Corina Yoris: "Los dictadores también sienten miedo"

Por Venezuela Real - 3 de Febrero, 2008, 13:58, Categoría: Cultura e Ideas

GLORIA M. BASTIDAS
El Nacional
03 de febrero de 2008

Para Yoris, la derrota electoral del oficialismo reveló que un sector de la sociedad sintió vulnerados los principios de la democracia
Con un doctorado en Filosofía y otro en Historia, la profesora de la UCAB analiza la relación que existe entre el poder y el miedo. ¿Sienten temor los déspotas que subyugan a los pueblos? Sí, porque pueden ser derrocados.

Recuerda el caso del doctor Francia, dictador de Paraguay que cerró el país para que nadie entrara o saliera sin su consentimiento y que sirvió de modelo a Roa Bastos para escribir su novela Yo el Supremo

Doctora en Historia. Licenciada en Filosofía (cum laude). Licenciada en Letras. Maestría en Literatura Latinoamericana. Profesora de Lógica de la Universidad Católica Andrés Bello. Le falta defender la tesis del doctorado en Filosofía. Más que del siglo XXI, Corina Yoris –de cultura integral– parece arrancada del antiguo mundo griego. Es de estirpe helénica.

Cuando estudiaba bachillerato en el San José de Tarbes, en El Paraíso, vaciló. ¿Ciencias o humanidades? Su personalidad alfanumérica la puso en un dilema. Desde niña mostró una habilidad excepcional para los dígitos. Pero también la palabra poética la cautivaba. Era –y es– una aficionada a la lectura.

"Recuerdo que el primer libro que compré en mi vida, apenas si sabría leer, fue Prosas profanas, de Rubén Darío. Saqué la plata de mi alcancía y con eso le pagué a un vendedor que llegó a mi casa".

Yoris habla desde su cubículo de la UCAB, rodeada de flores, de fotos de gatos y perros, de imágenes de Picasso, de Borges, de Kafka, del Coliseo Romano, de citas en latín. El collage que se ve en su cartelera de corcho es el mismo que tiene en su mente: parece que quisiera atrapar el universo en una mano para que no se le escape.

"Esa dicotomía de que o eres científico o eres humanístico me parece errada. Esos son resabios positivistas terribles".

Finalmente, la joven optó por el sendero humanístico. Pero a los dos días, por las presiones que recibió en el propio colegio (una niña con su elevado coefi ciente debía navegar entre números) se pasó para Ciencias. Y cuando egresó del bachillerato entró a la Universidad Simón Bolívar a estudiar Matemáticas. Ernesto Mayz Vallenilla dio la clase magistral para recibir a los nuevos estudiantes. "Él hablaba del técnico humanista, de un técnico que tenía que ser educado también en el área de las humanidades. Y, de hecho, el plan de estudios de la USB incluye una rama llamada Estudios Generales. Esa inquietud humanística que ya traía me la terminaron de alimentar en la universidad. A eso se sumaron las preguntas filosóficas que me surgieron y cuya respuesta no conseguía en una clase de álgebra o de análisis. ¿Para que sirve un número infinitesimal?.

Un día le digo, con un poco de pena, al profesor Cano, uno de mis maestros, que iba a dejar la carrera de Matemáticas, y él me respondió: `No te sientas mal por eso, porque nosotros tocamos la música pero tú vas a saber de dónde sale la música’. Quise entrar a la Escuela de Filosofía de la UCAB, pero estaba cerrada por problemas internos. Entonces entré en Letras".

–Usted escribió un ensayo en el que analiza la relación que existe entre los gobiernos ilegítimos y el miedo. Su tesis es que no sólo siente miedo la masa sometida a los designios de un dictador, sino que el dictador mismo también suele caer presa del miedo ante la posibilidad de que la masa se rebele
–Un historiador italiano llamado Guglielmo Ferrero (1871-1942) señaló que el gobernante ilegítimo siente miedo porque sabe que ha violado un principio de legitimidad.


En su fuero interno está conciente de ello. Y ese miedo que lo asedia lo lleva a construir un círculo de terror. El teme que esa sociedad a la que él está subyugando se pueda rebelar en algún momento. El gobernante recurre al miedo como una estrategia para someter a la masa. Pero si bien puede ocurrir que el gobernado se deje subyugar, también puede pasar que se subleve contra el gobernante. Y es precisamente por esto que se crea este círculo de terror que vemos en las dictaduras. La masa le teme al dictador, pero el dictador también le teme a la masa porque se sabe ilegítimo. El gobernante, entonces, necesita infundirle miedo al gobernado para que le obedezca.

–¿Cómo se expresa esto en los gobiernos que gozan de legitimidad ?
–La legitimidad es la aceptación por parte del gobernado de que su gobernante ejerce un poder de dominación sobre él.


Puede suceder que un gobierno que, en principio, es ilegítimo termine, con el tiempo, transformándose en legítimo porque el gobernado, al fi nal, lo acepta. Eso es lo que busca el gobernante: que el gobernado termine reconociéndolo. Pero cuando pensamos en regímenes tan crueles como el de Stalin, el de Castro o el de Pinochet entendemos muy bien el miedo que ellos sienten. ¿Cuál es el gran miedo que acosa al dictador? Que lo derroquen.

–¿Un gobierno como el venezolano puede verse forzado a apelar al miedo como un recurso?
–La legitimidad no sólo viene dada por el origen, sino también por el ejercicio. Tú eres legítimo porque el gobernado acepta voluntariamente tu dominación. ¿Qué ocurre? Que este es un gobierno que, salvo en una primera etapa, en la que contó con un elevado respaldo, no ha recibido esa aceptación general, sino que ha sido objeto de mucha resistencia, empezando por el famoso decreto 1.011 y ahora, recientemente, con el revés que sufrió a propósito del referéndum del pasado 2 de diciembre; sin entrar a considerar los porcentajes de apoyo que pueda tener el gobierno podemos decir que no hay una voluntad de dominio de parte de un grueso sector de la sociedad porque siente que se están vulnerando principios y valores fundamentales de la democracia y de lo que ha sido la tradición republicana. Un grupo significativo de la población no acepta este proyecto.

No es que se le opone, sino que no lo acepta. Son dos cosas distintas. El gobernante siente que hay un principio de legitimidad que ha violado porque hay una parte muy grande de la sociedad que no lo está aceptando.

Eso, desde luego, le genera temor. Teme perder su poder sobre el universo de dominados.

Y el miedo que siente le lleva a cometer actos de amedrentamiento. Un ejemplo típico es la lista Tascón. Se apela a una serie de métodos que no son los clásicos del terror –como los de Stalin, Pinochet o Castro– pero cuyo propósito es el mismo: yo te subyugo, tú obedeces.

–¿El 2 de diciembre los venezolanos perdieron el miedo?
–Creo que el miedo no se pierde, se transforma en una fuerza negativa o positiva. El miedo o te inhibe o te lleva a actuar.


El día del referéndum los venezolanos sabían que se estaban jugando los valores democráticos. Porque ese proyecto de reforma chocaba contra su concepción de la libertad. Hay una frase que uno siempre escucha en las marchas: "No tenemos miedo". Esa es una forma de reafirmarte a ti mismo que sigues adelante. Puedes estar temblando, pero te estás dando fuerzas para mantenerte en pie. Y eso sucedió ese día.

Era más fuerte el peligro que se cernía sobre nuestra democracia que el miedo que la gente pudiera sentir. Eso refuerza mi tesis: el miedo que tú tratas de infundirle al gobernado o bien lo subyuga o bien lo rebela. Por supuesto que no todos temen al Gobierno. Hay quienes siguen al Presidente con devoción. El es un líder carismático, y levanta pasiones a favor y en contra. Creo que Chávez no se ha convertido en dictador porque los venezolanos no se lo hemos permitido. El sentido de libertad tan arraigado que tiene este pueblo es más grande del que a veces le reconocemos.

Por ese sentido de libertad que nos caracteriza es que a nosotros no nos han podido poner la bota militar encima.

–En su ensayo menciona un caso curioso, el del doctor Francia, el dictador de Paraguay que ejerció el mando entre 1814 y 1840, y que sirvió de inspiración a Augusto Roa Bastos para escribir su novela Yo el Supremo. ¿Podría hacer un comentario sobre este excéntrico personaje, cuyo miedo a perder el poder llegó al paroxismo?
–La idea de analizar cómo se había plasmado en la literatura, en lo real maravilloso, el miedo al dictador, y el miedo que ellos también sienten, se me ocurrió montada en un avión; y lo más curioso es que no fue la lectura de Yo el Supre mo, que es una obra verdaderamente magistral, la que me dio la pista. La novela que me sirvió de base para mi investigación fue La fiesta del chivo, de Vargas Llosa. Hay una frase de García Márquez que recojo en mi trabajo y que me parece perfecta.

Él dice: "En América Latina y el Caribe los artistas han tenido que inventar muy poco y tal vez su problema ha sido al contrario: hacer creíble su realidad.

Toda nuestra historia, desde el descubrimiento, se ha distinguido por la dificultad de hacerla creer". El doctor Francia ascendió al poder y se declaró a sí mismo dictador perpetuo y salvador de Paraguay. Llegó al extremo de cerrar el país, no podía entrar ni salir nadie sin su consentimiento. Roa Bastos hace una especie de "saqueo" de una historia de Paraguay escrita por un historiador llamado Julio César Chaves y narra los hechos de manera magistral. Un sentimiento como el miedo jamás será retratado en la historia oficial (o real) como es retratado en la ficción. Sí, los dictadores también sienten miedo. Y necesitan hacérselo sentir a los gobernados.









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