El mandón va a la guerra

Por Venezuela Real - 8 de Marzo, 2008, 16:38, Categoría: Política Internacional

Elías Pino Iturrieta
El Universal
08 de marzo de 2008

El mandón no soporta su biografía, quiere hazañas que lo parangonen con el Che

De momento se avizora como un combate de computadoras, el arma a la que parece aficionado el ministro del Interior en sus últimas apariciones y de la cual alardean los colombianos mostrándolas como misiles, pero puede pasar a mayores.

Ahora sólo se vislumbra una contienda entre los mails de Jabón y Raúl Reyes, cargado cada uno de pormenores sobre delincuentes indignos de confianza, pero la situación puede degenerar en escabechina. Hablamos del conflicto entre el Ecuador y Colombia, no en balde la patética tercería de Venezuela puede mover a pronósticos funestos sobre los cuales nadie se ha atrevido a opinar con seriedad. Lo intentaremos ahora, partiendo de los peregrinos argumentos que han divulgado Chávez y sus acólitos para desbrozar el corredor que conduce a un campo de batalla.

Venezuela carece de un elemento concreto a través del cual pueda anunciar el estallido de hostilidades con Colombia, pero es precisamente la falta de razones o la ausencia de causas el punto desde el cual se puede pensar lo peor sobre un pleito que no nos incumbe. La pugna no es con nosotros, debido a que ningún soldado de Colombia ha cruzado nuestro territorio a matar guerrilleros, como sucedió dentro de los límites del Ecuador, pero según el mandón y sus seguidores nos debe concernir necesariamente. Aunque lo anhelan con fruición, los agitadores del oficialismo no han lidiado de veras con una "planta insolente" frente a la cual se levanten como campeadores de la nacionalidad. La Exxon apenas les ha servido de endeble subterfugio. Deben inventar otra "planta insolente", deben fraguar la presencia de un enemigo que merodea en las cercanías, hasta hacer de la engañifa la posibilidad de un conflicto deseado como la mayor de las bendiciones. En las sesiones de las OEA se ha palpado con elocuencia la postura. La abrumadora mayoría de sus delegados, haciendo gala de sensatez y buena voluntad, se pusieron a reflexionar sobre un conflicto binacional con la intención de encontrarle remedio, mientras la representación "bolivariana" se empeñaba en formar parte de la beligerancia para evitar una salida de conciliación. Puja- ba por la presentación de un trío en el cual llevara la voz principal, cuando la partitura se había compuesto para un dúo que sólo quería debutar y despedirse con el beneplácito del coro.

En el fomento empecinado de la enemistad, el mandón se lanzó al terreno movedizo de proclamar la heroicidad del delincuente abatido, a quien presentó como adalid de los proletarios y para quien pidió el homenaje del silencio. Por fin tomó partido públicamente, sin dejar espacios para la duda. Dentro del contexto en el cual pontificó, no sólo convirtió en bienaventurado al truhán que elogiaba sino que también ofició la canonización de las FARC. Antes, cuando hablaba de los guerrilleros, refería la existencia de comandos y células que les daban organicidad o coherencia, como a cierto tipo de banderías políticamente dignas que han existido en diversos lugares, pero no se había atrevido a postrarse ante la beatitud que lo iluminó después de la muerte de Raúl Reyes, a quien ascendió al santoral junto con otros apóstoles de su misma ralea. ¿Para qué la inopinada ceremonia? ¿Para qué la mudanza de demonios transfigurados en serafines? Para encontrar una causa capaz de provocar una inmolación, para llegar hasta el merecimiento del martirio.

El mandón no soporta su biografía de paracaidista corriente, quiere hazañas que lo parangonen con el Che y tiene tiempo buscándolas. Por desgracia, piensa que las ha encontrado en la otra orilla del Arauca. Pero también para meterse en la historia mayúscula a la cual acude con frecuencia. Debe recordarse que los territorios involucrados en el conflicto formaban la Gran Colombia, la creación del Libertador que desapareció por la traición de las oligarquías, según ha machacado su retórica superflua. ¿No le viene al pelo el pugilato entre reinosos y quiteños, para actuar como el heredero del padre cuya obra se ocupará de reivindicar con el auxilio de las pías legiones de Marulanda? Es una ocasión calva para la repetición de Boyacá y Carabobo, epopeyas que pueblan sus insomnios de capitán sin victorias militares, pero también para que los venezolanos olvidemos las calamidades de su régimen mientras viaja en el carro de una ofensiva que puede ofrecerle coartadas para mantenerse en el poder sin solución de continuidad. Los argumentos que han salido de la computadora del ministro del Interior no dan todavía para tanto, no en balde han comenzado por el dislate de comparar al general Santander con el presidente Uribe y a Raúl Reyes con San Jorge luchando contra el monstruo, pero en cualquier momento se pone el mandón a planificar el paso de los Andes y a anunciarlo por televisión.






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