Un millón de voces contra las FARC

Por Venezuela Real - 27 de Enero, 2008, 21:01, Categoría: Derechos Humanos

TULIO HERNÁNDEZ
El Nacional
27 de enero de 2008


1.

Pocas veces he presenciado una ciudad tan enteramente sumida en la tristeza como una mañana cuando llegué a Bogotá. El día anterior, de eso deben haber transcurrido cuatro años, la televisión había mostrado a una campesina con un extraño artefacto colocado alrededor de su cuello que rogaba desesperadamente clemencia por su vida a la cúpula de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

La mujer se llamaba Elvia Cortés. El artefacto en el cuello era un "collar bomba", es decir, un collarín de uso terapéutico cargado de explosivos cuyo detonador tenía en sus manos un comando de las FARC. Se lo habían colocado a la víctima por negarse a pagar una extorsión de 15 millones de pesos.

Como se trataba de una familia de pocos recursos, no hubo pago. Tampoco clemencia. Así que hicieron que Elvia Cortés se arrodillara frente a su esposo y cuatro hijos y le explotaron el collar. Los medios habían transmitido la noticia y por dondequiera que uno posaba la mirada en Bogotá conseguía rostros compungidos, ojos enrojecidos, duelo compartido, ante lo que sin duda era una afrenta criminal y un acto de prepotencia más, cometido por el movimiento de insurgencia transmutado en maquinaria del horror.

2.

Desde que comenzó la campaña internacional promovida por el presidente Hugo Chávez para solicitar que a las FARC se les trate como a un Estado dentro de otro Estado y se le suprima el adjetivo de terroristas, el rostro de espanto de aquella señora y el de sus hijos no deja de rebotar en mi memoria. Como tampoco dejo de pensar en el de tantos paisanos tachirenses y sus familiares que han sido víctimas del secuestro o asesinados por las FARC sin tener nada que ver con su conflicto y, en algunos casos, sin haber dispuesto del dinero suficiente para pagar la cifra que los secuestradores habían fijado como el exacto valor monetario de una vida.

No me ubico entre quienes creen que toda insurrección armada es condenable. De hecho, formo parte de una generación que en su tiempo de estudiantes universitarios fue incondicional con la lucha del movimiento armado sandinista para derrocar la dictadura que por décadas había desangrado a Nicaragua. Pero en Nicaragua no había vida democrática, ni elecciones libres y la dinastía somocista nombrada a dedo y fuego era una corte de asesinos probados. No es el caso de Colombia, en donde, efectivamente, hay grandes injusticias que corregir, como en Venezuela, pero hay democracia, los partidos son legales y es posible intentar cambiar el rumbo del país haciendo política. Además, si nos hubiésemos enterado de que el sandinismo instalaba collares con explosivos en el cuello de inocentes, tenía secuestradas a 3.000 personas, colocaba minas antipersonales, se financiaba con el apoyo al narcotráfico y colocaba bombas en lugares públicos, tengo la seguridad de que la mayoría hubiésemos asumido de inmediato una distancia crítica.

3.

Vienen al caso estas reflexiones porque desde el 4 de enero, cuando se supo que las FARC habían vuelto a engañar a su país con los episodios ya conocidos del niño Emmanuel, un grupo de colombianos ha tomado la iniciativa de promover un movimiento cuya meta es lograr 1 millón de voces de protesta contra esa organización guerrillera. El grupo organizado a través de la web, utilizando ese portal en crecimiento conocido como Facebook, se ha convertido en un auténtico fenómeno. Crece a razón de 2.000 usuarios promedio por hora laboral, algo así como 15.000 adherentes por día, lo que ha obligado al movimiento a crear su propio sitio web (www.colombiasoyyo.org). Para el momento en que esta nota aparezca debe haberse llegado a la nada despreciable cifra de 200.000 miembros que se preparan, además, para realizar el lunes 4 de febrero una movilización, simultáneamente en cerca de 100 ciudades de diversos países, a las 12:00 m hora de Colombia, todos portando banderas y franelas blancas bajo un mismo lema: ¡No más secuestros! ¡No más mentiras! ¡No más muertes! ¡No más FARC! Por todas las razones –porque se trata de un país hermano, porque el grupo terrorista también afecta nuestras vidas y porque, aunque nuestro Presidente y su gobierno sean guerreristas, la mayoría de los venezolanos estamos con la paz y el respeto a la vida–, en Venezuela, el lunes 4 deberíamos movilizarnos, no importa si somos pocos o muchos, en cada una de nuestras ciudades. Incluso en las playas, porque será lunes de Carnaval. Hoy por mí, mañana por ti.





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