Chávez, la película

Por Venezuela Real - 10 de Enero, 2008, 11:05, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

ELIZABETH ARAUJO
TalCual
10 de enero de 2008

Es muy tarde ya para hacer un balance de la apuesta mediática que significó la Operación Emmanuel. De cuanto ocurrió se ha dicho casi todo, y ha sido precisamente el instigador de este reality en la selva quien terminó por acaparar el escándalo y el ridículo. Pero es justo reconocer ahora –con la serenidad que otorga el paso de los días– que quienes seguimos la farsa por televisión podemos afirmar que estamos agradecidos y no hay obligación de devolvernos la plata.

Es verdad que la fecha contribuía poderosamente a garantizar el suspense de la trama. Eran los postreros días del año. Los medios internacionales requerían movilizarse, más por necesidad de ofrecer una historia de Navidad al público que por la ilusión de registrar la inusual cruzada humanista de la cual el presidente Chávez había adquirido los derechos de autor.

La movilización de Caracas a La Fría y de allí a Villavicencio. El vuelo de los helicópteros, la intervención de la Cruz Roja, Piedad Córdoba, los corresponsales, aviones sigilosos rasgando la tarde, un suizo perdido y en camisa sin entender lo que pasaba, aeropuertos fronterizos habilitados y el pobre Kirchner haciendo el papelón de su vida. Nada faltaba. Incluso, un cineasta como Oliver Stone, que representa la conciencia crítica de la sociedad norteamericana, fungía de testigo de excepción. Por lo menos hasta el instante en que ilustró su verdadera condición de fanático postrado ante la imagen del militar fuerte, como gustan soñarlo en el primer mundo cuando arden en deseos de acabar con el poder demoníaco de la Casa Blanca.

Y es allí donde el director de JFK falla. La historia no estaba en la entrega de los rehenes –evento que alguna vez ocurrirá– no tanto porque Uribe tuviese guardado bajo la manga el secreto de la identidad del niño, sino porque resulta evidente que a los secuestradores se les hace difícil desprenderse de aquello que les resulta una garantía de su propia sobrevivencia.

La película –al menos, así lo vimos los telespectadores– era Hugo Chávez. Sus apariciones en uniforme. El gesto de comandante atareado y tuteándose con el misterio, acercándose a los periodistas para soltar frases de "en realidad, yo no debería decir esto, pero..." O "esta etapa comporta un enorme riesgo, por lo que les aconsejo...". En las escuelas de cine le dicen "ley de la tensión dramática". La narración en cine prospera en esos momentos de transición. "El mayor drama reside en esos instantes en los que nada pasa", decía Hitchcock. Y como la mirada en el cine es plural, fértil para la imaginación, bastaba con alargar el suspenso para que la ficción desbordara la realidad.

Lástima que Oliver Stone sea tan buen director de películas y no lo haya comprendido. Lástima que los padres del Presidente hayan decidido un día internarlo en la Academia Militar sin haberle mostrado la magia del cine.






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