Venezuela, política y petróleo

Por Venezuela Real - 28 de Febrero, 2008, 11:28, Categoría: Petróleo/Energía

Ricardo Villasmil Bond
TalCual
28 de febrero de 2008

La política petrolera de Rómulo Betancourt y la de Juan Pablo Pérez Alfonzo, su brazo ejecutor y hombre de confianza en la materia, consiste entonces en exigir, con firmeza pero sin desplantes provocadores, mejores condiciones financieras de parte de las compañías operadoras y adentrarse en el conocimiento y el manejo del negocio petrolero, con el objeto de ir tomando paulatinamente el control de la industria

El centenario del nacimiento de Rómulo Betancourt es momento oportuno para reflexionar sobre su legado a la luz de la situación actual del país.

No con el objeto de invocar el espíritu del padre de la democracia venezolana para que nos guíe en este trance, suficiente tenemos con quienes pretenden buscar estas luces en nuestro otro padre, el de la patria. La reflexión debe hacerse con el objeto de ayudarnos a comprender a cabalidad nuestro pasado, tarea esencial para quienes queremos enfrentar como adultos las dificultades del presente y avanzar hacia el futuro.

No pretendo en este artículo hacer un análisis exhaustivo del pensamiento y la obra política de Rómulo Betancourt, sino concentrarme en su concepción de la política petrolera venezolana en sus dos vertientes: en lo relativo a la producción de petróleo –extracción, procesamiento, transporte y comercializacióny en lo relativo al uso o destino de los ingresos generados por ella.

El pensamiento petrolero de Betancourt surge en primera instancia como una reacción a la política petrolera gomecista, la cual concibe como entreguista, pusilánime y corrupta. Su primera aproximación al tema es por ende revolucionaria al momento de reclamar lo que a su juicio correspondía a la nación como propietaria del recurso, pero pragmática al momento de reconocer que no estábamos en capacidad de asumir el control de la industria petrolera. Su política petrolera, y la de Juan Pablo Pérez Alfonzo, su brazo ejecutor y hombre de confianza en la materia, consiste entonces en: 1) exigir, "con firmeza pero sin desplantes provocadores", mejores condiciones financieras de parte de las compañías operadoras y; 2) en adentrarse en el conocimiento y el manejo del negocio petrolero con el objeto de ir tomando paulatinamente el control de la industria.

Desde la oposición, Pérez Alfonzo salva su voto en la discusión de la Ley de Hidrocarburos de 1943, reconociendo las ventajas de la unificación de l! os contr atos con las petroleras pero criticando que estipulase "la sanatoria absoluta de todo vicio anterior y terminación completa de toda acción o reclamo que pudiera originarse de la situación anterior."Y más tarde, desde el gobierno, lidera la profesionalización del ministerio de Minas e Hidrocarburos con el objeto de mejorar la capacidad fiscalizadora de la Nación e impulsa la creación de una compañía petrolera estatal (la CVP) con el objeto de dar los primeros pasos en la comercialización y en la producción de petróleo con miras a una eventual nacionalización.

UNA RELACIÓN CONFLICTIVA

La relación entre un Estado petrolero y las empresas concesionarias propietarias de la tecnología y el capital necesarios para explorar y extraer del subsuelo el recurso natural, no es sólo inherentemente inestable, sino que contiene además la semilla de su propia destrucción.


Para atraer concesionarios el Estado, potencialmente productor de petróleo, debe ofrecer términos comerciales sumamente atractivos a fin de compensar el riesgo propio de una actividad que requiere no pocas veces de cientos de intentos fallidos antes de dar con un pozo exitoso. Pero una vez conseguido el éxito e iniciado el proceso de extracción, la magnitud de las ganancias lleva al Estado productor a considerar que los términos acordados fueron injustificadamente generosos (el negocio petrolero es, en este sentido, muy parecido al de las empresas farmacéuticas, la industria disquera o al de los equipos de béisbol de las grandes ligas).

A partir de entonces, se desata un proceso degenerativo cargado de amenazas mutuas, pero las concesionarias han realizado ya el grueso de sus inversiones y se encuentran por tanto a merced del Estado. Ello inclina los términos de negociación a favor de este último, quien termina por imponer sus condiciones. Para el Estado productor, la consecuencia más importante de este proceso es la desinversión y la sobreexplotació! n de los yacimientos que se inician tan pronto el concesionario comienza a prever la culminación anticipada de su concesión.

Mientras tanto, para el concesionario, la consecuencia principal es la pérdida de ingresos futuros sin la compensación adecuada.

LAS CONCESIONES

Una de las decisiones más polémicas fue la tomada en 1948 por Pérez Alfonzo, para entonces ministro de Fomento, de suspender indefinidamente el otorgamiento de nuevas concesiones petroleras. La política de "no más concesiones", tal y como se dio a conocer, tenía entre sus supuestos fundamentales el carácter reducido e inevitablemente decreciente de las reservas petroleras mundiales. Basado en ésta y otras premisas, Pérez Alfonzo consideraba perentorio mantener en manos del Estado una fracción importante de las reservas petroleras que pudiera permitirle a éste "decidir más libremente lo que pueda convenir al país en un futuro". El Congreso de entonces, dominado por Acción Democrática, aprobó la solicitud de Pérez Alfonzo. Meses después, sin embargo, el gobierno es derrocado. Bajo la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, en 1956 y en 1957 se otorgaron más de 800 mil hectáreas en nuevas concesiones, y no es sino después de la caída de este régimen –y con Pérez Alfonzo ocupando la cartera de Minas e Hidrocarburosque se restaura la prohibición original.


Desde el mismo momento de su concepción, la política de "no más concesiones" fue objeto de un intenso debate. El crítico más destacado -y a la vez el más acérrimode la decisión de terminar con el sistema de concesiones sin antes anunciar la política que lo iba a suceder era Arturo Úslar Pietri, dos veces ministro y uno de los líderes ideológicos del gobierno de Medina Angarita. Úslar Pietri argumentaba que la incertidumbre que ello causaba era la causa fundamental de la virtual paralización de la inversión y de la generación de empleo en el sector, de la declinación en las reservas de crudo, efectos que pronto repercutirían en una eventual caída en la ! capacida d de producción. Las evidencias mostradas por Úslar Pietri eran rechazadas por Pérez Alfonzo, alegando que las mencionadas consecuencias obedecían a condiciones adversas en los mercados mundiales de crudo, y que en ningún caso podían ser atribuidas a la decisión de no otorgar más concesiones.

LA SIEMBRA DEL PETRÓLEO

En cuanto al uso o destino del ingreso petrolero, Úslar Pietri apelaba a su noción de sembrar el petróleo para criticar el uso del ingreso petrolero para financiar gasto corriente, argumentando que ello significaba una pérdida patrimonial que sólo podía evitarse restringiendo dicho uso para la conformación de un activo equivalente en "chimeneas y campos arados". Para Betancourt, esa visión era demasiado restrictiva, particularmente a la luz de la realidad venezolana. Para él, la mejor inversión que podía hacerse con el ingreso petrolero era en capital humano, ya que no podía ser productiva una sociedad integrada por hombres y mujeres famélicos, enfermos y analfabetas.


Las exportaciones venezolanas continuaron creciendo hasta principios de los setenta para luego caer abruptamente. Para algunos, ello comprueba la tesis de Úslar Pietri.

Para otros, ello obedeció a la expansión de la producción en áreas altamente productoras -y más atractivas para las empresas trasnacionalesen el Medio Oriente, África y Asia.

Hoy enfrentamos nuevamente una caída en nuestra capacidad de producción, mientras la siembra del petróleo es aún tarea pendiente.

No podemos en este limitado espacio profundizar mucho en el tema, pero sí destacar uno de los principios orientadores no sólo de la política petrolera, sino de la actuación política de Rómulo Betancourt: el diálogo y el libre debate de las ideas. El debate que resumimos arriba no es una construcción ficticia de un debate entre rivales políticos de alto calibre intelectual, sino un debate real y público moderado por Carlos Rangel y transmitido por Radio Cara! cas Tele visión el 7 de Mayo de 1963. En él, Pérez Alfonzo defiende ante el país la gestión del ministerio de Minas e Hidrocarburos y la del gobierno del Presidente Betancourt, mientras Úslar Pietri ejerce su derecho ciudadano al criticar la acción del gobierno en un contexto de sana rivalidad política en beneficio de la Nación. ¡Qué tiempos aquéllos!


 






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