País a la deriva

Por Venezuela Real - 17 de Febrero, 2008, 14:11, Categoría: Cultura e Ideas

MASSIMO DESIATO
El Nacional
17 de febrero de 2008

Sucede siempre a sí, de manera aparentemente inocua, como las calmas aguas de un lago cuyas malignas corrientes acechan inexpertos navegantes.

Los negocios y las diversiones siguen exactamente como antes, razón por la cual no es importante qué cosa y cómo se piense.

Hasta que un día, un inesperado día se presenta la catástrofe: un día que tal vez requiera de años para presentarse, pero que, en el fondo, como la corriente maligna del lago, estuvo allí desde el comienzo.

Este día aparece como producto de la creciente falta de pensar la realidad. De forzarla dentro de esquemas que no le son propios, que no le corresponden.

Si en algo la política muestra su incapacidad, su crasa y supina ignorancia, es cuando no se aclara a sí misma si los fi nes que propone (¿impone?) al país, o que considera como valores importantes (revolución, neoliberalismo o lo que sea.

Aquí no se discute el contenido), son fi nes reales, fi nes para la realidad que se tiene al frente, fines funcionales, o si, en cambio, son desvaríos que luego son fácil presa de las derivas.

El país, por exceso de política, se queda paradójicamente sin política, sin timón, más que timonel.

Porque hay timoneles convencidos de que pueden pilotear un barco sin timón.

Pero eso forma parte del desvarío. Un barco sin timón se encuentra inexorablemente a la deriva.

La política incapaz, frente a la repetición de los fracasos se aferra, como suelen hacer todas las instituciones hipócritas –sabré yo– a la fachada de los documentos de inspiración programáticos, donde la moral, los valores culturales, la identidad, etcétera, todas cosas que no se aclaran si tienen o no asidero en la realidad concreta del país en cuestión, abundan como un mero "bla, bla, bla" que confi gura hombres "chácharas".

No se ref lex iona –ta l vez porque no conv iene– si tales o cuales fines, adobados con morales, culturas, identidades, valores, excelencias, pueden ser fundados, tener al menos un suelo, o por los menos los medios para ser alcanzados.

La mera enunciación de fi nes sin un inventario de los med ios a d isposición forma pa rte de la "capacidad incapacitante" del hombre cháchara.

La política sana, auténtica, debe proponer fines a partir del mundo concreto, de la realidad que tiene al frente. Por ejemplo, si se habla de "hombre nuevo" y de conversión se lo pone como un fi n sin haber inventariado antes si se dispone de los medios para que eso acontezca. Porque el "hombre nuevo" no es ni puede ser un milagro; si alguna que otra vez nace alguno es porque estaba n dadas las condiciones materiales y espirituales, y porque ese hombre trabajó sobre sí a partir de ellas, lo que también implica que ese hombre tuviera la disposición de trabajar sobre sí a partir de lo que los otros habían hecho con él.

La política sana se alimenta del nutriente del saber; más exactamente, de si existe un saber vivo para la fundación de tales y cuales fi nes.

A veces (¿siempre?) la política venezolana se parece a la "educación en valores": se educa sin tomar en cuenta las condiciones objetivas, las condiciones de posibilidad.

Pero todo esto qué le importa a un país lleno de timoneles sin timón. Lo que le importa a esta clase de pilotos es el mando del barco.

Que luego el barco navegue o se encuentre a la deriva es un asunto completamente secundario, accidental, frente a la majestuosidad del poder del timonel.

No se percatan de que este poder es un acto masturbatorio. Los señores del barco gozan teniendo sus manos en el timón...





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