El país de mister Bush

Por Venezuela Real - 16 de Diciembre, 2007, 15:33, Categoría: Electorales

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
El Nacional
16 de diciembre de 2007

La gran prensa internacional ha venido analizando de manera profunda, y en no pocas ocasiones sagaz e inteligente, los resultados del referéndum (in) constitucional del 2 de este diciembre auspicioso. Como era previsible, la agudeza del análisis vino paralela con las ironías y sarcasmos que aspectos resaltantes del proceso hacían prácticamente inevitables. Desde Londres, The Economist puso la nota. Así, el semanario glosó el último discurso del Presidente de la República en el cierre de la monótona, dispendiosa, ventajista, grosera campaña sobre las confusas reformas.

Según la obsesión presidencial, los venezolanos fueron puestos en la disyuntiva de votar Sí "por mí" (Hugo Chávez Frías dixit) o votar por el No, opción que significaba "un voto por George W. Bush". La conclusión de The Economist era previsible. Veámosla, sin dejar de sonreír: "Una lectura de los resultados del referéndum es que, después de nueve años en el poder, el logro más significativo del señor Chávez ha sido el de convertir a Venezuela en el único lugar en el planeta en el que el Presidente de Estados Unidos pudo ganar con el voto popular". Aquí está dicho todo. Venezuela, por obra y gracia de la revolución bolivariana, participativa y protagónica, marxista-leninista, guevarista y castrista, ha sido convertida en el país de George W. Bush.

No fue sólo el Presidente de la República el que puso a ganar al señor Bush. Los mujiquitas que le adivinan el pensamiento convirtieron a los miles de estudiantes de toda Venezuela en "agentes de la CIA". Parafraseando a los ingleses podría afirmarse que la CIA no había tenido tanto éxito en ninguna otra parte. En suma, este es un país perdido, y los 4.500.000 venezolanos que votaron No son unos caballos de Troya que ocultan los dólares con que Washington nos compra.

De modo que George W. Bush es un vencedor, y podría venir, por tanto, a reclamar lo suyo. Al fin encontró un lugar bajo el sol donde recibir consuelo en el ocaso. No liberó a Irak, pero liberó a Venezuela.

¡Una genialidad! Ironías inglesas aparte, The Economist, como otros órganos internacionales, apuntaron al fondo de las reformas.

En esta, como en tantas otras cuestiones, el señor Chávez se equivocó, anota, y agrega: "La reforma constitucional no fue en absoluto sobre Bush. Fue sobre hasta dónde la rica Venezuela petrolera continuaría siendo una democracia o adoptaría lo que era sustancialmente una nueva Constitución de carácter casi totalitario, que le habría permitido al señor Chávez erigirse en presidente de por vida. Su derrota fue estrecha (apenas 1,4%), pero profunda en importancia.

Con casi seguridad, es como el heraldo del comienzo del fin de la revolución bolivariana del señor Chávez y su influencia en América Latina". El análisis del semanario va al fondo de la situación venezolana, de las perspectivas y de las complejidades de la realidad.

En cualquier país democrático los resultados del referéndum habrían despejado el panorama. Un Presidente elegido debería reconocer, en primer lugar, que está en el poder por haberse atrevido a concurrir al juego democrático. No obstante, esto no es lo que está ocurriendo. Descalificar la victoria equivale a desconocerla. Visiblemente, el Gobierno quiere alzarse.

Nada diferente implica la promesa (o amenaza) de apelar a "vías populares" para forzar la aprobación de la presidencia vitalicia, la abolición de la propiedad privada a través de "originales" formas, consagrar el manejo discrecional de las reservas, eliminar la relativa autonomía del BCV, anular gobernaciones y alcaldías sometidas al imperio centralista de Miraflores, y crear desde arriba un "poder popular" al cual se le trasferirían los recursos de las regiones.

Los gobernadores elegidos pasarían a ser sombras de los vicepresidentes o sultanes designados por el jefe supremo.

Al Consejo Federal de Gobierno no sólo se le cambiaba el nombre por "Nacional" (un homenaje a Zamora), reducido a entelequia. En los "estados de excepción" el privilegiado sería el Gobierno. Nadie más tendría derechos. Según las disposiciones transitorias, el poder otorgado al Presidente de la República no tenía límites. Quedaba facultado para legislar sobre "la transición hacia el modelo de economía socialista". Se consagraba la "confederación".

¿Con Cuba? El Gobierno quedaba facultado para expropiar industrias. ¿Quién duda ahora del porqué de la derrota? Así nos convertimos en el país de George W. Bush. ¡Afortunadamente no es un presidente vitalicio!
 





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