La selva quedó atrás - Bienvenidas

Por Venezuela Real - 11 de Enero, 2008, 10:25, Categoría: Derechos Humanos

El Editorial
El Nacional
11 de enero de 2008

Finalmente, ayer terminó la ordalía de seis años de penalidades de Clara Rojas y Consuelo González, ciudadanas colombianas secuestradas por las bolivarianas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Aparecieron discretamente mejoradas, no como estaban en la selva.

Allá debieron tener un trato similar al descrito por Ingrid Betancourt en su dramática carta. Bienvenidas Clara y Consuelo a la vida y a la civilización, a la libertad, a la familia y a su país. Son mujeres de gran coraje, como lo demostraron durante el largo cautiverio en las montañas, sometidas a condiciones muy duras, al trato inhumano y al castigo de la violencia ejercida por una organización que perdió hace tiempo sus principios políticos.

Lo primero que se les apreció mientras eran entregadas fueron las sonrisas de la libertad, el reencuentro con la vida, el renacimiento de las esperanzas. La mejor noticia que recibió Clara Rojas fue la de que su hijo Emmanuel estaba en buenas manos, rescatado, por obra de la Providencia, de los guerrilleros que se lo quitaron y entregaron a un desconocido en San José de Guaviare. Que gracias al Instituto Colombiano de Protección de la Familia, durante estos años fue operado, cuidado y tratado con afecto. No es poca la suerte de Clara Rojas: vuelve a la libertad y recupera a la vez a su hijo, al cual seguramente dio por perdido en tantos años de incertidumbre. Cuando la ex congresista Consuelo González entre a su casa de Bogotá sentirá un terrible vacío: su esposo murió mientras ella estaba en cautiverio. Encuentra a sus dos hijas casadas y a una nieta. Para ambas, Clara y Consuelo, la libertad es incompleta, fragmentaria, porque dejan en cautiverio a compañeras y compañeros de infortunio como Ingrid Betancourt.

No se sabe qué esperan las FARC para liberar a la ex candidata presidencial. Quizás pretendan convertir a cada liberado en un acontecimiento publicitario. El mundo condena de manera unánime la táctica o el negocio de los secuestros. Comerciar con seres humanos es una de las grandes perversiones de nuestra época. Las FARC (y los amigos que tienen en Miraflores las FARC) no deben llamarse a engaño.

Ayer concluyó de manera feliz un rescate diferente a la Operación "Show Emmanuel". Se llevó a cabo como debía ocurrir, con discreción y seguridad, sobre todo para las liberadas. No hubo en la parafernalia los equívocos que frustraron el primer intento. Las FARC al fin honraron la promesa que le hicieron al Presidente de Venezuela, "como un desagravio". Si van a liberar a los secuestrados como "desagravios" o como cumplidos, mal futuro les espera.

El presidente Chávez se empeñó en el rescate de estas secuestradas. Al final y, sean cuales fueren las consideraciones subjetivas que puedan hacerse, pegó una entre tantos fracasos. Ahora debe hacer una condena franca contra los secuestros, y cooperar sin los excesos de un locutor de televisión en la libertad de quienes, venezolanos o colombianos, padecen esta plaga del siglo XXI.





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