La revolución no puede seguir siendo una promesa.

Por Venezuela Real - 10 de Febrero, 2008, 15:45, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
10 de febrero de 2008

También los sueños envejecen

Desde hace un tiempo, l o mejor de las alocuciones presidenciales, transmitidas en cadena nacional, no es lo que dice Chávez. No. Para nada. Lo mejor es el público. Las caras de todos los ministros, de todos los viceministros, agregados, secretarios, asistentes y cuanto funcionario oficial, sorprendido entre primera y segunda, no haya podido liberarse a tiempo de un nuevo monólogo presidencial. El sábado de la semana pasada, la participación del público estuvo insuperable.

Sábado de Carnaval en la noche. El hombre no terminaba nunca. Sacaba otro papel con otro cuadro estadístico.

Regañaba al camarógrafo. Volvía a citar un porcentaje.

Repetía por enésima vez un cuento de su infancia. Imperialismo va, imperialismo viene. Cuando parecía que por fin iba a terminar, regresaba otra vez, volvía de nuevo con lo mismo ¿Saben ustedes cuántos kilos de esperanza tiene cada ciudadano que vive en Venezuela? Podría ser incluso una imagen del proceso: mientras el Presidente habla, todos los presentes deben poner cara de chúpili, cara de maravilla y fanfarria, cara de que lo están pasando bomba. No importa lo que diga. No importa cuánto se demore. En el fondo, ése es el verdadero espectáculo. Cada vez que la cámara cruza sobre ellos se activa lo que podríamos llamar el método bolivariano de la "actuación instantánea". Es un recurso histriónico inmediato, y mediático, que consiste en variar drásticamente la expresión en cuestión de pocos segundos. Chacón ya es un experto. Ni siquiera pestañea. Ramírez, ni se diga. Puede estar lamentando haberse perdido el vaivén delicioso de los carnavales de Bahía, pero apenas siente que el foco se acerca, pone cara de Ortega y Gasset, asiente, como si nunca antes hubiera escuchado al Presidente citando a Bolívar. A otros, les cuesta un poco más.

A veces se les nota el cansancio. A veces, la cámara los sorprende en una imperdonable mueca de fastidio. Pero nada comparable a las actuaciones colectivas, a esos momentos corales cuando, todos a una, de pronto, se ríen de un chiste del que ya se han reído antes, muchas veces antes, tantas veces antes. No importa. Con Chávez, todo siempre debe ser como la primera vez.

Resulta, sin embargo, algo desconcertante que el mismo Presidente no se dé cuenta de lo que ocurre. O que, aun dándose cuenta, se haga la vista gorda, disimule. Esto vendría a apoyar la sospecha de que el poder lo ha ido cegando aceleradamente. Suele ocurrirle a la mayoría de los mortales. Lo mismo le pasó a las elites que dominaban el país a finales del siglo pasado. Igual puede estarle ocurriendo a Chávez ahora: quizás se encuentra sin brújula en mitad del petróleo.

Sorprende que, todavía a estas alturas, el Presidente no sea capaz de leer, con complejidad política, los resultados electorales del 2 de diciembre. Es probable que cierta oposición tampoco sepa entender qué dijo o no el país ese día, sin embargo, sin duda, el más afectado en aquella batalla fue Chávez. Se quedó con la boca llena de burros y de pellizcos.

Se quedó sin 3 millones de votantes. Y hasta ahora, sigue sin ellos. Peor:
sigue sin saber dónde están, qué pasó. Sigue tropezando con él mismo, con la misma piedra.

Cuando las revoluciones no logran cambiar el presente y sienten que el futuro puede ser un extravío, suelen comenzar, entonces, con extrema ansiedad, a mover el pasado. Que el gabinete, de pronto, se convierta en un club de detectives para investigar el probable asesinato de Bolívar es casi una bofetada frente a las urgencias de la realidad. El gobierno actúa, cada vez más, como si no viviera en el país, como si gobernara en Suecia o en Noruega, a demasiados kilómetros y a demasiadas balas de nuestras fronteras.

No fue para eso que los venezolanos elegimos a Chávez. No fue tampoco para cambiar la geopolítica mundial. Ni para comprar submarinos, ni para repartir dólares o guerras por todo el planeta. El tiempo pasa. La revolución no puede seguir siendo una promesa. También los sueños envejecen.

Esa misma noche de sábado de Carnaval, para finalizar la samba unipersonal de varias horas, en Miraflores, el Presidente de pronto anunció un video. Sin ningún pudor, presentó imágenes de sí mismo, retransmitió su rendición del 4 de febrero de 1992. Quiso hacer un remake. Intentó relanzar su éxito de entonces, su estreno en el hit parade de la política nacional. Cuando acabó el video y la imagen regresó al palacio de Miraf lores, Chávez, de pie, con traje y corbata, nos dijo que él seguía siendo Chávez.

Fue un momento extraño, de singular patetismo. Rara noche de Carnaval: el Presidente, en cadena nacional, trata de convencernos de que él y Chávez son la misma persona. Quien tenga ojos que vea.








TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Febrero 2008  >>
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29   

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog