Nuestra cultura política es esencialmente reformista

Por Venezuela Real - 19 de Enero, 2008, 13:22, Categoría: Cultura e Ideas

GERMAN LUGO
El Nacional
19 de enero de 2008

El material que a continuación se presenta es apenas una muestra de una rica conversación que transcurrió por distintos aspectos de la posible cultura política que se habría conformado en Venezuela, desde el 23 de enero de 1958 a esta fecha. La reflexión proviene de las voces de Alonso Moleiro, Ángel Oropeza y Tomás Straka Equipo de Papel Literario

¿Se conformó algún tipo específico de cultura política democrática en los 50 años de democracia? ¿De existir, qué elementos la conforman?

Tomás Straka:
Una de las cosas que me sorprendieron de los resultados del 2 de diciembre, cuando uno coteja los comentarios de personas que son electores naturales del chavismo, y que apunta a una respuesta potencialmente afirmativa sobre la creación de una cultura política democrática, es el inmenso desprestigio que tuvo la idea de la reelección continua. No esperaba encontrarme tal oposición a esto. Eso pareciera demostrar que hay una convicción de que la sociedad venezolana no está dispuesta a calarse a otro Juan Vicente Gómez, a otro dictador o como quieran llamarlo, que pretenda morirse en una cama gobernando. Eso, creo, es un cambio interesante.


De hecho, y a las pruebas me remito, la sociedad venezolana soportó a Gómez bastante bien, con bastante pasividad. Gómez se mantuvo porque siempre logró un buen consenso. Nadie se mantiene tanto tiempo sin consenso. Ver esto a la vuelta de 50, 60 o 70 años nos permite decir que ha surgido en Venezuela una idea sólida a favor de la alternabilidad. También hay algo interesante, que escuché en estos días: si los resultados del 2 de diciembre fueron un triunfo de la oposición o una derrota del chavismo y alguien dijo: no, eso fue un triunfo de Betancourt. La gente está con Chávez por un pluralismo de Estado, por una cierta redistribución, pero si se mueve un poco a la izquierda, ya la gente deja de estar con él, mientras que si se mueve un poco más a la derecha, tampoco está con él. Parece que le ocurrió lo que a Carlos Andrés en el 89. Creo que hay elementos que le hacían pensar a Carlos Andrés que su popularidad era suficiente para lanzarse en otra dirección y la gente tampoco lo acompañó. La gente parece haberse identificado con un conjunto de valores que tuvieron su expresión más notable en los 40 años que van del 58 al 98.

Ángel Oropeza: Este último comentario de Straka está corroborado, según varios estudios. Si decidimos utilizar esa tipología ya caduca de izquierda, derecha y centro, todos los estudios arrojan que el venezolano promedio está en el centro.

El venezolano promedio es básicamente un sujeto reformista. Es el tipo que rechaza los cambios radicales, quiere cambios, pero cambios graduales.

Recordemos que socialismo para el venezolano significa programas sociales y solidaridad, sin embargo, el concepto "socialismo", tal como es entendido en la izquierda, no está muy bien desarrollado en el venezolano. Definitivamente, sí se formó una cultura política en los 50 años. No podría ser de otra manera, porque el concepto de cultura política, aunque todos sepamos lo que significa, el más sencillo sería la suma de todo lo que son las actitudes, las creencias, las percepciones, la forma de entender lo político en una colectividad y eso, por supuesto, se nutre mucho del entorno o contexto. En los 50 años se formó una cultura política, lo que pasa es que tiene ciertas características que la hacen difícil de definir.

La primera característica es que es cambiante, tiene elementos que permanecen, pero tiene otros que cambian en el tiempo; no es una cultura política fija, inmanente. Otra característica, que es preciosa, es que tiene en su seno elementos contradictorios o aparentemente paradójicos, que tampoco pueden ser distintos porque si nos ponemos a ver, nuestra propia cultura política y nuestra cultura en general es paradójica. Esto se explica, de alguna forma, porque el venezolano es un individuo al que le encanta la libertad, pero al mismo tiempo le encanta una mano dura, que le impongan las cosas. Para terminar diría que sí se formo una cultura política en los 50 años, lo que pasa es que es cambiante y en su seno contradictoria.

Alonso Moleiro:
Yo sí creo que hay una cultura política democrática acentuada, pero no es uniforme. El comportamiento venezolano sigue teniendo fallas estructurales con respecto a la cultura democrática, pero desde el año 1958 hasta hoy, ella se ha conformado.

El fracaso del proyecto de Chávez el 2 de diciembre lo que hizo fue tropezar con el salto político que se gestó el 23 de enero de 1958. Creo que el 23 de Enero está encaminado a convertirse en una fecha, sonaría ridículo decir que en una fecha patria, que vamos a celebrar toda la vida. Es el momento en el cual el venezolano probó la libertad política por primera vez en su historia.

He dicho muchas veces que el año 58 es el año más libre en la historia de Venezuela: hay pluralismo político, respeto a la disidencia y a la valoración de la propiedad privada, conquistas a las que el venezolano no va a renunciar. En aquel momento la izquierda sentía que la democracia era un paso y que el paso siguiente era hacer la revolución bajo una visión marxista que, con el tiempo, nos permitió darnos cuenta de que ese camino era una calle ciega. Luego Chávez logra llegar al poder interpretando las ansias reformistas y el espíritu que llamaría de centro-izquierda. Por eso, aquel discurso inicial era muy distinto del actual, que empieza a encontrar dificultades en la medida en que comienza a introducir categorías que la gente no conoce. Incluso, en algún momento intentó no celebrar el 23 de Enero.

Chávez decía que para qué íbamos a celebrar, que era el día del Pacto de Punto Fijo. Creo que el 23 de Enero es un gran aporte de una generación de venezolanos, civiles y militares, que se echaron al hombro una resistencia y lograron un triunfo histórico. Esta ha sido una de las contadas ocasiones para construir un camino civil.

ÁO:
Quiero comentar lo que dijo Moleiro con respecto a la intención de reescribir la historia por parte del chavismo, con fines de relegitimación. Realmente en todos los libros, sobre todo en los libros que se escriben sobre el caso venezolano y latinoamericano, el Pacto de Punto Fijo sigue siendo todavía hoy considerado como una solución notable de ingeniería política, y sorprende mucho la contradicción entre lo que le reconocen muchos estudiosos sobre América Latina, y lo que intentó hacer el chavismo. Es bueno recordar, porque hay gente joven que no lo recuerda, que lo que sucedió con el Pacto de Punto Fijo fue un intento exitoso de hacer un modelo de gobierno que podía combinar al mismo tiempo, los dos imperativos de política que son: por una parte, privilegiar la acumulación para el surgimiento económico, y, por el otro lado, la necesidad de distribuir con fines de legitimación social. Eso en América Latina siempre se resolvía privilegiando a una por encima de la otra, o acumulabas y sacrificabas la distribución, o distribuías y te quedabas sin acumulación y entonces fracasabas. El Pacto de Punto Fijo fue montado sobre esas dos columnas que son una venta petrolera y una alianza política muy inteligente. Estas dos columnas se proponían apostar a un modelo que acumula y distribuye, lo que te permite hacer una transición modernizadora sin mayores conflictos sociales, salvo los movimientos de izquierda de los 60. Venezuela fue, gracias al modelo de Punto Fijo, una excepción a lo que era la corriente política en el Continente.

Estas dos categorías de `lo cambiante’ y `lo contradictorio’ ¿podrían estar asociadas con `lo mestizo’ que está en el corazón de la cultura venezolana?

TS:
Cambio y permanencia, ese es uno de los temas fundamentales de la historia: qué tanto cambia y qué se queda. Pero el tema del mestizaje es un tema que no podemos soslayar para entender a Venezuela.

Se puede identificar una prehistoria en la vida democrática venezolana, la democracia que emerge en la década de los 30 y que finalmente se convierte en un sistema dominante a partir de mediados del siglo XX, y que es el inmenso esfuerzo que representó fundar una República con ideas liberales sobre la base de una sociedad con características esclavistas y tremendamente mestiza. El problema de la igualdad, por ejemplo, el problema de conciliar la República y el liberalismo como una compuerta que permite el ascenso social, es un problema sobre el cual tuvieron que tomar nota los fundadores de la República de Venezuela en el siglo XIX.

Cuando se identifican las grandes banderas del partido liberal, las grandes banderas que luego recoge Guzmán Blanco sobre la idea de la revolución liberal, que proclamaba la oportunidad para que todos pudiesemos instruirnos, y para que todos, de acuerdo a nuestras posibilidades, pudiesemos progresar, estas son ideas que ya están presentes en el siglo XIX y que se formularon como una urgencia de nuestra sociedad.

¿Qué lugar ha ocupado la violencia en la democracia venezolana?

TS:

En Venezuela la violencia siempre ha estado presente. De hecho, una de las cosas que más marcó a los pensadores del siglo XIX son ciertos valores que decían, por ejemplo, aquí se acabó la ciudad y, más allá de ella, fuera de la ciudad, estamos en manos de lobos feroces.

Picón Salas dice en 1948 que el problema en Venezuela es la vigencia del `guapo y valiente’, la valentía como valor fundamental de promoción social. Ejemplo de esto son José Antonio Páez, Negro Primero, Lorenzo Silva, Julián Castro, Zamora: son hombres que se estructuran sobre la base de la violencia y en una sociedad donde la práctica de la violencia era activa. Habría que consultarle a algún politólogo hasta qué punto la violencia planteada en términos delincuenciales, no es expresión de una forma de entender y de resolver las cosas, o expresión de una manera de drenar conflictos que está presente en esta sociedad y se relaciona con aquella violencia política.

De hecho, una de las cosas que me hace ver de forma altamente positiva el Pacto de Punto Fijo, son las normas de convivencia esencialmente cívicas que lograron imponer.

AM: Tales fueron esas normas que impuso el Pacto de Punto Fijo, que ellas garantizaron que Hugo Chávez pudiera llegar al poder. El siglo XX venezolano es un siglo sin guerras, eso es una muestra indiscutible de un aprendizaje que esta inscrito en la sociedad.

ÁO: Coincido con Moleiro y Straka: la democracia venezolana, cuando uno se refiere a ella desde el 58 hasta nuestros días, puede observar cierto tipo de dique de contención, no total, a lo que es una especie de cultura que privilegia la violencia. Sin embargo, nuestras referencias históricas están asentadas en la violencia. Pero lo que está ocurriendo hoy en día es una ideologización fascista de la violencia como forma de participación política.

Aquí, desde el discurso presidencial se refuerza la violencia como forma de ascenso y participación política. De hecho, históricamente Chávez es el primer presidente, al menos del siglo XX, que amenaza a una población con una gue "El 23 de Enero es un gran aporte de una generación de venezolanos, civiles y militares (...) Esta ha sido una de las contadas ocasiones para construir un camino civil" afirmación proviene de datos certeros.

Evidentemente, eso está en la línea contraria a lo que los gobiernos desde el año 58 intentaron hacer. Existe en el venezolano una marcada tendencia a preferir y apoyar el consenso por encima del conflicto. No obstante, existe el apoyo difuso que es un apoyo a la idea, y el apoyo específico que es un apoyo concreto. En Venezuela hay un altísimo apoyo difuso al consenso, pero un apoyo específico muy alto al conflicto, porque no queda más remedio, dada la mediación de la variable desconfianza. Esa desconfianza en Venezuela es un valor cultural saliente y hasta que no logremos resolverlo vamos a estar cojeando a nivel de comportamiento político.

Otro tema de alta vigencia en nuestra democracia ha sido el de los intercambios reales o simbólicos entre el poder y los electores, el apoyo a candidatos o gobernantes basados en beneficios de diversa naturaleza. ¿Este `modelo de intercambios’ tiene antecedentes en el siglo XIX? TS: Esa sensación de sentirse incorporado, atendido, protagonista, está asociado a todas las fórmulas caudillistas. Ahora bien, surge la interrogante de por qué en Venezuela hay tantas guerras durante el siglo XIX.

Por mil motivos, pero hubo al menos dos que hay que tomar en cuenta: primero, era un buen negocio; segundo, era una posibilidad de ascender socialmente.

Hay un cuento de Mariano Picón Salas "La marcha de los batracios", que trata de un muchacho que se mete en una aventura contra Gómez y hay dos o tres temas en la historia que son muy emblemáticos, y uno de ellos es sentir lo sabroso que es alzarse, sentirse protagonista, recordar la emoción de haber sido parte de un momento histórico. Creo que de alguna forma este mecanismo se perfeccionó con el tiempo.

Para cerrar, quisieramos que abordaran el tema militar.¿Qué ha pasado con los militares del 58 hasta nuestros días?

TS: Cuando se hablaba del modelo de reconciliación, uno de los elementos que entraba en esa conciliación eran las Fuerzas Armadas Nacionales. Dentro de ese proyecto de conciliación entraron los empresarios, los medios de comunicación, la Iglesia, las Fuerzas Armadas, los sindicatos.


Cuando los partidos políticos se disuelven y colapsan a finales de la década de los 90, los otros actores siguieron estando allí, pero ya no tenían forma de vincularse u organizarse, y sucede entonces que otros actores ganan una gran autoridad. Pienso que de alguna forma, esto es lo que pasó con los medios de comunicación, que ocuparon espacios en lo político, y es lo que también pasó con los militares. Hay quienes han estudiado el tema de los militares con detenimiento y concluyen que mantienen un mismo hilo: siempre los militares tienen el poder, siempre se le han asignado responsabilidades específicas como el tema de fronteras. Obviamente que los militares tienen un gran protagonismo y en la memoria histórica todos los héroes de la patria, o en su mayoría, han sido militares. Con Chávez, los militares, que siempre habían estado un poco apartados, vuelven a tener un gran protagonismo. Y eso me lleva a concluir que Chávez ha retomado algunas formas esenciales de Pérez Jiménez.

AM: En el libro de Manuel Caballero que se llama Las crisis de la Venezuela contemporánea, él propone una proyección: el año 28 es la primera gesta cívica, el regreso a la política; el año 36 es el del fin del miedo; el año 45 constituye el ingreso del pueblo a la política; el año 58 representa el regreso de los militares a los cuarteles; en el año 83, con el viernes negro, se rompe el consenso económico; en el año 92 ocurre la explosión del desencanto; y el año 98 es el regreso de los militares a la política en un contexto civil, plural, precariamente democrático o parcialmente democrático, pero sucede que este es un gobierno de militares. Y ese tema de la convivencia cívico-militar, que parecía tan consolidado, me parece que está ahora en entredicho.

ÁO: Sumemos al comentario de Moleiro la tesis de German Carrera Damas sobre el pueblo parricida, que es una forma en donde el chavismo, no Chávez, logra vender una historia de Venezuela según la cual la famosa IV República va de 1830 (la muerte de Simón Bolívar) hasta 1998 (la llegada de su hijo, Chávez).

De alguna manera intentan convencernos de que sufrimos durante 170 años de una época de atrasos, y ese es el castigo divino por el pecado del pueblo parricida. En el año 30 el pueblo mata al padre (Bolívar), entonces el castigo de Dios frente a ese pecado del parricidio es 180 años de oscurantismo y atraso, es la IV República. La única manera de redimir el pecado es con el regreso al poder del hijo del padre que es Chávez. Mucha gente repite esto de la IV y V República sin detenerse a ver por qué, y detrás de esta clasificación está la justificación del retorno militar.

La época civil fue una degradación. La única manera de ser un país decente es volver al proyecto original, al que Bolívar no pudo porque el pueblo lo asesinó, asesinó su proyecto y hay que volver al modelo bolivariano o militar. Eso tiene que ver con la presencia del militar, de la mano dura. El pensamiento imperante en la sociedad venezolana es que se hace necesario poner orden y sólo saldrá a través de un militar en el poder, esa es una de las razones por la que parte de la clase media de oposición votó por Chávez en 1998.





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