Lusinchi II

Por Venezuela Real - 8 de Enero, 2008, 11:33, Categoría: Economía

Robert Bottome
Veneconomía Opina
08 de enero de 2008

A finales de los 80, el Gobierno de Lusinchi alcanzó una ilusión de crecimiento que se basó en un nivel de gastos que superaba los recursos de los que disponía y logró contener las distorsiones, por algún tiempo, a través de los controles de precios y del tipo de cambio. El esquema colapsó en enero de 1989. Sobrevino una maxidevaluación, la inflación se disparó hasta 81% y la economía se contrajo 10%. El Gobierno de Chávez está repitiendo los errores de Lusinchi y todo indica que la economía colapsará en 2008, exactamente igual que en 1989

Las señales de peligro están por todas partes. El crecimiento de la economía se detiene. Las presiones inflacionarias aumentan. Cada vez es más difícil obtener dólares al cambio oficial para pagar las importaciones y el servicio de la deuda

La fiesta está a punto de acabar. El extraordinario auge que Venezuela ha disfrutado durante cuatro años gracias al petróleo se está quedando sin aliento. En cuestión de un año, o dos a lo sumo, la economía estará hundida en una profunda recesión, acompañada por una crisis de Balanza de Pagos, una fuerte devaluación del bolívar y una inflación descomunal.

Igual que en el Gobierno de Jaime Lusinchi de 1984-89, el de Hugo Chávez ha alcanzado una ilusión de crecimiento y prosperidad que se sustenta en un masivo gasto público. Igual que Lusinchi, Chávez ha tratado de contener las distorsiones resultantes a través de controles de precios y de cambio. El Gobierno de Lusinchi también logró “estirar” las reservas internacionales del Banco Central, a través de un procedimiento por el cual se “garantizaba” a los importadores el acceso a dólares al cambio oficial a través de la emisión de “cartas de crédito del Banco Central” con las que el tenedor tenía derecho a cambiar bolívares por dólares al cambio oficial seis meses después de la fecha de emisión de la carta de crédito.

Aunque todos ellos funcionaron, más o menos, por un tiempo, los controles del Gobierno de Lusinchi fracasaron a principios de 1989, desencadenándose una profunda recesión (la economía no petrolera cayó 9,6%), una devaluación masiva (de Bs.7,50:$ y Bs.14,50:$ a Bs.43:$) y una inflación galopante (81%). Es más, el Banco Central no pudo honrar el grueso de las cartas de crédito por un monto de $6,9 millardos que estaban pendientes para ese momento, viéndose muchos negocios forzados a la quiebra.

Podría haber sido peor si no hubiera sido por la rápida aplicación de un programa de ajustes ortodoxo, aprobado por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

 Ahora la historia vuelve a repetirse. La inflación sigue en ascenso mientras las presiones de la oferta y la demanda están ahogando los controles de precios. La Balanza de Pagos está en déficit. Tras casi dos años de relativa estabilidad, el tipo de cambio paralelo casi triplica el oficial de Bs.2.150:$. Las cuentas fiscales del Gobierno cada vez tienen más cifras en rojo. Todo apunta hacia una recesión de gran envergadura en 2008.

El análisis de la situación actual es complicado debido a la grave falta de información confiable. El Gobierno ha publicado estimaciones del presupuesto del gobierno central para este año, pero no ha revelado ninguna información sobre el “presupuesto paralelo”, el cual incluye el gasto de Fonden ($16,5 millardos dentro y fuera de Venezuela, durante 2006-2007) y el “programa de inversión social” de PDVSA ($13,3 millardos sólo en 2006). Sin embargo, existen muchos indicios de que los presupuestos “combinados” se encuentran en graves problemas.

1) Aumento de impuestos:
A partir del 15 de octubre, se aumentaron los impuestos a las ventas de licores (de 10,0% a 20,0%), cerveza (de 8.5,% a 15,0%) y cigarrillos (de 45% a 70%). Más importante aún es que el Gobierno decretó un punitivo Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), el cual es verdaderamente una mina de oro. Está generando hasta Bs.2,0 billones este año y se espera que aporte otros Bs.12,3 billones en 2008. Dado que el 1,5% de impuesto se grava en cada etapa de la cadena de producción y distribución, también es un impuesto altamente inflacionario. Gracias al “efecto cascada”, se anticipa que el 1,5 de ITF aumente costos y, por ende, precios, al menos en 5,0%. Sólo se puede suponer que el Gobierno estaba desesperado por los ingresos adicionales que están generando estos impuestos: los gobiernos normalmente no aumentan impuestos de 4 a 6 semanas antes de una elección.


2) Endeudamiento marcadamente mayor:
La deuda externa del sector público alcanzó un total de $35,2 millardos para el 30 de septiembre, de acuerdo con el Banco Central, una asombrosa cifra de $8,3 millardos (30,8%) para lo que va de año. El sector público se incrementó otros $1,55 millardos durante octubre y noviembre, para un total de $9,85 millones hasta la fecha este año, una cantidad equivalente a casi el doble del déficit proyectado actualmente del gobierno central para 2007.


3) Ventas de activos:
Durante los 12 últimos meses, PDVSA vendió alrededor de $2,0 millardos de activos, incluyendo, entre otros, el 41,2% de participación de Citgo en la refinería Lyondell en Houston, dos pequeñas refinerías en Estados Unidos y las instalaciones de almacenamiento Borco en Bahamas. Con el precio del petróleo marcando máximos históricos, estas ventas son un indicio claro de que en PDVSA y, por consiguiente, en el gobierno central están cortos de dinero.

En pocas palabras, el Gobierno sigue publicando cifras que sugieren que sus cuentas fiscales están en orden, pero sus acciones sugieren otra cosa. En conjunto, los nuevos impuestos, un endeudamiento marcadamente mayor y ventas de activos hacen pensar en un Gobierno que está raspando la olla, que se está esforzando por manejar un déficit fiscal que se está saliendo de control.

Otras variables macroeconómicas apuntan a que el asunto va más allá de una crisis fiscal:

4) Balanza de Pagos:
De acuerdo con el Banco Central, las reservas internacionales del país se encuentran, básicamente, estables, manteniéndose más o menos en equilibrio la entrada y salida de divisas, a pesar de las importaciones récord de más de $42 millardos. Sin embargo, los empresarios se quejan por las cada vez mayores demoras de Cadivi. Conindustria, por ejemplo, estima que el atraso asciende ahora a los $18 millardos. De ser así, se puede inferir que la Balanza de Pagos está registrando un déficit de $18 millardos. Además, PDVSA o la nación tienen que presentarse con varios millardos de dólares para comprar bonos y ajustar las cuentas con los socios de las asociaciones estratégicas y otros que fueron obligados a migrar hacia empresas mixtas.


5) Tipo de cambio:
A Bs.2.150:$, el bolívar está excesivamente sobrevaluado. Las estimaciones de paridad competitiva fluctúan entre Bs.4.000:$ y Bs.7.000:$. En los dos últimos meses, el dólar permuta ha variado entre Bs.5.500:$ y un poco más de Bs.7.000:$. Una brecha tan grande entre el tipo de cambio oficial y el paralelo es una clara señal de que se avecinan problemas.


6) PDVSA:
La estatal petrolera está cada vez está en menor capacidad para generar el dinero que el Gobierno requiere para financiar sus programas de gasto. En parte, se debe a la incapacidad de la compañía para invertir lo suficiente en mantener y aumentar la capacidad de producción. También se debe a que la industria ha sido incapaz de reemplazar los 20.000 gerentes y técnicos excelentemente capacitados
que fueron despedidos porque no estaban comprometidos con la revolución bolivariana. Y, finalmente, también se debe a que el Gobierno de Chávez ha despojado a la mayoría de sus socios extranjeros de la capacidad, y responsabilidad, de operar las instalaciones que esos mismos socios habían establecido durante la década que va desde mediados de los 90 hasta mediados de la década del 2000. De acuerdo con informaciones de la OPEP y de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Venezuela está produciendo en este momento alrededor de 2,4 millones de b/d, lo que significa que PDVSA “perdió” alrededor de 1,8 millones de b/d de capacidad de producción en ocho años, una pérdida que fue compensada sólo parcialmente por los 800.000 b/d de capacidad nueva que activaron las antiguas contratistas de servicios y las asociaciones estratégicas de la Faja Petrolífera del Orinoco. Pero podría ser peor: fuentes de la industria señalan que la producción cayó a 2,1 millones de b/d, es decir alrededor de 300.000 b/d por debajo de las estimaciones de la OPEP y la AIE.

Tomando en conjunto elementos como el déficit fiscal, un tipo de cambio sobrevaluado, un déficit de la Balanza de Pagos y una empresa petrolera estatal cada vez más ineficiente, debería ser obvio que se avecina una crisis de proporciones considerables.

También es evidente que la forma más sencilla para resolver esta crisis es a través de una fuerte devaluación del bolívar: normalmente, una devaluación beneficia a los exportadores (reciben más bolívares por sus dólares) mientras que penaliza a los importadores (tienen que pagar más). En Venezuela, el Estado es el principal beneficiario de una devaluación, pues a él corresponde el grueso de las exportaciones de la nación. Y las ganancias extraordinarias atribuibles a la devaluación son precisamente lo que el Gobierno necesita para aumentar el gasto y financiar el déficit resultante.

Pero una devaluación de esta naturaleza desencadenaría el caos dentro del sector privado, especialmente si, como parece probable, una gran parte del retraso de Cadivi en el otorgamiento de divisas termina siendo liquidada al nuevo tipo de cambio (Bs.4.000:$ o Bs.F.4,00:$). Esta situación sería muy parecida a lo que sucedió con los empresarios en 1989, quienes pagaron los platos rotos cuando el Banco Central no honró alrededor de $6,9 millardos de sus “cartas de crédito”).

Una devaluación también implicaría aumentos de precios. Los controles actuales de precios ya están demostrando que son inútiles pues la mayoría de los bienes de consumo básicos se están vendiendo a más del doble del precio regulado, lo que significa que el impacto de una devaluación probablemente sería transferido rápidamente a los consumidores.

De esta manera, la inflación podría llegar fácilmente a 50%, incluso 75%, este año.

Finalmente, dado que la expansión actual de la economía se ha fundamentado en el consumo y no en la producción, cabría anticipar una fuerte contracción, del orden de 10%, más o menos.
¡Lusinchi II! 





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