Chávez después del laptop

Por Venezuela Real - 10 de Marzo, 2008, 18:11, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Ibsen Martínez
TalCual
10 de marzo de 2008

Si el Presidente guardara un minuto de silencio por los muertos venezolanos que deja la delincuencia – como lo hizo con Raúl Reyes– tendría que callarse para siempre

Espero que el lector no me juzgue impío si llamo la atención sobre la tragicómica manera de morir tan frecuente entre quienes la santurrona jerga que ha enriquecido el idioma en ámbitos como la OEA, el BID, las ONG y las salas de redacción llaman –en Colombia tanto como en Venezuela– "actores armados".

Raúl Reyes fue sorprendido por fuerzas militares colombianas mientras acampaba en territorio ecuatoriano. Se ha llegado a decir, no sé con cuánta veracidad, que algunos de los guerrilleros abatidos murieron en pijamas. Igual que en el famoso chascarrillo gramatical, a Reyes lo sorprendió la muerte, pero quien quedó realmente estupefacto fue Chávez.

Muchos venezolanos atribuimos, en un primer momento, la desproporción de las primeras reacciones de Chávez a la noticia de la muerte de Reyes, al mercurial talante de un mandón incontinente a la hora del denuesto y la amenaza.

Y nos apresuramos a vaticinar que todos sus vociferantes aprestos para una guerra con Colombia quedarían en agua de borrajas.

Un primer indicio de ello lo ofreció la conducta del propio ministro de defensa venezolano, tan sorprendido por la abrupta orden de prepararse para la guerra como cualquiera de nuestros pacíficos conciudadanos.

Sentado entre los cabeceantes ministros y viceministros que hacen parte del auditorio del maratónico "talk-show" dominical conducido por Chávez, el general se puso de pie y saludó marcialmente mientras recibía la perentoria orden de enviar diez batallones a la frontera.

Acto seguido, y en lugar de solicitar permiso para retirarse y ocuparse de inmediato en lo que se le ordenaba, el general volvió a sentarse y allí se estuvo, impertérritamente sentadito en su sitio hasta el final del programa, sin que los televidentes notasen ningún amago de echar siquiera mano al celular y retransmitir los designios del Máximo Líder.

Todo lo cual no hizo sino agrandar la perplejidad general ante la idea de una masiva movilización militar venezolana, ordenada como respuesta a un serio incidente fronterizo que, en cualquier caso, tan sólo involucraba a Ecuador y Colombia.

La mayoría de los observadores y "analistas" locales se quedaban de piedra cuando se les pedía alguna explicación. Como cabía esperar, lo atribuyeron todo al proverbial "pantallerismo" del siempre protagónico Chávez. Aunque hubo excepciones, como la de nuestro director quien, en uno de sus editoriales, interpretó la orden de Chávez como un movimiento preventivo destinado a brindar protección a los cuerpos de las FARC que, nadie lo duda, se hallan en territorio venezolano.

Se registraron algunas "compras nerviosas" por parte de amas de casa inquietas ante la perspectiva de guerra con un vecino con el que el intercambio comercial se contabiliza en miles de millones de dólares al año. Pero la ola de compras nerviosas terminó muy pronto: en realidad, es poco lo que hoy se ofrece en los anaqueles de los automercados. El arroz, la harina de trigo, los huevos siguen sin ser vistos por los venezolanos y el suministro de leche y azúcar se restablece lenta y erráticamente.

Por lo demás, en Caracas y las demás ciudades de importancia de Venezuela, el sentimiento general ante la idea de guerrear con Colombia no tardó en expresarse en las mil formas que puede cobrar la mamadera de gallo.

Esta semana menudearon episodios que alimentaron la sorna del público, como el de la caravana de tanquetas atrapada en un trancón en la Autopista Regional del Centro: una manifestación de airados taxistas había bloqueado la vía con sus vehículos.

El motivo no era protestar contra la guerra con Colombia sino contra la inseguridad ciudadana que reina en el país. La violencia desatada en Venezuela por el hampa común arroja semanalmente cifras de muertes equiparables a los de algunos fines de semana en Irak.

El venezolano de a pie seguramente desconoce el contenido de la Resolución 1.373 de la ONU, que prohíbe a todos los estados miembros brindar apoyo alguno a grupos terroristas en sus respectivos territorios y obliga a compartir cualquier información que sobre dichos grupos puedan obtener.

Pero lo cierto es que la crisis de descrédito que, aun entre sus –antiguos– electores más desposeídos, muchos de ellos colombianos con cédula venezolana, sufre el gobierno de Chávez por su ostensible ineptitud y corrupción, lleva a mucha gente de los sectores más humildes a repudiar la guerra en términos mucho más duros que los de la clase media.

"Chávez pide un minuto de silencio por ese señor que mataron en Ecuador", dijo un malhumorado camionero caraqueño a una amiga periodista que lo interrogaba sobre sus pareceres.

"Si Chávez guardara un minuto de silencio por los muertos venezolanos que deja la delincuencia todos los días –prosiguió–, tendría que callarse para siempre." Algo que claramente preocupa a los medios oficialistas –no hablo aquí de Chávez y su inmediato círculo de incondicionales, sino de gran parte del funcionariado venezolano– es lo que pueda haber en el disco duro de los laptops capturados, cuya data el gobierno de Colombia ha dejado filtrar.

El canciller Maduro, sin embargo, siempre notorio por su perspicacia, ha despachado la sola idea de que Chávez pudiese haber facilitado 300 millones de dólares a las FARC diciendo que se trata de un embuste demencial pues 300 millones, según el canciller, es tanto dinero que el hemiciclo de la Asamblea Nacional no alcanzaría para guardarlo.

En esto Maduro parece seguir la lógica de quien lava dinero en efectivo o desconoce el uso de la transferencia bancaria electrónica.

De nuevo, la sorna de la gente no dejó pasar semejante simpleza: "300 millones de dólares caben en una maleta sólo un poquito más grande que la de los 800.000 dólares regalados a la campaña de la Kirchner", escuché decir en una barra de La Candelaria.

No es fácil decidir quién ha perdido más en este lance, si Uribe o Chávez. Pero algo se ha puesto en claro, con o sin laptops: después de rendir inequívoco homenaje póstumo al camarada Raúl Reyes y amenazar con ir a la guerra por su causa, Chávez ya no podrá describir sus relaciones con las FARC con la ambivalencia de un "mediador de buena fe" con que ha querido venderse hasta ahora.





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