Bogotá, ante un escenario bélico de varios frentes

Por Venezuela Real - 29 de Febrero, 2008, 16:49, Categoría: Política Internacional

Rafael Guarín
La Nación - Argentina
29 de febrero de 2008

MIAMI.- La exitosa gestión de Venezuela para liberar a los cuatros rehenes de las FARC se convirtió en un nuevo indicio del creciente vínculo entre el presidente Hugo Chávez y la guerrilla colombiana, una asociación que extiende sus tentáculos en la región y que representa un grave factor de preocupación para Colombia y Estados Unidos.

En los noventa, Chávez asumió que en la lucha contra la "oligarquía colombo-venezolana" las guerrillas eran sus aliadas, y éstas, que la revolución bolivariana era el bastión internacional que necesitaban. Eso explica la permisividad con campamentos y líderes de esos grupos en territorio venezolano, la pasividad con el narcotráfico y el apoyo militar ofrecido a Chávez por las FARC ante una "agresión norteamericana".

Los resultados de esa sociedad comienzan a verse. Hoy, la escalada de acontecimientos demuestra que, más que aislados incidentes con países vecinos, el gobierno de Alvaro Uribe enfrenta una grave amenaza, producto de la alianza de las FARC con la revolución bolivariana.

Además de Venezuela, Ecuador podría ser otro foco de inquietud para Bogotá, dada la ambigüedad del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, al que la guerrilla, cada vez que puede, le manifiesta simpatía. Mientras aparentemente toma distancia de la beligerancia hacia las FARC, Correa avala dos cuestiones polémicas: niega que sean terroristas y ratifica la declaración de su ministro de Defensa. "[Ecuador] limita al Norte con las FARC."

Ambigüedad similar comienza a notarse en Brasil, con la propuesta, coordinada con Francia, de incluir a Venezuela en el grupo de países mediadores, a pesar de la posición del gobierno colombiano. Según Marco Aurelio García, asesor del presidente Lula y privilegiado interlocutor de Chávez, "se pretende crear un grupo funcional que tenga credibilidad".

Más delicada es la actitud de Francia. Su gobierno transmite el mensaje a la guerrilla de que sus objetivos son posibles y actúa como martillo contra la administración Uribe. El presidente Sarkozy pidió "no excluir ninguna colaboración útil" para la liberación de los secuestrados, insiste en la intervención de Chávez y habla con él a espaldas de Bogotá. Tal comportamiento es recibido por las FARC como un triunfo de su estrategia y, en última instancia, es un aliento al terrorismo.

Un frente más peligroso lo protagoniza el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. Al reclamo de beligerancia hacia la guerrilla agregó la amenaza de una guerra con Colombia, al argüir, ante el secretario general de la ONU y en la OEA, falsas acusaciones de hostilidad y de violación de la soberanía nicaragüense. Quiere, al parecer, excusar una acción militar con asistencia venezolana. No puerilmente Ortega discutió la situación con Chávez.

Pero de la retórica provocadora se saltó a la provocación militar. Hace unos días el propio Ortega señaló que su fuerza naval había capturado un barco pesquero, "porque el permiso debió ser extendido por Nicaragua y no Colombia". La operación militar se realizó en mar colombiano, "unas millas al este del meridiano 82", que marca el límite fronterizo entre ambos países y que es objeto de disputa por Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia. Ese acto violatorio de la soberanía perseguía ser el detonante de una crisis militar. El gobierno de Uribe obvió el hecho, pero aunque tal actitud de prudencia sirve para evadir momentáneamente el tablado que montan Chávez y Ortega, hay que preguntarse: ¿hasta dónde y hasta cuándo podrá evitarlo?

Idéntico propósito persigue calificar a Colombia de punta de lanza de una invasión estadounidense a Venezuela. Aunque eso genera nacionalismo y contribuye a volver invisible la caída de su popularidad, no hay que descartar que Chávez quiera justificar un ataque preventivo a territorio colombiano o promover su propia Bahía de Cochinos, es decir, un evento militar sobre el cual se construya el mito de indestructibilidad de la revolución.

Estamos ante los preparativos de un complejo escenario bélico. A la luz de las enseñanzas de Liddell Hart, los movimientos descriptos corresponden a una estrategia de aproximación indirecta que "disloca" completamente las fuerzas militares colombianas, actualmente concentradas en el combate a las FARC.

Se las compele a "un súbito cambio de frente que implica dislocar la distribución y organización de sus fuerzas", obligándoselas a enfrentar simultáneamente una ofensiva general de la guerrilla, anunciada por los rebeldes a comienzos de este año, y por lo menos dos frentes externos: Nicaragua y Venezuela. Esa hipótesis no debe obviar que las agresiones de ambos países se complementen con abierto respaldo militar a las guerrillas.







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