Un parao a la intolerancia

Por Venezuela Real - 16 de Diciembre, 2007, 8:59, Categoría: Política Nacional

Víctor Maldonado C.
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16 de diciembre de 2007

Todos los venezolanos observamos con asombro que la reacción política a los resultados del 2 de diciembre haya estado revestida de tanta intolerancia. El primero en abrir el juego fue el Presidente de Venezuela, quien ante la invitación al diálogo sobre el futuro del país manifestó que no está dispuesto a una reconciliación "con el pasado". "Con el pasado aquí no hay reconciliación. Con el Pacto de Punto Fijo aquí no hay reconciliación, seguiremos diciendo, y cada día con más fuerza, patria, socialismo o la muerte" (Agencia Ansa). Luego, ministros y colaboradores han profundizado las diferencias, hasta llegar a las afirmaciones del ministro Carreño en las que aseguró que "no puede haber una reconciliación posible, porque la verdadera reconciliación venía establecida en la propuesta de reforma constitucional, esos 69 artículos de transferencia de poder al pueblo".

Analistas políticos de ambos bandos han coincidido en relacionar estos resultados con un juego político intolerante y sectario, que negó sistemáticamente las razones que los otros invocaban para estar en desacuerdo y que en vez de debatir el fondo de las cuestiones, se conformó con proferir insultos y amenazas. La intolerancia ha persistido y marcado los días siguientes a la derrota de la propuesta gubernamental. El cardenal Urosa fue la nueva víctima de la esquina caliente de la Plaza Bolívar; sindicatos de trabajadores de la empresa petrolera denunciaron la persecución de la que fueron objeto los que se abstuvieron de votar; el Presidente reclamó a estados enteros en los que se impuso el No que le deben una, declaró que la victoria del No era una victoria de mierda e incluso aseveró que "el que venga a decirme a mí a estas alturas, después de nueve años, que no fue a votar porque no le llegó la beca a tiempo o que no fue a votar porque no le han arreglado su casa, que no fue a votar porque a su hijo no le han dado una beca en la Universidad Bolivariana, yo prefiero que se pase para la oposición, porque el que diga eso no es un revolucionario, quiero verdaderos revolucionarios y no de pacotilla" (Aporrea.org).

Pero no hay atajos para la construcción de la prosperidad nacional. La trocha de la máxima felicidad dirigida, planificada y centralizada era una trampa en la que no cayó el pueblo, porque sabía que su senda solamente podía conducir al autoritarismo. La intolerancia del pensamiento único sólo produce hombres institucionalmente felices, formalmente alineados, pero que más allá de las consignas, más allá de gritar "patria, socialismo o muerte", prefieren apostar a favor de un presente más perfecto, y no de un futuro promisor que nunca llega. Prefieren que las becas de hoy se las paguen, desean que les arreglen ya la vivienda, que sus hijos puedan estudiar sin perder tiempo, que puedan acceder a leche, sardina, granos, carne, pernil y papel toilet te, sin tener que desvanecerse en largas colas los fines de semana. Y sobre todo, desean que no los maten, ni de hambre, ni por violencia.

Pero para el intolerante, para aquel que no desea la reconciliación, que no quiere dialogar para resolver los problemas, que se niega a perder, que siempre cede "por ahora", esa no puede ser la verdad. La única verdad del intolerante es la suya. Su camino es el único camino, y todos aquellos que piensen distinto están equivocados y por lo tanto merecen ser eliminados. Por eso a la intolerancia hay que darle un frenazo radical y sustituirla por diálogo y acuerdos sociales. No podemos ser tolerantes con la intolerancia.

Escasez sin Navidad Una sociedad política tolerante ve complementos donde los intolerantes sólo pueden ver enfrentamientos. La intolerancia rápidamente produce escasez y pobreza. En el último año el Gobierno intentó sistemáticamente asumir solito el abastecimiento nacional. Lo mismo hizo con los precios de los productos; él solito los fijó. ¿Y qué logró? Que el venezolano ande en un corricorre buscando carne, huevos, azúcar, leche y papel toilette. Ahora es muy fácil decir que la empresa privada es culpable, pero más difícil va a ser que se lo crean. Nadie puede vender por debajo de los costos; esa es una ley de hierro del capitalismo que conviene tanto a Pdvsa como al buhonero. El problema fue que el Gobierno quiso hacer la tarea solo y no pudo. Y no podrá pasar la prueba si sigue intentándolo sin el concurso de la empresa privada.

También resulta que ahora es un delito colocar un arbolito de Navidad o un pesebre en las oficinas públicas. Que en la empresa petrolera la fiesta de Navidad fue prohibida, y a cambio se permitió el "día del encuentro familiar", eso sí, sin señas navideñas. Ante estas señales, el que calla, otorga.

Por allí se empieza, y terminan metiéndose con las minifaldas de las mujeres, la educación de los niños y la religión de las personas. ¿Acaso la máxima felicidad prometida tiene estos requisitos? ¿Tiene esto que ver con la solución final a problemas concretos de desabastecimiento, inseguridad, inflación, desempleo, violencia, escasez y pobreza? ¿Por esta vía se resuelve el déficit habitacional o el de los servicios de salud? ¿O es una pérdida de tiempo, recursos y talento en intromisión y sectarismo?

 ¿SABÍA USTED QUE...
"Nadie traicionó a nadie.
Los tres millones de chavistas que ahora se abstuvieron fueron ganados por el desánimo, la falta de motivación ideológica, la fosilización que se puede ver en los cuadros medios del Psuv, y en muy buena medida –esto conviene no olvidarlo nunca– por la propaganda de la derecha". (Marcelo Colucci. ¿Para dónde va la revolución? En www.aporrea.org)

"La causa principal
de la derrota en Venezuela es el sistema vertical de conducción del proceso bolivariano.
Esto es evidente en sus tres instancias formales, en las cuales el Presidente no tiene contrapeso alguno: el parlamento, el gabinete y el partido". (Heinz Dieterich. Derrota Estratégica en Venezuela. En www.aporrea.org)

"El desabastecimiento,
supuesto o no, jugó un papel preponderante en la decisión del pueblo (escasez de caraotas, leche, aceite, azúcar, gas en bombonas, etc.), esto trae consigo malestar y fatiga en el pueblo".
(Militantes de los batallones Roberto Rincón y Salvador Allende. En www.aporrea.org)








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