De gracias y desgracias

Por Venezuela Real - 18 de Febrero, 2008, 18:16, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
18 de febrero de 2008

Dieterich publicó Política económica y discursiva suicida del Gobierno venezolano

H ay causas, la lucha por la libertad y contra la pobreza, pongamos por caso, que deben ser tomadas en serio. Quizá porque el discurso de Hugo Chávez en sus primeros tiempos públicos recogía estos temas con frescura renovadora y entusiasmo casi juvenil, la seriedad de sus planteamientos, a pesar de los temores que provocaba su pasado golpista y su ostensible confusión ideológica, tenía gracia. Esa fue sin duda la razón principal de su victoria sobre el pasado en las elecciones de 1998 y su muy elevada popularidad hasta el 2002.

A partir de ese año, sin embargo, la palabra de Chávez se hizo solemne y sus gestos perdieron agilidad. Tanta, que en su discurso de Fuerte Tiuna, el 13 de noviembre del 2004, admitió ante sus hombres de mayor confianza que, de no haber sido por el impacto de las misiones en el corazón de los ciudadanos, él habría perdido el referéndum revocatorio del 15 de agosto. Con esta revelación, Chávez reconocía que su liderazgo ya no tenía gracia propia.

El populismo sin medida de sus programas de beneficencia social apenas fue el recurso imprescindible para que ese liderazgo no se desvaneciera por completo en el 2003.

La tercera etapa de este proceso, la de patria, socialismo o muerte, arrancó después de su reelección, cuando en sus discursos del 8 y el 10 de enero del año pasado trazó sin ningún tapujo el rumbo exacto que se proponía imprimirle al país para conducirlo al paraíso terrenal del socialismo del siglo XXI. El disparate de la propuesta, implantar una sociedad comunista por la vía electoral, terminó naturalmente en el desastre chavista del 2-D. En muy pocos meses, casi 4 millones de sus partidarios le dieron la espalda.

En este punto, Chávez malgastó la muy poca gracia que todavía le quedaba al decidir continuar presentándole a Venezuela la alternativa del socialismo o la muerte, aunque ese proyecto había sido rechazado por la mayoría de la población. Obsesión enfermiza y disparatada de Chávez. Guerra contra Colombia, guerra civil si la oposición ganaba espacios en las elecciones de noviembre, guerra petrolera contra Estados Unidos, guerra contra los medios de comunicación insumisos, guerra a la esperanza y la tranquilidad de los de abajo, guerra a la lucha justa por la libertad y contra la pobreza.

Guerra y nada más que guerra.

En todos los frentes y al mismo tiempo.

Aquella gracia de Chávez, su carisma, se transformó así, de la noche a la mañana, en una desgracia nacional. ¿La rectificación? ¡Por favor! De ahí que Heinz Dieterich, ideólogo de la revolución chavista y del socialismo del siglo XXI, haya publicado el 11 de febrero un crudo análisis sobre la situación actual y futura de Venezuela, bajo el significativo título de "Política económica y discursiva suicida del Gobierno venezolano".

"No se entiende", comienza Dieterich planteando en su artículo, que Chávez, "después de su derrota el 2-D, que no fue un pequeño contratiempo sino un cambio cualitativo en la correlación de fuerzas... siga aplicando el modelo político-económico-discursivo que le dio resultados entre 2003 y 2007, pero que fracasó el 2 de diciembre". Concluye Dieterich sosteniendo, que "el Presidente se encuentra ante la siguiente disyuntiva: o rompe con el status quo pre-decembrino, o el continuismo se convertirá en el termidor de la Revolución Bolivariana".

Esta situación coloca a los venezolanos de todas las tendencias ante el mismo dilema de continuismo o ruptura. En definitiva, ante la pregunta agónica de qué hacer para escapar de esta crisis que no cesa de crecer. ¿Conformarnos con eso de que aquí pasará lo que tiene que pasar y no está en nuestras manos evitarlo? ¿Tomar las armas, como nos exhorta Chávez a cada rato? Tras los sucesos del 11 de abril, José Vicente Rangel advirtió que "nos entendemos o nos matamos". En aquellos días para garantizarle a Chávez su permanencia en el poder, ahora nosotros, para todo lo contrario. Es decir, para buscar entre los de uno y otro bando el camino que le permita a Venezuela, que no es de Chávez sino de todos, romper con el pasado, resistir la tentación de la violencia y sortear el obstáculo que representa la visión deformada que tiene Chávez de la realidad. Con la única finalidad de construir, juntos, la transición democrática y urgente de Venezuela hacia otra y superior etapa del proceso político. Como en definitiva siempre han hecho y hacen los pueblos a la hora difícil de asumir sus grandes compromisos con la historia. ¿O no?





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