Jefes transnacionales - Guerrillas y soberanía

Por Venezuela Real - 25 de Enero, 2008, 10:53, Categoría: Política Internacional

El Editorial
El Nacional
25 de enero de 2008

Las relaciones con Colombia cada día se ensombrecen más y pareciera que existe un plan predeterminado para que las cosas lleguen a mayores. Desde luego que este jugar con fuego no le hará bien a nadie y mucho menos a los venezolanos que, en ese sentido, hemos tratado de mantener unos cálidos lazos con los colombianos, porque estamos convencidos de que el destino y el esfuerzo común es lo mejor que nos puede pasar. De hecho, nos estaba pasando y las relaciones entre los dos países marchaban viento en popa, y con muy buenas perspectivas para el futuro.

Hoy hemos caído en un bache inesperado y ciertos sectores de los dos países nos quieren empujar a un enfrentamiento que hace mucho tiempo dejamos atrás. Por más que se insulten nuestros gobernantes y políticos, ya es imposible sembrar con éxito entre nosotros un espacio de odio y de pelea. Quien se atreva a proponer eso será visto como un troglodita o un marciano. Colombia y Venezuela han estrechado sus relaciones a una escala ciudadana, comercial, cultural y comunicacional que hace 20 años no hubiéramos imaginado. Nadie puede ni debe intentar romper esa cercanía.

A menudo nos preguntamos cómo era posible que sólo pudiéramos tomar un vuelo diario a Bogotá. Hoy siete vuelos al día no se dan abasto, y si se abren las compuertas y se estimula el intercambio entre nuestras ciudades y nuestras instituciones culturales, los empresarios y los industriales, las organizaciones juveniles y estudiantiles, entonces veremos una integración natural y no forzada como quieren los presidentes y ministros, los burócratas y los oportunistas de oficio.

Si hemos llegado a este nivel de entendimiento por encima de los enfrentamientos políticos y las trabas burocráticas, es porque existe un sentimiento natural de integración que tiende a desarrollarse en la misma medida en que podamos cruzar las fronteras con toda naturalidad. Un esfuerzo más, un restablecimiento sólido de la cordura y la serenidad, es lo que falta en este momento, cuando la tormenta política parece envolverlo todo.

Entre militares y políticos no puede quedar el futuro de dos pueblos que han reiniciado un reconocimiento común largamente postergado por los equívocos de la historia.

Ayer el ministro de la Defensa de Venezuela, general Gustavo Rangel (el especialista en apagar candelitas) le dijo a la prensa internacional (no le declara a los periodistas venezolanos) que es falso que "en territorio nacional transiten libremente al menos tres jefes de las FARC". Bueno, ni la caperucita roja se cree ese cuento y mucho menos los generales tanto de la Guardia Nacional como del Ejército, que saben como se bate el cobre en la sierra de Perijá. A otro perro con ese hueso, porque los informes en las manos de los militares indican todo lo contrario.

Quizás el general Rangel quiera ayudar a su comandante en jefe, pero los venezolanos queremos de nuestros militares algo más que sumisión: exigimos verdades que nos permitan vivir en paz y hermandad con Colombia.





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