El Betancourt histórico

Por Venezuela Real - 23 de Febrero, 2008, 19:03, Categoría: Cultura e Ideas

MANUEL CABALLERO
EL UNIVERSAL
23 de febrero de 2008

Rómulo Betancourt es recordado como el primer Presidente de la era democrática, en el centenario de su nacimiento
"El próximo hito en la vida del Betancourt histórico es su colaboración en la conjura triunfante el 18 de octubre de 1945, y su acceso a la presidencia de la Junta Revolucionaria"

Rómulo Betancourt nace a la política y a la historia en 1928. Antes que el suyo, hubo diversos movimientos estudiantiles, entre ellos el muy importante de 1921. Pero éste va a inaugurar una nueva era con dos aportes fundamentales, que hoy permanecen vigentes:

El primero es la lucha contra el personalismo. Los jóvenes del 28 no se proponen acabar con Gómez (por mucho que lo sueñen) sino con el gomecismo. Y acaso para ser mejor comprendidos en su proposición antipersonalista, comenzaron predicando con el ejemplo. Así, para enfrentar a la egomanía de tiranos y antitiranos, evitarán la primera persona del singular y acogerán su plural : no "yo", sino "nosotros"; no "un caudillo" triunfante o derrotado, sino "una generación".

El segundo aporte es el aborrecimiento del militarismo, expresado con claridad en 1930 en un pacto que Rómulo Betancourt, junto con Raúl Leoni y Ricardo Montilla firman con Francisco de Paula Aristeguieta.

Los otros dos hitos del Betancourt histórico están asentados en aquellos principios señalados desde 1928, y se sitúan a diez años el uno del otro. Serán, en 1931 el Plan de Barranquilla; en 1941, la fundación de "Acción Democrática".

Aunque conserve alguna alusión no muy clara a un movimiento armado a corto plazo, el Plan de Barranquilla señala la ruptura de Betancourt y su grupo de fieles con las ilusiones garibaldinas. Hay dos características novedosas en ese documento. La primera, pese a que algunos elementos de estilo revelen que su autor es Rómulo Betancourt, evita presentarse como propuesto por una individualidad; lo es por un colectivo, la Agrupación Revolucionaria de Izquierdas (ARDI) que con ese acto, se pretende fundar.

La segunda es la ausencia de "coroneles" o "generales" entre los firmantes. Casi como consecuencia de esta falencia, por primera vez en la historia de nuestro país, una generación de hombres políticos parece abandonar el inmediatismo y plantearse sus luchas en términos de años o de décadas.

Pero lo más relevante de ese documento es que, al romper los que él mismo llamaba en 1940 "arcaicos cartabones" del liberalismo gomecista y antigomecista, señala, en el terreno teórico, el inicio de la modernidad en la historia de nuestro país. Porque contiene el propósito de fundar la Venezuela moderna, la cual verá la luz a lo largo de los próximos setenta años, desarrollando y completando los principios esbozados en el Plan, pero sin abandonarlo en lo esencial.

Cuando en 1941 presente en sociedad a su organización, dirá de ella que se trata de un partido "nacido para hacer historia". El resto del siglo XX lo confirmará, pero eso resulta una banalidad decirlo. La fundación de AD no será un acontecimiento histórico visto desde nuestra perspectiva presente, a casi tres cuartos de siglo de distancia, sino desde el momento mismo de su ser natural.

Porque nacía limpio del pecado original del militarismo y durante los cuatro años siguientes se empeñó en convencer a los venezolanos de que se trataba de un partido nuevo, pues ni "cogió el monte" ni pactó con el Gobierno. También venía curado del otro vicio que había enterrado al liberalismo del siglo XIX : el personalismo.

Es así como, entre los firmantes del documento que fundaba el partido y proponía al Gobierno su legalización, no figuraba el nombre de su creador, Rómulo Betancourt. Sea por un empeño "teórico" de sumergir la suya propia en una voluntad colectiva, sea por cuidar la precaria legalidad de su partido, pues su nombre podía todavía apestar demasiado a comunismo radical y comeniños, el caso es que esa ausencia tuvo dos resultados contradictorios.

El próximo hito en la vida del Betancourt histórico es su colaboración en la conjura triunfante el 18 de octubre de 1945, y su acceso a la presidencia de la Junta Revolucionaria de gobierno allí establecida.

Los términos que hemos empleado para caracterizar ese momento y esa situación podrían prestarse a confusión y sobre todo a polémica : en ese acontecimiento, ¿fue el papel de Betancourt el de segundón, o el de protagonista? En verdad, hay allí un momento, pero dos faces y dos fases, dos procesos. Eso hace que aquella pregunta tenga dos respuestas, y aunque sólo tuviese una, el Betancourt histórico sería por igual una realidad ineludible. Para decirlo en la forma más simple posible, una cosa es el 18 de octubre y otra el trienio que le sigue hasta el 24 de noviembre de 1948.

Podemos decir que el 18 de octubre de 1945 no fue una revolución sino un pronunciamiento militar clásico y como tal, el papel de Betancourt fue relativamente secundario. Esta no es una consideración polémica nuestra, sino que la avalan dos testimonios insospechables, no es el acta constitutiva de la Junta Revolucionaria de Gobierno, donde se habla del Ejército "que ejecutó" la revolución y del partido Acción Democrática "que cooperó" en ella. El segundo es la opinión del propio Betancourt en su libro Venezuela: política y petróleo: el 18 de octubre, escribía en 1956, no fue producto de "una bravía insurgencia popular" sino un pronunciamiento militar clásico.

Pero reducido el papel de Betancourt en este caso a sus exactas dimensiones, no deja de ser por eso un acontecimiento histórico, por varias razones. Una, era la primera vez que se producía un golpe militar en Venezuela. Quien llegó al poder 18 de octubre de 1945 fue el ejército como institución, no un movimiento personalista, pues los mandos medios que la protagonizaron fueron comandados por el oficial de mayor jerarquía, no por su ascendiente personal, sino por su situación profesional.

En segundo lugar era casi un dogma (basado en la proclama del Libertador en su lecho de agonía) tanto en la Fuerza Armada como en buena parte de la sociedad, el aborrecimiento de la política y en particular del partido político. Se solía oponer así el Ejército, garantía de la unidad nacional y la paz, y el partido político que como su nombre mismo lo indica es símbolo de división y pluralidad.

El carácter histórico del golpe del 18 de octubre de 1945 le viene dado así también porque la "presentación en sociedad" del partido político la hace su poderoso padrino, el Ejército. A partir de entonces el partido político no es sólo aceptado legal, sino socialmente. El 18 de octubre aparecen, pues, dos nuevos actores en la escena política : el Ejército y el Partido.

Pero el 19 de octubre comienza otra historia. Uno, es la primera vez que un gobierno impuesto por los hombres de armas sea presidido por un civil, y que ese civil gobierne de verdad y no como un simple títere de los militares. Dos, el tercer decreto del gobierno prohíbe a los miembros de la Junta ser candidatos en las elecciones que han de escoger al próximo Presidente: la intención era romper con la tradición ventajista "gobierno no pierde elecciones".

Con todo, lo que hará de Betancourt un personaje histórico de primera fila será la promulgación del Estatuto Electoral que, no sin razón, Germán Carrera Damas considera el documento más importante de la historia de Venezuela después del Acta de Independencia.

Lo es porque incorpora a la Nación la aplastante mayoría de los venezolanos que no eran ciudadanos: las mujeres, los jóvenes en edad militar y los analfabetas. Esto último hacía sujetos políticos a los mayoritarios campesinos.

Desde entonces, el Estado venezolano (creación también, con el ejército, del gomecismo) deja de ser, en la percepción de la mayoría, un conjunto de instituciones gubernativas para hacerse nacional. Pero además, la promulgación de ese Estatuto, y las elecciones que le siguieron, marcan el ingreso de Venezuela a la sociedad de masas característica del siglo XX.

Debe señalarse también como un hito histórico algo que llamó mucho la atención de la prensa internacional en su momento: al frente del Estado (con relación a su población) acaso más rico de Latinoamérica, Betancourt salió de la presidencia tan pobre como había entrado. Ni sus peores enemigos intentaron siquiera acusarlo de algo que pudiese hacerlo sospechoso de enriquecimiento ilícito.

El 18 de octubre de 1945 es una jornada ambivalente. Porque también llevaba en sí el germen de la propia destrucción: la unidad cívico-militar se reveló el 24 de noviembre de 1948 como una alianza del tiburón y las sardinas. Después de 10 años de exilio a partir de 1948, vuelve Betancourt a ser protagonista de un hecho histórico: era la primera vez que alguien llegaba al poder por el voto popular sin ser percibido como el candidato del gobierno. Para sorpresa de sus adversarios, los campesinos le pagaron con sus votos el haberlos convertido en ciudadanos, el haberlos nacionalizado dos lustros antes.

De igual manera, será el primer presidente electo por el voto popular que complete su período de gobierno. Y también el primero que se niegue a aceptar una tercera presidencia que le ofrecía su partido y para la cual, a juzgar por los resultados electorales de 1973, habría sido reelecto abrumadoramente.

Vamos a hablar sólo de dos aspectos cuyo tratamiento Betancourt se reservó siempre para sí: lo militar y lo petrolero. En cuanto a lo primero, Betancourt insistía machaconamente ( expresión muy de su estilo) que le hablaba al país en su doble condición de Presidente Constitucional y Comandante en Jefe de sus Fuerzas Armadas. Pero esa no fue en ningún momento una manifestación puramente retórica: por primera vez en la historia de Venezuela un Presidente se hacía obedecer de verdad por los hombres de armas.

La otra asignatura a aprobar por cualquier gobernante en el siglo XX venezolano era la política petrolera, sobre la cual Betancourt había estudiado, reflexionado y escrito desde su primera juventud. Aquí su acción va a desbordar las fronteras nacionales y a convertir a Venezuela en un actor de primera magnitud en el escenario internacional. Se trata de la creación en 1960, de uno de los carteles más influyentes en la economía mundial durante la segunda mitad del siglo XX: la OPEP.

(Fragmentos de la disertacióndel doctor Manuel Caballero en el Paraninfo de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales el 21 de febrero de 2007)







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