El triste papel de la AN

Por Venezuela Real - 14 de Diciembre, 2007, 16:11, Categoría: Gente de Chávez

HÉCTOR FAÚNDEZ LEDESMA
El Nacional
14 de diciembre de 2007

La Asamblea Nacional ha dedicado sus sesiones más recientes a hacer un balance de por qué fue rechazado el proyecto de reforma constitucional propuesto, en lo fundamental, por el Presidente de la República. Pero el tono del debate no ha sido el que correspondería al análisis sereno del mensaje enviado por los ciudadanos, y de las consecuencias jurídicas y políticas que esa decisión del electorado tiene para el futuro de Venezuela; muy por el contrario, esa acalorada discusión tenía todas las características de la polémica surgida en el interior de un partido político, cuyos dirigentes se preguntan por qué perdieron, y que buscan desesperadamente un chivo expiatorio. En efecto, a pesar de que la propia AN tuvo una importante cuota de responsabilidad en el contenido y en la redacción de ese proyecto de reforma constitucional, a la cual le agregó 36 artículos, ese debate estuvo marcado por los reproches y las acusaciones a los enemigos de la revolución.

Es cierto que la Asamblea Nacional tiene muy poco que hacer, pues delegó sus atribuciones legislativas al Presidente de la República. También es cierto que el Partido Socialista Unificado de Venezuela no cuenta con órganos que le permitan canalizar la discusión y el debate interno. Pero es inaceptable que, a falta de un foro apropiado para hacerlo, los parlamentarios del PSUV hayan trasladado esa discusión a una institución del Estado, cuya función primordial es hacer leyes, para utilizarla en una disputa irrelevante para la mayoría de los venezolanos, como es la cuestión de determinar a quién corresponde el mérito de la derrota sufrida por una parcialidad política del signo que sea. Quienes hoy forman la Asamblea Nacional no debatieron, en su oportunidad, el contenido de la reforma constitucional propuesta por el Presidente de la República; muy por el contrario, además de las loas a un proyecto indefendible en una sociedad democrática, le agregaron una serie de propuestas igualmente absurdas y descabelladas. Era de esperar que, una vez que el pueblo dio su veredicto, la AN abriera un amplio debate para definir qué es lo que, en función de lo decidido en las urnas, no se puede hacer; pero es inaceptable que quienes se dicen representantes del pueblo estén buscando trampas y recovecos para eludir una decisión inapelable del pueblo soberano.

Sería comprensible que, en ejercicio de sus funciones de control y fiscalización, la AN investigara los maletines con dólares que están saliendo desde Venezuela, o que discutiera sobre la oportunidad y conveniencia de la reconversión monetaria, las causas de una inflación que parece desbocarse, las raíces de la violencia en el interior de las cárceles, los numerosos casos de corrupción que han sido denunciados por la prensa o la insensatez de un cambio de hora que se aparta de los estándares internacionales y que no tiene ninguna ventaja práctica. Pero dedicar las sesiones de la AN para polemizar sobre quiénes son los responsables de un fracaso electoral del partido de gobierno es inaceptable, y es una burla más a todos los venezolanos.

Las tareas primordiales de la AN son preparar leyes coherentes, que respondan al interés nacional, y servir como órgano de control político de los actos del Gobierno. Pero utilizarla como foro para debatir los problemas internos de un partido político sólo refleja la pobreza intelectual y el servilismo de quienes hoy, lamentablemente, forman parte de ella.







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