Liberación anunciada - Fin de fiesta

Por Venezuela Real - 10 de Enero, 2008, 10:31, Categoría: Derechos Humanos

El Editorial
El Nacional
10 de enero de 2008

Como todo el mundo esperaba, el presidente colombiano, Álvaro Uribe, dio puerta franca para que se llevara a cabo el "operativo" destinado a darle libertad a las dos mujeres secuestradas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Clara Rojas y Consuelo González. La aprobación ocurrió luego que el mandatario venezolano anunciara, muy orondo, que la organización guerrillera había, por fin, suministrado las famosas coordenadas para ubicar a las dos rehenes.

Desde luego que todo es fiesta y alegría, como tiene que ser el hecho de que dos mujeres inocentes recobren la libertad que, injustamente, perdieron por culpa de las prácticas malsanas de la guerrilla que comanda Marulanda. No ha sido un camino fácil, como bien lo ha entendido la opinión pública mundial, sino un largo proceso de negociaciones, precedido de engaños, de falsas promesas y de shows muy crueles, porque le hicieron creer a las víctimas y a sus familiares que todo estaba arreglado para un final feliz.

No fue así, porque el acto de la liberación de las dos mujeres y el hijo de una de ellas, Emmanuel, tenía un tufo de show, de aprovechamiento del sufrimiento de humano y de la utilización de la tragedia de una gente desesperada para obtener beneficios políticos. Si de algo sirvió la intervención del presidente Chávez en todo esto fue para conocer su verdadera condición humana, su uso pragmático del dolor de los demás y su capacidad de hundir sus sentimientos con tal de lograr algunos beneficios políticos para su deteriorada imagen.

Esa es la dolorosa verdad y es lo que provoca una indignación sin límites y una decepción abismal, porque nadie debe ni puede disponer del dolor humano para acaudalar simpatías hacia particular molino. Estamos hablando de seres humanos, de dos mujeres apartadas de sus familiares, de gente que no podía enviar una carta, un mensaje o una simple foto a su parentela. Este secuestro comunicacional no es más que una tortura extra, aplicada sin remordimientos, a la privación de la libertad de un par de mujeres que jamás empuñaron las armas para combatir a las FARC.

¿Por qué se les castiga? ¿Cuál es la gran factura que se les pasa? ¿No ser partidarias de la guerrilla? Lo cierto es que la gran mayoría de Colombia no comulga con las iniciativas de las guerrillas, desaprueba los secuestros y desea la paz. ¿Acaso Marulanda ha pensado que su proyecto rudimentario y campesino ha ido perdiendo vigencia? Los colombianos de hoy se deben a un proyecto de modernidad que tiene como norte el funcionamiento industrial de sus ciudades y el impulso de sus actividades agropecuarias en sus provincias. ¿Qué de excitante puede aportar a este modelo las antiguallas propuestas por las FARC para transformar a las relaciones de poder en Colombia? Que las FARC entreguen hoy a las dos mujeres que tienen en su poder no sólo confirma que jugaron al póquer con la vida de seres humanos, que engañaron a los jugadores y que, finalmente, tiraron a la mesa sus cartas perversas. Mala jugada.





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