Chávez, go home

Por Venezuela Real - 10 de Febrero, 2008, 15:48, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

TULIO HERNÁNDEZ
El Nacional
10 de febrero de 2008

A pesar de que sus organizadores habían dejado claramente establecido que la protesta era contra las FARC y no contra Hugo Chávez, muchos colombianos participantes en las jornadas internacionales del lunes 4 de febrero no dejaron de expresar el rechazo creciente al presidente venezolano.

Diversos servicios de noticias internacionales así lo reseñaron. En las calles de Bogotá, Medellín o Cartagena podían contemplarse las pancartas y escucharse las consignas coreadas en su contra.

Entre ellas resaltaba, por la calidad de su dibujo, la típica figura del campesino colombiano ataviado con ruana que, en esta versión, en vez de promover el café señala con el dedo y pronuncia: "Chávez, go home".

La pancarta expresa de manera precisa lo que allí siente la mayoría: que el presidente venezolano está interfi riendo de manera por demás grosera en su confl icto político interno y que, además, no lo hace en calidad de mediador sino pronunciándose abiertamente a favor de uno de los bandos, las FARC, que no cuentan con el respaldo ni siquiera de 2% de la población, y en contra del otro, el Estado, encarnado –más allá de la opinión que nos merezca– por el presidente Álvaro Uribe y su gobierno elegido por mayoría abrumadora del pueblo colombiano.

No hay que ser muy avezado en el tema para saber que la condición primera que debe tener una persona o una institución que se propone realizar una acción efectiva de mediación en un confl icto bélico es que se le perciba como absolutamente neutral, de manera que todos los bandos en pugna tengan confianza en sus gestiones, y así pueda contribuir al acuerdo de paz, fi n último de toda mediación de este tipo.

No ha sido esto precisamente lo que Chávez y su gobierno han puesto en práctica en el confl icto colombiano. Todo lo contrario. Una revisión de las declaraciones de prensa del presidente venezolano puede demostrar la frecuencia e intensidad con la que ha agredido a Álvaro Uribe con los más degradantes califi cativos que pueda proferir un jefe de Estado, incluyendo inaceptables y vergonzosas referencias personales. En cambio, durante ese mismo lapso no encontraremos ni una sola referencia pugnaz en contra de Marulanda o cualquier otro jefe guerrillero, sólo unas tímidas referencias a lo negativo del secuestro, ninguna al uso indiscriminado de bombas en sitios públicos o al reclutamiento de niños, y sí muchas frases elogiosas en referencia a las FARC como "ejército del pueblo".

Por eso Chávez y su gobierno se han ido quedando solos en el escenario internacional en su cruzada por lograr, de parte del Gobierno colombiano, el reconocimiento al grupo guerrillero de la condición de beligerante legítimo, y de los organismos internacionales, la eliminación de las FARC de la lista de organizaciones terroristas.

El aislamiento se produce, de una parte, porque estas tesis no son compartidas por prácticamente ningún gobierno democrático, y de la otra, la razón de fondo, porque luego de las escaramuzas de diciembre ha quedado claro que el interés de Hugo Chávez y su gobierno no es precisamente "humanitario" –lograr que la paz vuelva a Colombia– sino político, fortalecer a las FARC toda vez que el grupo guerrillero ha expresado públicamente su adhesión al proyecto del cual el presidente venezolano se siente líder y obligado a exportar por América Latina.

Como bien lo ha expresado Jorge Edwards (El País, 5 de febrero de 2008), a quien nadie podría adjetivar como lacayo del imperialismo, la propuesta chavista es de una irresponsabilidad y una falacia absoluta pues "nadie nos puede garantizar que darle estatuto legal a las guerrillas colombianas (...) pondrá término a sus conductas delictivas que constituyen un nuevo regreso a la barbarie en nuestro mundo latinoamericano". Con esta lógica que nos propone Chávez, agrega el escritor chileno, "bastaría con organizar grupos insurgentes y violentos, dedicados al crimen político, para pasar después a la etapa de la guerra civil institucionalizada, con bandos reconocidos por la comunidad internacional". Lo que Edwards olvida es que, luego del fracaso del golpe de febrero de 1992, era ése precisamente el camino por el que planeaban optar Chávez y sus más cercanos seguidores de no haber sido persuadidos por aliados demócratas de entrar a la política a través de la vía electoral.

Qué paradoja. En Colombia lo quieren regresar a casa. Y en casa, cada vez más personas sueñan con que alguien se lo lleve a la suya. Aunque sea de vacaciones, digo.






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