El Poder Moral - Empleados oficialistas

Por Venezuela Real - 14 de Diciembre, 2007, 16:06, Categoría: Corrupción

El Editorial
El Nacional
14 de diciembre de 2007

Quizás la pesadilla hubiera finalizado ayer con un despertar feliz, pero hoy el Poder Moral sigue siendo un sueño inquieto e imposible, porque el remedio parece peor que la enfermedad. Los venezolanos se preguntan con toda razón para qué se incorporó este nuevo y publicitado poder, si desde Miraflores se le iba a inocular una dosis de perversidad y sumisión al Ejecutivo que desacreditaría la honorable misión de la Fiscalía, la Defensoría y la Contraloría. Basta revisar la historia reciente, es decir la cuarta república, para darse cuenta de que estas instancias institucionales cumplieron un papel fundamental hasta donde les era permitido por las normas y disposiciones que les regían en ese momento.

Pero llega la revolución bolivariana y propone un Poder Moral que regiría como una instancia superior de limpieza ante las corruptelas, las violaciones a la ley y los derechos democráticos, e incluso, como un recurso a ser blandido ante los actos prepotentes y agresivos del Ejecutivo. Hasta ahora no hay tal, y con las nuevas designaciones de la Asamblea Nacional no se hace sino reconfirmar la sumisión de este maltrecho poder ante Miraflores. Y, para mayor desgracia, se sumen en el abandono popular unas instituciones que, por su propia misión y orientación, en nada generan confianza al ciudadano, que las ve con todo rigor y justeza, como apéndice de los arrebatos del jefe del Estado.

El Poder Moral, tal como fue concebido, debía erigirse no sólo como un contrapeso institucional, sino como un faro que fuera iluminando las nuevas potestades del ciudadano común. Si algo puede calificarse de revolucionario es la idea de que un simple ciudadano esté en capacidad de hacerse oír en sus demandas, de incoar un proceso con la esperanza cierta y fundada de que puede derrotar y obligar al Gobierno a ser juzgado y a cumplir la sentencia en los términos dictados. Y que el defensor, el fiscal y el contralor colaboren en el reclamo y la exigencia de justicia y no que la saboteen como lo han hecho hasta ahora.

Cuando la Asamblea Nacional procede a escoger a los nuevos representantes del Poder Moral se olvida de la participación popular que debe respaldar estas designaciones para ocupar los puestos (en verdad, no son más que puestos burocráticos) en la Fiscalía, la Contraloría y la Defensoría del Pueblo. ¿Dónde está la consulta popular, el apoyo de la población a esos nombres barajados y escogidos como en la época de Alfaro Ucero? ¿Tienen acaso el respaldo de un sector de la población, de una parte del país, de una fracción del partido? No olvidemos que se escogen unos integrantes del nuevo régimen revolucionario, es decir, del Poder Moral, de una instancia novedosa pautada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Pero no hay perfume de honorabilidad en esa escogencia sino olor de trapisonda y manejo tras bastidores.

¿En eso lo que quiere el pueblo bolivariano? Desde luego que no. Pero incluso la mayoría que no comulga con este procedimiento manejado con marramuncias partidistas, se pregunta si desde ahora en adelante pueden confiar en semejante parapeto oficialista en el cual han convertido al Poder Moral.





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