Héctor Silva Michelena: "El socialismo es una idea antigua"

Por Venezuela Real - 24 de Febrero, 2008, 18:20, Categoría: Cultura e Ideas

GLORIA M. BASTIDAS
El Nacional
24 de febrero de 2008

Ex militante del Partido Comunista, bohemio empedernido, doctor en Ciencias Sociales, economista y poeta, Silva Michelena se pasea por aquellos años en los que irrumpió contra el establishment y da una mirada crítica a la escena política actual
Para Héctor Silva Michelena el chavismo está en la prehistoria del espíritu humano

Por las venas de Héctor Silva Michelena (economista, doctor en Ciencias Sociales, profesor universitario y poeta) corre impoluta la sangre que le legaron sus dos dioses filosófico-literarios: Friedrich Nietzsche y Charles Baudelaire. Para entender a este hombre irreverente –nacido en Caracas en 1931 y formado por los jesuitas del Colegio San Ignacio; una educación que su padre, que era obrero petrolero, costeó con grandes esfuerzos– hay que fisgonear primero en su panteón.

Sólo evocando a sus héroes puede uno entenderlo a él.

Nietzsche, que ejerció enorme influencia en los escritores existencialistas y cayó víctima de la locura a los 44 años de edad, fue el filósofo que gritó aquella frase hereje: "Dios ha muerto". Y Baudelaire, el poeta de vida disoluta, el genio que contrajo sífilis y que fue enjuiciado por escribir poemas que chocaban contra la moral y las buenas costumbres, es una figura clave en el diccionario de la poesía moderna.

Para Silva Michelena habrá unos ídolos que terminaron teniendo los pies de barro y naufragaron, pero esos dos, Nietzsche y Baudelaire, flotan ilesos en su plasma.

Silva Michelena es de una cultura amplia. Lo mismo puede dar una clase magistral de la teoría del valor (hasta con ecuaciones, si se lo pidieran, pues es economista y matemático) como una sobre el origen del movimiento dadaísta en Suiza con el poeta Tristan Tzara a la cabeza. Un movimiento que luego desembocaría en el surrealismo y que tanto impactó a la generación de este intelectual, en cuya galería hay, en efecto, muchos otros nombres, además de esos dos que para él resultan canónicos. Uno de ellos, importantísimo para comprender la utopía comunista y la genealogía del chavismo: Karl Marx. Pero el autor de El capital no sigue siendo para él, como ocurría en el pasado, una deidad. Lo admira, claro que sí, por su pensamiento "fecundo", aunque de manera menos ortodoxa que en aquellos años sesenta, cuando militaba en el Partido Comunista de Venezuela. Caído el Muro de Berlín, prefiere adherirse al llamado "marxismo crítico": nada de dogmas ni de ideas pétreas.

–El socialismo es una idea antigua. Se basa en tres elementos clave: un ideal, un programa y un régimen (la ejecución). El ideal existe desde hace mucho tiempo. Hesiodo, en el siglo VIII antes de Cristo, hablaba ya de una Edad de Oro: un tiempo en el que el hombre podía satisfacer plenamente sus necesidades porque había bienes en abundancia. Esa plétora, en la que el ocio creador se impone por encima de la esclavitud por el trabajo, es lo que también persigue el comunismo.

¿Quién no quiere un mundo mejor? Esa idea es tan poderosa que se ha hecho irreversible. Con el ideal estamos de acuerdo. Pero luego viene el programa, que contiene el diseño de lo que se va a hacer. Y, en el caso del comunismo, el programa por excelencia es El manifiesto comunista, escrito por Marx, con la ayuda de Engels, y publicado en 1848.

Allí se describe la evolución de las sociedades capitalistas, un modelo que tendería a agotarse y sería sustituido por la dictadura del proletariado. Eso choca contra el concepto de la democracia liberal y encierra ya un problema: una dictadura, así sea del proletariado, es una dictadura.

Apuntes de un colapso.

El hábito del estudio que le inculcaron los jesuitas es una marca de fábrica. Apenas recibe a la periodista y a la fotógrafa en su apartamento de Colinas de Bello Monte, dice: "Estuve preparándome para esta entrevista hasta las 2:00 de la mañana".


Resulta conmovedor observar cómo va sacando del fajo de carpetas que reposan sobre la mesa los impecables apuntes que ha escrito durante la noche anterior. De pronto, muestra una hoja donde mora una caligrafía diminuta y enumera las razones por las cuales el socialismo real colapsó: "Una: el aparato administrativo eliminaba la competencia entre productores; se sobreproducía en un área y se subproducía en otra, por eso a veces sobraban agujas de coser y faltaba el pan; dos: se ejercía un control directo de las empresas por las unidades políticas (la intervención del partido); y tres: la falta de libertad y de democracia.

Eso es lo que se llama el Estado total. Y nosotros íbamos hacia allá, pero el referéndum de diciembre obligó a Chávez a pisar el freno. El chavismo es un proyecto que, al pretender absorber estas ideas, incurre en lo que Jean François Revel llamaba la tentación totalitaria".

Los pájaros que llegan a la jardinera del apartamento, atraídos por las frutas que coloca allí su esposa, Adicea Castillo, cantan y picotean mientras el verbo del economista hace una pirueta y se extiende por los manglares de aquellos convulsos años sesenta en los que formó parte del grupo literario antisistema Tabla Redonda, fundado, en 1959, por Manuel Caballero, Rafael Cadenas, Jesús Sanoja Hernández, Ligia Olivieri, Darío Lancini, Arnaldo Acosta Bello, Jesús Enrique Guédez y Pepe Fernández-Doris, entre otros.

Posteriormente, entraron él y su hermano Ludovico. Aquellos también eran los tiempos del grupo izquierdista El Techo de la Ballena, en el que participaban Edmundo Aray, Adriano González León, Salvador Garmendia, Carlos Contramaestre, Caupolicán Ovalles, Ramón Palomares, Efraín Hurtado, Rodolfo Izaguirre, Daniel González, Juan Calzadilla, Francisco Pérez Perdomo y Perán Erminy. El antecesor de estos dos movimientos fue Sardio, del cual formaron parte, entre otros, Adriano González León, Guillermo Sucre, Elisa Lerner, Mario Matute Bravo, Héctor Malavé Mata, Luis García Morales, Carlos Gottberg, Rómulo Aranguibel y Gonzalo Castellanos.

Los recelos del PCV.

Silva Michelena sigue montado en la máquina del tiempo. "Nuestra vida estaba cercana al hippismo. Ludovico y yo nos tomábamos una botella de ron diaria". Bebían, pero la plusvalía intelectual que generaban despertaba la admiración de todos. De hecho, Silva Michelena era considerado como uno de los cuadros científicos más importantes del Partido Comunista, aunque su vida licenciosa despertaba recelos en la célula donde militaba. En 1962, cuando publicó su primer poemario, Arácni das, lo suspendieron por tres meses del PCV. La razón (tan a lo Baudelaire): le dedicó unos versos a las putas de Sabana Grande que escandalizaron a la línea dura de la organización porque los consideraron poco éticos. Esos poemas no estaban al servicio de la revolución, algo que chocaba con la doctrina de Zhdánov, el ruso que fue tan importante en la implantación del socialismo real y a quien Silva Michelena compara, previo lamento, con Francisco Sesto.


–Giordani, un monje rojo para quien el mundo no ha cambiado, ejerció mucha influencia en Chávez. Él tiene el pensamiento de lo que Popper llamaba las sociedades cerradas, que es la visión dogmática: nada cambia, todo es inmutable. Pero cuando las sociedades se abren, sale uno de la campana de cristal y surgen desafíos permanentes. La razón es muy importante. Pensemos en el Siglo de las Luces: Montesquieu, Rousseau, Voltaire, Diderot. La razón lo podía todo.

Y Marx forma parte de eso: de las grandes certezas, de las extraordinarias certezas; no puede haber duda de nada.

Pero la razón puede usarse para bien o para mal. Usted puede razonar de una manera para imponer la esclavitud y de otra manera para rechazarla. Usted puede razonar de una forma para democratizar la sociedad y de otra para acabar con la democracia, que es lo que hace Chávez. Él es víctima de la creencia de la superioridad del socialismo. Comete un verdadero arcaísmo: no puede haber un aggiorna miento, una puesta al día, de algo que fracasó estrepitosamente. ¿Qué queda en Cuba? Una sociedad pobre donde todavía hay cartillas de racionamiento. El chavismo está en la prehistoria del espíritu humano.

¿No es democrático el socialismo del siglo XXI? La pregunta hace que, nuevamente, el poeta economista apele a una de sus carpetas, de donde extrae un artículo publicado en Le Monde. Y suelta el arsenal hemerográfico. "Edgar Morin, un sociólogo francés, señala que hay que volver a las tres preguntas que Kant se hacía dos siglos atrás. Una de ellas es qué me está permitido esperar (que es el ideal), la otra es qué puedo saber (que es el programa), y la tercera es qué debo hacer (la ejecución, el régimen). Sobre estas bases cognitivas, Marx elaboró su pensamiento. Morin entonces agrega: `Hoy día sabemos que las ciencias aportan las certezas locales pero que las teorías son científicas en la medida en que son refutables, es decir, no ciertas’. Y el marxismo no es refutable. Porque si usted refuta el marxismo es expulsado del partido y es fusilado. Morin recuerda que Marx era determinista y creyó haber desentrañado leyes del devenir. Dice Morin: `La concepción marxista del hombre era unidimensional y pobre: ni el imaginario ni el mito formaban parte de la realidad humana profunda: el ser humano era un homo faber (el obrero que hace), sin interioridad, sin complejidades, un productor prometeico destinado a derrocar a los dioses y dominar el universo".





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