P ara las estadísticas oficiales, la media de ingreso nacional es de Bs F 1.480

Por Venezuela Real - 19 de Febrero, 2008, 11:43, Categoría: Dimensión Social

LAURA HELENA CASTILLO
EL NACIONAL
19 de febrero de 2008

Una familia típica promedio, como los Hernández Milano, nunca ha usado un cajero electrónico

Repica el Movistar fijo. La llamada es para Merlin. La muchacha corre a atender. Habla rápido, bajito y cuelga. El teléfono está en una de las tres mesas del salón: una redonda con mantel, para comer; otra, en una esquina, donde acomodaron el televisor, el DVD y el equipo de sonido; y, la tercera, junto a la ventana, para hablar por teléfono con vista a los techos de zinc de los vecinos.

Hay algunas sillas y sólo una poltrona, que es la de Hérmola, la abuela. El lugar le queda holgado a los muebles.

En la pared del fondo pegaron frases de los evangelistas escritas con letra escolar sobre una hoja rasgada. Dentro de la casa habita una luz templada, como si alguien la dosificara desde una consola. Una agujeta de sol entra por los huecos entre los muros de bloques sin frisar y el techo de zinc, y se hinca en el suelo rojo de arcilla curada.

Así como éste, los fines de semana de la familia Hernández Milano se suceden en lo alto de Filas de Mariche (municipio Sucre), en el sector La Vuelta del Águila, sin la precisión de los planes. La lista de diligencias es un invento de los que tienen dinero de sobra para gastar.

Ese día están todos en la casa: Mario, el padre, de 48 años de edad, empleado de una fábrica; Milagros, la madre, tiene 42 años y trabaja como cocinera a medio tiempo en un comedor del Estado; Merlin, la hija mayor, de 21 años, está a unas semanas de graduarse de bachiller en un instituto privado; Deivis, el hijo menor, de 13 años, estudia segundo año en un liceo público; y Hérmola, de 76 años, la abuela que vive con ellos. Su realidad encaja perfectamente en la medida del hogar promedio –y oficial– venezolano según el Perfil de la Pobreza de junio de 2007 elaborado por el Instituto Nacional de Estadística.

El estudio ubica la media de entrada por grupo familiar de cinco personas en 1.480,5 bolívares fuertes al mes. Las entradas mensuales de los Hernández se desgranan así: 840 bolívares fuertes es el sueldo del padre, 372 bolívares fuertes el de la madre y 280 bolívares fuertes, en promedio, les aporta una poco abastecida bodega que funciona en la cocina.

Total: 1.492 bolívares fuertes.

Es así como esta familia califica, también, en el amplio renglón de 17.644.113 venezolanos que hoy representan 66,9% del país, y que el Gobierno considera No Pobres según el ingreso mensual.

Si una familia de cinco miembros gana al mes más de lo que cuesta la canasta básica venezolana –1.100 bolívares fuertes, aproximadamente– se considerará, oficialmente, No Pobre.

Si bien es cierto que la pobreza en Venezuela está disminuyendo, la brecha de esta mengua no es igual para el INE que para el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello. Desde 1999 hasta 2007 los hogares en situación de pobreza, según el INE, se redujeron de 42% a 27,5%, mientras que para la UCAB la diferencia fue menor: de 49,9% a 33,7%.

Uno de los orígenes de esta divergencia está en los insumos usados para calcular el valor de la canasta alimentaria.

Para el Instituto Nacional de Estadística, la canasta costaba en noviembre 583,7 bolívares fuertes; en cambio, el Centro de Documentación y Análisis Social determinó el valor de la misma cesta en 1.070 bolívares fuertes.

La poltrona de la abuela.

Frente a la puerta de entrada están sembradas la silla y la abuela.


Hérmola está enferma y tiene frío. El tratamiento de la abuela puede llegar a costar 1.500 bolívares fuertes quincenalmente.

Todo lo que ganan los Hernández en un mes. "Vamos a Barrio Adentro cuando funciona", dice Mario. "Tenemos que reunir a todos los hermanos y sacar de donde no hay", dice Milagros. Esta familia promedio no tiene seguro médico y casi no le alcanza para afrontar una enfermedad.

La abuela duerme en el mismo cuarto que sus nietos, Merlin y Deivis. La habitación todavía no tiene pared que la separe del salón y un par de sábanas hacen esa labor.

Los Hernández perdieron una casa en el mismo barrio. Fue por la vaguada. "Desde hace siete meses vivimos aquí. Se la compramos a mi hermano en 4 millones. Eran los ahorros de 5 o 6 años. Pienso arreglarla. Vamos a ver cómo Dios me ayuda", reza Milagros. Las viviendas de bloque y techo de zinc no se consideran ranchos para la estadística, sino casas.

"Estamos en medio de un boom petrolero y es evidente que las personas están llevando más dinero al hogar, pero siguen viviendo con las mismas dificultades de transporte, vivienda, de acceso a los servicios y a la educación", explica el director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB, Luis Pedro España.





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