de 15 individuos, de los tantos forajidos a sueldo que pululan en la plaza Bolívar y en el "territorio rojo" de la llamada "esquina caliente", donde instalaron desde hace tiempo su cuartel general. Allí tienen a monte a todo aquel que les caiga sospechoso, cualquiera que erradamente se atreva a transitar con corbata u otro signo que parezca de contrarrevolución.

Para fortuna de todo el mundo, de la Iglesia, de la sociedad y del Gobierno, el cardenal no resultó afectado físicamente, pero el auto fue averiado con golpes de objetos diversos y patadas, como expresión de la furia de los atacantes. Como para hacer más dramático el asalto, un camión preparado de antemano le impidió el paso al auto. Obviamente, el ataque fue planeado.

Hubo premeditación y alevosía, y disposición de atacar al prelado fueren cuales fueren sus consecuencias. El propio Urosa Savino hizo el relato del incidente en una nota a obispos y arzobispos, la misma tarde del viernes. El prelado trató de comunicarse con el ministro de Interior y Justicia, sin éxito. No hubo respuesta. Otro síntoma no menos grave. En otras palabras, todos estamos condenados a riesgos y peligros.

Que en un país católico ocurran hechos como éste, atentados contra el máximo representante de la Iglesia, es sencillamente alarmante. La pregunta es elemental, ¿qué suerte podemos correr los que andamos por estas calles de Dios sin representación alguna? El alto Gobierno no se solidarizó con el cardenal Urosa. No le ofrecieron protección. Ni se dispusieron a despejar la zona roja, ni a desplazar de la "esquina caliente" a estos dueños de vidas ajenas que se han aposentado allí a base de violencia.

¿Qué habría ocurrido si el cardenal hubiera sido agredido en su persona, o si los daños hubieran sido irreversibles, como estuvo a punto de suceder? ¿Cuál habría sido la reacción de todo el país, de la comunidad internacional, de la Santa Sede? ¿Considera, acaso, el gobierno bolivariano que puede salir ileso de un atentado semejante? Quienes tanto hablan de magnicidio, y ven magnicidas en la sopa, piensen que en la "esquina roja" abundan los desalmados capaces de cualquier crimen. ¿Cuándo restablecerán las autoridades la normalidad en la plaza Bolívar?





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