"Politizar de esa manera el crimen es, sin duda, otra forma de violencia.

Por Venezuela Real - 17 de Febrero, 2008, 12:05, Categoría: Seguridad/Inseguridad

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
17 de febrero de 2008

Después de muerto, se puede aún morir más veces. Se puede todavía volver a ser una víctima"

L a mujer todavía no sabe qué hacer con la noticia. No quiere verla, aceptarla.
La maldita cámara de televisión sigue ahí, tan cerca. Están en una esquina.

A su alrededor, hay un desorden de gritos y de gestos. Ella sólo siente un ardor en la garganta, un mareo detrás de las pupilas. El chofer de la buseta que mataron hace un rato era su marido. ¿O lo es todavía? Ese cuerpo con dos balas de más, tendido sobre la calle, ¿quién es? ¿A quién le pertenece? ¿Qué patria tiene? Las respuestas del Gobierno a estas preguntas pueden ser muy desconcertantes. Carlos Escarrá, por ejemplo, afirma que "la inseguridad en Venezuela la provoca la oposición".

Es una frase inadmisible en cualquier contexto. Más aun cuando, en diciembre del año pasado, el mismo Gobierno reconoció alarmantes cifras de muertes violentas en el país.

Pero eso no parece recordarlo el diputado Escarrá. Desde lejos, la sangre no huele. Desde su altura, quizás la sangre tan sólo parece una ligera sombra del paisaje. Así como puede haber un manejo mediático irresponsable, también hay un ejercicio público amarillista.

Politizar de esa manera el crimen es, sin duda, otra forma de violencia. Después de muerto, se puede aún morir más veces.

Se puede todavía volver a ser una víctima.

Otra respuesta sorprendente la propone el nuevo ministro Rodríguez Chacín. Apenas con un poco más de un mes en el cargo ya ofrece unos resultados asombrosos. De pronto, pareciera que por fi n el Chapulín Colorado llegó al país. "La seguridad en Caracas ha mejorado en 67%", aseguró esta semana. Si con tan pocos días ya ha logrado tanto, habría que enjuiciar ya, por corrupción e inefi ciencia, a todos los inútiles que, en estos nueve años, han ocupado ese mismo cargo.

¿Por qué no lo llamaron antes? ¿Por qué nunca contaron con su astucia? La idea de efi cacia que tiene el Gobierno es muy particular.

Esta semana, en el acto de traspaso de la Policía Metropolitana al ministerio que ahora preside, Rodríguez Chacín también anunció que vendrá un cambio, que la nueva policía será "bolivariana, revolucionaria, insurgente y subversiva". Probablemente, piensa que decir eso ya es un triunfo, que el discurso en sí mismo ya es un éxito de gerencia pública.

La manera más sencilla de sentir que se transforma la realidad es cambiándole el nombre.

Así, la complejidad histórica de un problema como la violencia social se deshace bajo el peso pomposo de las nuevas palabras: "Revolución es eso, cambiar, el cambio no es difícil para nosotros, tenemos que ser insurgentes e insurgir contra las estructuras cuartorrepublicanas y capitalistas. Tenemos que ser subversivos, cambiar ese orden, y poner un nuevo orden socialista, humanista, de unión con nuestros pueblos", dijo el ministro. Es un blablablá que no resiste una bala perdida. En la madrugada de ese mismo día, en un barrio de San Félix, asesinaron a un hombre que había salido temprano a buscar agua. Lo mataron para robarle la bicicleta. Los venezolanos estamos exigiendo seguridad, no adjetivos.

El 17 de julio de 1998, en una entrevista radial, Hugo Chávez le dijo a César Miguel Rondón que "en Venezuela hay una especie de guerra civil y todos los fi nes de semana hay cuarenta o cincuenta muertos en las calles de Caracas, más que en Colombia, que es un país que está en guerra en verdad". Casi diez años después, con todo el poder y todo el dinero del petróleo en las manos, el Presidente podría volver a ese mismo programa de radio y repetir más o menos lo mismo. Pero no. No lo hace. Ya no puede.

Las muertes violentas son un índice que traiciona el paraíso estadístico bolivariano.

Si la pobreza, supuestamente, ha disminuido de manera tan drástica como asegura el Gobierno, ¿por qué entonces estamos así? ¿Por qué la inseguridad social continúa creciendo? Según afirmó en su programa dominical, alguna parte del problema, al menos, tiene que ver con supuestos paramilitares que "andan haciendo trabajo en los barrios, vendiendo cocaína por debajo del precio del mercado, muy barata, quinta columna, para ganarse las bandas y delincuentes de los barrios e ir armándolos con armas de guerra". Por supuesto que se trata de "un plan del imperio norteamericano". Es una fantasía indignante, un delirio inaceptable.

La mujer sigue ahí. Azorada, nerviosa. Tiene los ojos rojos. Tiene una rabia atorada en los pulmones. No sabe qué hacer, a dónde ir. No sabe en qué lugar de su vida cabe ahora su marido asesinado. ¿Qué policía socialista quiere acercarse a hablarle del imperio, a decirle la culpa de todo la tiene míster Bush?






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