Desagravio

Por Venezuela Real - 9 de Enero, 2008, 10:46, Categoría: Política Internacional

ARMANDO COLL
TalCual
09 de enero de 2008

El mejor desagravio que pueda hacerse a los colombianos, tal vez, sea no hablar más del grotesco episodio de Villavicencio. Pero, dado que los que vivimos de este lado del mundo no apartamos la vista de ese lugar en el mapa colombiano durante la última semana de 2007, todavía cabe decir algo también como reclamo de un desagravio para los venezolanos, indignamente representados en la astracanada del Meta.

¿A cuenta de qué tenían que montar tan escandaloso set con un impávido como irresponsable Oliver Stone, que después de quemar tantos metros de película, se creerá que el mundo es así, todo de película? ¿A cuenta de qué el tuerto Kirchner en mitad de la selva colombiana como director de una comparsa de asomados no menos detestables? Pero también cabe preguntarse ¿por qué el gobierno de Álvaro Uribe dejó que tan gigantesca payasada tuviera lugar y motivo en el más trágico conflicto interno que una nación pueda padecer? Sería de ingenuos no sospechar que en la tragedia de Colombia los actores públicos de mayor relevancia no son inocentes. El conflicto se repite de lado y lado con los mismos apellidos. Y será precisamente por eso, porque hay una Colombia íntimamente enmarañada en una sangrienta controversia de inimaginables imbricaciones, que al menos los gobiernos de otros países deban mantener si no aconsejable distancia, prudente diligencia, si es el caso.

Lo que empezó a ojos vista como una operación con excesiva cobertura, con la siempre estridente presencia de Hugo Chávez como centro de atención, entre sonrisas triunfales que ofendían la cuestión tan delicada –uniformado y demás, dándose abrazos con el director hollywoodense– y devino en novelesco suspense; toda esa comedia que usurpó la eficacia que la misión demandaba, ese chiste cruel, debe también disculpas a los venezolanos, por la cuota de dolor que tienen por cercanía y trato directo en medida suficiente con la tragedia al otro lado de la frontera. Y también porque ningún gobernante tiene derecho a disponer de los recursos de la nación para tan imperdonable despropósito.

La verbena anti uribista de Villavicencio no tuvo un final feliz. Una vez más pudo comprobarse que el ruido como política no es la mejor política; esa práctica tan chavista, tan peronista, ese fascismo izquierdoso del megáfono; la superchería del carisma amplificada hasta el paroxismo.

Después de todo, ese camping estrambótico en medio en una de las áreas más amenazadas por las guerrillas de las FARC, no podía entenderse sino como una afrenta, no a Uribe, al que se quería dejar mal parado, sino al estado colombiano, a su institucionalidad y soberanía.

Todavía asombra que una escritora colombiana, Laura Restrepo, le haga ascos a la palabra "terrorista" y matice el caso de las FARC y dé el beneficio de la duda a Hugo Chávez, por no hacerle el juego a la derecha colombiana.

Uribe tendrá sus cosas, pero eso se antoja un tema exclusivo de los colombianos; la bibliografía con la leyenda negra del mandatario neo granadino no es escueta. Pero, esta vez, en medio de una crisis que apuntaba a resquebrajar seriamente su autoridad y gobierno, demostró ser el más sagaz, y su estrategia luce impecable, al menos en este caso de la llamada Operación Emmanuel, de cara a los inicuos procedimientos de Manuel Marulanda, el Mono Jojoy y sus secuaces.






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