50 años de democracia después

Por Venezuela Real - 28 de Enero, 2008, 14:01, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
28 de enero de 2008

El 23 de enero la oposición marchó por los presos políticos

La semana pasada se conmemoró medio siglo de democracia en Venezuela; sin duda, una proeza ciudadana nada desdeñable. Pero el hecho, misteriosamente, pasó como por debajo de la mesa. En gran medida porque a Hugo Chávez no debe agradarle para nada recordar el evento, aunque sólo sea por aquello de no nombrar la soga en casa del ahorcado, pero también porque las fuerzas democráticas del país, a lo largo de tantas décadas de apacible ejercicio político, han dejado de lado el compromiso existencial y ético que implica la existencia de un verdadero pensamiento democrático. De esa crisis surgió Chávez y también esta deformación simplificadora del espíritu democrático, que en la práctica lleva a muchos a confundir la democracia con los juegos y las jugarretas electorales.

Lástima, porque la exagerada realidad del país lo obliga a uno a pensar que este 23 de Enero debió celebrarse de otro modo.

Jamás, en el medio siglo transcurrido desde aquel día, Venezuela ha sufrido una crisis como la actual. Crisis política, crisis económica, crisis social, crisis militar, crisis internacional. Vaya, que la nave del Estado, así de simple y terrible, hace agua por todas sus costuras y se va a pique a velocidad de vértigo. Con nosotros a bordo. Entre otras razones, porque Chávez se ha negado a reconocer el verdadero significado de su derrota el pasado 2 de diciembre. No derrota electoral, como él y algunos opositores insisten en señalar, sino derrota política. A manos de su propia gente, un hecho sin precedentes. Derrota política como la de Charles de Gaulle cuando en 1969, para devolverle a su país el equilibrio perdido en las convulsiones contraculturales del llamado Mayo Francés, consultó a los ciudadanos sobre la pertinencia de su proyecto. El No de los franceses tuvo entonces el mismo sentido que el No de los venezolanos ahora. Se diferencian en el hecho de que De Gaulle asumió de inmediato la magnitud y el alcance de aquel fracaso: hizo sus maletas, le entregó el bastón de mando a su sucesor, George Pompidou, y se retiró a su casa.

Quizá, si Chávez hubiera aceptado esa verdad, su derrota le habría dado a Venezuela la oportunidad de recuperar la normalidad por los caminos de la paz. Lamentablemente para la nación, pero también para él, Chávez pretende ser tan eterno e inmaterial como Papa Doc.

No sólo ha ignorado el valor exacto del rotundo rechazo de los venezolanos a su proyecto, sino que descalificó escatológicamente la victoria ciudadana de ese día y, como si él hubiera ganado el referéndum, anunció a los cuatro vientos que si bien por ahora los venezolanos no éramos capaces de entender las bondades infinitas del socialismo a la cubana, él seguiría llevando al país en esa dirección y hacia su meta del poder total. ¿Está usted de acuerdo –dijo que volvería a preguntarle a los venezolanoscon que Chávez sea presidente vitalicio de Venezuela? Mientras, el desabastecimiento alcanza niveles de infamia, la inflación en enero rondará 6%, faltan los recursos para financiar las misiones y, a pesar de los precios ascendentes del petróleo, Pdvsa vuelve a endeudarse, esta vez por más de 16.000 millones de dólares, para cubrir el déficit generado por sus gastos en 2007. La crispación crece, pues, y el malestar llega incluso a los cuarteles. Como si esto fuera poco, Chávez precipitó la crisis con Colombia al darle público apoyo a las FARC. Se agrava el aislamiento internacional de Chávez al tiempo que Álvaro Uribe se consolida en su país y en el resto del mundo y Washington aprovecha la ocasión para estrechar los lazos de su alianza con Colombia y, por supuesto, contra Chávez.

Los generales Raúl Baduel y Carlos Santiago alertan al país enigmáticamente.

En definitiva, nada en el aparato del régimen funciona. Y nada parece estar en condiciones de hacerlo. Peor aún: según las encuestas, por primera vez en todos estos años, la mayoría de los venezolanos ya no le achacan a ministros y funcionarios públicos la responsabilidad del desastre nacional. Se lo atribuyen a Chávez personalmente.

Aunque sólo hubiera sido para esto, para destacar el fracaso de Chávez como político y como gobernante, y para advertirle a él y a sus pocos amigos que los venezolanos desean restaurar la democracia al precio que sea, antes de que sea demasiado tarde, debió haber servido recordar, con la solemnidad del caso, la gesta popular del 23 de Enero. Aunque sólo hubiera sido para eso. Y para evitar males mayores.






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