Esperanza

Por Venezuela Real - 3 de Enero, 2008, 17:03, Categoría: Cultura e Ideas

LUIS UGALDE
El Nacional
03 de enero de 2008

La esperanza personal y nacional mantuvo vivo a Mandela mientras estuvo preso

La esperanza es lo último que se pierde, decimos, y lo primero que nos mueve. Con ella decimos que la vida no es para la muerte, sino para la vida.

El abrazo de fin de año sella el encuentro de nuestros amores, y nos hace amanecer en el Año Nuevo con la esperanza renovada y la certeza de que el amor es más fuerte que la muerte y el sentido primero y último de la vida.

La esperanza no es una conclusión de la razón humana, ni un hallazgo de la ciencia, sino una evidencia indemostrable del corazón. En los días más oscuros y desalentadores de Nelson Mandela en la larga e inicua cárcel, la esperanza personal y nacional lo mantenía vivo.

En 1979 participé en Cuba en un extraño y excepcional encuentro internacional sobre Cristianismo y Política. Un centenar de participantes (obispos, sacerdotes, laicos cristianos, de diversas iglesias) marxistas y no marxistas de cuatro continentes discutíamos en el Seminario Protestante de Matanzas. Un teólogo brasileño, inteligente y con el sarampión marxista en su fase virulenta (luego se le pasó), defendía que la esperanza cristiana resultaba alienante por relegar a la otra vida las luchas para construir un paraíso terrenal. Saltó como picado de culebra el norteamericano teólogo de la liberación negra James Cone para refutarlo con la experiencia de sus antepasados esclavos: es la esperanza cristiana, expresada en los cantos espirituales la que mantuvo la identidad y la dignidad de los esclavos negros de Estados Unidos durante más de 200 años sin visos de liberación terrena. El espíritu de Jesús en ellos alimentaba la convicción de que su verdad no era el ser esclavos, sino más bien su arrebatada condición de libres y dignos hijos de Dios; lo que mantuvo viva su esperanza y lucha por liberaciones históricas.

La esperanza trascendente se manifiesta y alienta en las esperanzas de cada día: el trabajo, la mejora del rancho, el nacimiento del hijo, la buena escuela para él; llegar a casa con vida y sin que me atraquen, que en Venezuela haya paz, la salud de mi mama...

Esperanza con mayúscula desdoblada en muchas esperanzas cotidianas.

En documento reciente el papa Benedicto XVI interpela con audacia y tremendas preguntas al mundo desarrollado y al cristianismo actual sobre su esperanza, convencido de que está en juego el sentido mismo de esta civilización y con ella el futuro de la humanidad entera. La razón humana con su ciencia y tecnología ha hecho verdaderos prodigios de desarrollo y posibilita nuevos estadios de realización humana, llevando hasta extremos insospechados la eficacia del poder y del hacer; sólo que esos instrumentos por sí mismos no pueden agregar un ápice del amor que la raza humana necesita para vivir, según la razón, en paz y libertad.

Las revoluciones terrenas traen cambios, pero no paraísos. Con su éxito dejan al descubierto su verdadero rostro, tan distinto de su utopía. La Revolución Francesa, al triunfar demostró cuán lejos estaba de ser el reino de la "libertad, igualdad y fraternidad". La Revolución Rusa dejó al desnudo la ilusión marxista de un orden económico que produciría sociedades sin estado, ni religión, con hombres nuevos libres y desalienados.

También la revolución liberal economicista promete la felicidad por el consumo de productos sin límite para satisfacer los deseos infinitos.

Los cristianos afirmamos la razón y la libertad, y buscamos la igualdad y la justicia, que sólo son posibles si el amor las alienta y modela.

La insuficiencia humana del progreso material se descubre cuando éste se vuelve realidad, y la utopía movilizadora hacia la tierra de abundancia sin mal, se vuelve criminal cuando un régimen pretende haberla alcanzado e imponerla para siempre.

La esperanza cristiana asegurada por Jesús, al dar su vida por amor y ser resucitado como salvación para todos, libera a la humanidad de todo otro absoluto, y da convicción y capacidad para usar libremente la tecnología, la razón y la organización política como simples medios (no dioses) para que todos tengan vida.

El amor convierte el poder y la tecnología en servicio.

Para nosotros 2008 es año de fundada esperanza, pues vislumbramos mucha gente responsable que actúa en concreto para hacer realidad la defensa de la vida y los logros de un mañana mejor en democracia social y libertad.








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