La obsesión (anti)imperialista

Por Venezuela Real - 3 de Febrero, 2008, 23:25, Categoría: Política Internacional

ELSA CARDOZO
El Nacional
03 de febrero de 2008

El rechazo al imperialismo o, con otro nombre y apellido, a la hegemonía de Estados Unidos, recorre al mundo como fantasma de otros tiempos. Para los obsesionados, funciona como cristal que encubre, deforma y desorienta.

Lo de la resistencia frente a los imperios tiene larga trayectoria. No nos detengamos en las distancias y diferencias entre los antiguos, los coloniales y los modernos; o en la etapa propiamente imperialista de las décadas finales del siglo XIX e iniciales del XX.

En cambio, busquemos notas relevantes en nuestra propia historia.

Hay referencias tan lejanas y paradójicas como las de la lucha por la emancipación del imperio español. En torno a ese hito, valga anotar que antes de la cruenta y larga guerra –que se pareció más a una guerra civil entre venezolanos que a un enfrentamiento entre éstos y los españoles, como evidencian bien sustentados estudios históricos– la independencia fue intentada entre 1810 y 1811 como un movimiento de transición, es decir, como una transacción con la metrópoli imperial.

Saltemos a mediados del mismo siglo y hasta las primeras décadas del siguiente. Entonces, ante la acumulación de reclamaciones internacionales, las presiones inglesas sobre la frontera oriental, y la guerra hispano-estadounidense, junto con otros muchos movimientos expansivos del poder hemisférico que ya se desplegaba, tuvimos pensadores que – como la de Fermín Toro, o positivista, como en César Zumeta o Pedro Manuel Arcaya– advierten, palabras más palabras menos, sobre la necesidad de una política exterior que cultive alianzas y recursos jurídicos internacionales que protegieran a Venezuela de las ambiciones imperialistas de las potencias.

La cuestión imperialista es reelaborada más adelante en el pensamiento de izquierda de un grupo significativo de integrantes de la generación del 28. Así se lee en 1931 en la referencia a la alianza entre "el capitalismo extranjero y la casta latifundista-caudillista" de "El Plan de Barranquilla".

La transformación hacia una izquierda democrática no abandonará el rechazo a las pretensiones hegemónicas y, como lo expresa varias décadas más tarde el presidente Rómulo Betancourt, las relaciones con Estados Unidos son concebidas "sin sumisión colonialista", pero también "sin desplante provocador".

Desde la democracia cristiana, la formulación del gobierno de Rafael Caldera sobre el bien común universal y la justicia social internacional impulsará, en otro momento geopolítico, una perspectiva más amplia de la cuestión de la desigualdad y la seguridad internacionales.

En un trecho tan largo y diverso, el antiimperialismo "a la venezolana" tiene unos denominadores comunes: la oposición a la injerencia en asuntos domésticos; el rechazo de la coerción, sea por medios militares, económicos o cualesquiera otros, y la condena del irrespeto a principios y normas jurídicas de convivencia internacional.

Esa posición sólo había adquirido carácter obsesivo, rayano en la irresponsabilidad, con Cipriano Castro, entre finales de 1902 y comienzos de1903, bloqueo de buques extranjeros mediante, quepa recordar. Hoy, la obsesión antiimperialista es triplemente riesgosa: por la desmesura de las iniciativas internacionales y nacionales que alienta en son de guerra, por la naturaleza de las alianzas que procura y, especialmente, porque reproduce, cual espejo, rasgos característicos del imperialismo, con el rechazo correspondiente.






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