¿Fue en verdad buena idea la Independencia de América? (I)

Por Venezuela Real - 21 de Enero, 2008, 11:27, Categoría: Cultura e Ideas

Ibsen Martínez
TalCual
21 de enero de 2008

A fines del año pasado, un alto ejecutivo de una de las más grandes e importantes editoriales españolas me dijo en el curso de un almuerzo que los libros más vendidos en España durante la temporada navideña habían sido el enésimo best seller de Ken Follet y la última entrega del prolífico Arturo Pérez-Reverte: Un Día de Cólera. Con notable ventaja para este último.

Por una vez, el protagonista de un libro de Pérez-Reverte no es el arrojado Capitán Alatriste, sino un héroe colectivo: el pueblo de Madrid. La acción se sitúa en diversos lugares de España durante los sangrientos sucesos ocurridos el 2 de mayo de 1808. Pronto hará de todo ello doscientos años que, al menos la comunidad de Madrid, se apresta a conmemorar por todo lo alto.

Como se sabe, o debería saberse, a principios de aquel año la familia real española, formada en conjunto por las de Carlos IV y la de su hijo, el tristemente célebre Fernando VII, fue sometida a cautiverio al cabo de sucesos todavía hoy muy controvertidos.

Para el momento de su "retención" –como hoy llamarían a aquel vulgar secuestro los facinerosos de las FARC–, el rey Carlos IV ya había sido forzado por sus cortesanos a abdicar en favor de su hijo, don Fernando. El captor de ambos fue ni más ni menos que Napoleón Bonaparte, quien, desplegando por toda la península ibérica un ejército de más de 75.000 de sus mejores hombres, forzó a su vez la abdicación de Fernando VII a favor de José, el hermano dipsómano de Bonaparte a quien, por darle algún nombre, el pueblo español dio en llamar "Pepe Botella".

El pueblo español, entre el que para los fines de la época hay también que contar a buena parte de la nobleza, se alzó encolerizado contra los inopinados usurpadores franceses y se empeñó en una desigual y sangrienta guerra de desgaste –una guerra "asimétrica", como dirían Raúl Baduel o Müller Rojas– que habría de durar seis años.

Los anales españoles designan aquella contienda como "Guerra de Independencia". Aquella guerra hubo de legar a la historia de las palabras que hoy usamos sin pensar en su origen la voz "guerrilla", que entonces nombraba las innúmeras partidas de irregulares que acosaban sin cuartel a las guarniciones francesas.

Llegado el momento, Gran Bretaña vino a brindar músculo y organización militar a las tropas leales españolas, pero lo que en definitiva derrotó a los franceses en toda la línea, haciéndolos desistir en el propósito de sojuzgar España, fue el singular denuedo de las guerrillas.

Se admite que las primeras acciones de resistencia se dieron el 2 de mayo de 1808, en las inmediaciones de la Puerta del Sol madrileña, donde una pequeña unidad de artilleros españoles se puso al frente de la insurrección popular callejera causando muchas bajas a un nutrido contingente de tropas francesas que los superaba en número.

Se calcula que sólo en aquella jornada madrileña los franceses perdieron no menos de 2.000 hombres y los insumisos españoles apenas algo más de 300.

La retaliación francesa no se hizo esperar cuando Murat, el jefe invasor, hizo entonces fusilar a todos los prisioneros civiles o militares que hubiesen caído en manos francesas. Testigo de esos fusilamientos fue Goya, quien nos dejó vívidas imágenes de aquella tropelía.

¿Por qué trasteo hoy lunes con una rodaja de historia española? Ah, porque desde siempre, desde que éramos chamos, se nos ha dicho que los Motines de Aranjuez, el secuestro de Bayona, la invasión francesa, etc, estuvieron entre los motivos digamos remotos de los movimientos independentistas en la América Española.

En efecto, en la propia España, en las zonas en un principio no ocupadas por los bonapartistas, se formaron de inmediato todo tipo de juntas leales a Fernando VII con el fin de coordinar las acciones de resistencia en miras a su restitución en el trono. No es sumarizar burdamente las cosas decir que, más o menos esa misma reacción se registró en toda la América por entonces llamada española.

Sólo que, a pesar de que el patrón original se centró en la defensa de los derechos de Fernando VII, las facciones más radicales de las juntas de México, Bogotá, Lima, La Habana, Buenos Aires, Santiago de Chile o Caracas lograron imponerle al fin un tumbao más bien independentista a la vaina.

En muchos casos, y juzgando oportuna la situación política y militar de la Península, los juntistas de este lado del charco se mostraron poco a poco más propensos a ser "autonomistas", primero como quien no quiere la cosa, para terminar luego dejándose de vainas y convertirse, desembozadamente, en juntas independentistas.

Es así como puede decirse que una consecuencia no deseada de la Guerra de Independencia española fue la independencia de nuestras naciones. Hasta aquí no he hecho sino glosar lo que nos contaron en primaria y bachillerato, pero si algo he aprendido desde que me gano la vida escribiendo en la prensa es que no debe uno dar nada por sabido.

Adviértase, entonces, que vengo hablando de un proceso independentista que, continentalmente hablando, consumió casi 30 años, si lo acotamos entre 1808 y 1825 y este último hecho –el haber durado más de treinta años– sí que es algo que no solemos tener presente.

Y que en el curso de esos años pasó absolutamente de todo. Tantas cosas pasaron que hoy día no hay consenso académico acerca de cómo fue que, en definitiva, se concretaron las independencias hispanoamericanas.

Lo dicho nada tiene que ver con los disparates con que Hugo Chávez y su cohorte de obsecuentes historiadores han querido doblar y retorcer los hechos para acomodarlos al uso político del pasado a que son tan propensos. Me refiero a desternillantes supercherías tales como la negritud de un Bolívar nacido en Capaya o su "asesinato" a manos de un envenenador infiltrado en Santa Marta por agentes de Santander.

El hecho escueto es que persiste aún el debate acerca de si somos hoy naciones –hay quien no se atreve todavía a llamarnos "repúblicas"– independientes como resultado remoto de fuerzas tales como las Guerras Napoleónicas y la invasión francesa de la antigua metrópoli o si fue todo resultado de dinámicas domésticas que venían actuando "silenciosamente" durante décadas.

Como este año han de comenzar las conmemoraciones a ambos lados del Atlántico, me parece apropiado adelantarse a los desatinos que Chávez y sus "historiadores" no dejarán de intentar propalar para sus protervos fines de interesado "rescate de la historia".

Prometo que la serie que hoy comienzo no pasará de dos entregas.







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