Crónica de la guerra que no fue, pero que todos perdimos

Por Venezuela Real - 16 de Marzo, 2008, 11:28, Categoría: Política Internacional

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
El Nacional
16 de marzo de 2008

Cancilleres esperan cerrar mañana el capítulo en la Organización de Estados Americanos
Al cabo de siete días demenciales, las aguas bajaron a su nivel en la grave crisis causada por el bombardeo colombiano a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano. Raúl Reyes era el más influyente de los miembros del secretariado. Sus cuatro PC dejaron en manos de Colombia una documentación con implicaciones mundiales

Las relaciones Uribe-Chávez han sido pendulares.
La crisis los hizo mirar hacia el abismo de una confrontación que atentaba contra ambas naciones
Del entendimiento entre Uribe y Chávez dependerá la paz y el bienestar en la región andina. La Cumbre de Santo


La tormenta en la selva

Apenas habían trascurrido los primeros minutos del primero de marzo cuando una flotilla de aviones Supertucano recibió orden de despegar de la base de Tres Esquinas, en Caquetá, con destino a la frontera colombo–ecuatoriana con instrucciones de bombardear lo que se describió como "un campamento móvil de las FARC", donde se ocultaba el comandante Raúl Reyes, número dos de la guerrilla, el hombre tras el trono crepuscular de Manuel Marulanda, o sea, el verdadero jefe de las FARC y heredero indiscutible.

El ataque representaba un problema de alta política, con ramificaciones impredecibles, pues el campamento estaba ubicado a 1.850 metros dentro del territorio ecuatoriano, y la decisión sólo podía ser adoptada por el presidente de la República. Esa fue la responsabilidad que asumió Álvaro Uribe Vélez en los días precedentes, cuando ya no hubo duda sobre la presencia del comandante en tierra ecuatoriana. La fecha y hora dependieron de ahí en delante del régimen de tormentas diluvianas que condicionan las operaciones militares en la selva.

Clareó la medianoche del viernes. A la 1:30 minutos del sábado primero de marzo, dos Supertucanos de fabricación brasileña atacaron el campamento donde dormían Reyes y una veintena de guerrilleros.

Un comando de tropas colombianas se fue aproximando con extrema cautela, mientras algunos guerrilleros trataron de impedir el rescate del cadáver de Reyes, pero ya al amanecer la operación estaba consumada. Las FARC habían sufrido la más severa baja en más de 40 años de guerra. De procedencia comunista, Reyes (alias de Luis Edgar Devia) estuvo a cargo alternativamente de las finanzas y de las relaciones exteriores de la guerrilla, siendo el más prominente de los negociadores de paz de San Vicente del Caguán. Quizás el más político de los siete comandantes del secretariado de las FARC.

La tormenta en la ciudad

Ahora la batalla quedaba a cargo de un solo hombre: Álvaro Uribe Vélez. El presidente de Colombia frente al sistema hemisférico de seguridad. El desafío más difícil no era otro que informar al presidente de Ecuador, Rafael Correa, que las Fuerzas Militares de Colombia habían incursionado dentro del territorio de su país para llevar a cabo el ataque contra el "campamento móvil" de Raúl Reyes. No es simple para un jefe de Estado reaccionar con comprensión frente a un suceso de esta naturaleza, donde se ponía en cuestión la soberanía nacional. No obstante, Correa pareció reconocer las razones de Uribe Vélez y disponerse a manejar aquella inevitable crisis con la ponderación necesaria.

Correa sabía que el comandante Reyes era el soberano de la región del Putumayo más allá de las líneas de la geografía y del color de los mapas. Las FARC utilizaban el territorio ecuatoriano para atacar a Colombia. Era, por consiguiente, un problema común. La soberanía no es una abstracción.

Ecuador tenía responsabilidad en la crisis al albergar el "campamento móvil" de Reyes. Con estos elementos a la vista, sin negar sus complejidades, el asunto era susceptible de ser controlado.

Inesperadamente, el domingo 2 de marzo apareció un tercero en discordia. El presidente de Venezuela se hizo parte de la crisis, adoptó decisiones de orden bélico como la movilización a la frontera occidental de 10 batallones, amenazó con el uso de cazabombarderos rusos, retiró el personal de la embajada en Bogotá, solicitó la salida de la misión colombiana en Venezuela, ordenó el cierre de la frontera y guardó un minuto de silencio en homenaje de Raúl Reyes, a quien llamó "verdadero revolucionario". El lenguaje presidencial correspondió al tono de tales medidas. En el otro extremo, Rafael Correa marcó el paso, usando el mismo diccionario.

La tormenta en el mar muerto.

La crisis andina se iba de las manos. Los países de la Gran Colombia cortejaban la guerra, así, sin más ni más, menospreciando su historia, menospreciando sus propios pobres pueblos, menospreciando el futuro y degradando el arte de gobernar. Un síntoma de que vivimos sobre un volcán de irreflexión y dogmatismo. Venezuela y Ecuador rompieron relaciones con Colombia, imitados por el guerrerista Daniel Ortega de Nicaragua, a quien nunca se le oirá una palabra sensata.

El martes 4, se reunió en Washington el Consejo Permanente de la OEA. Resonó sobre el mar muerto la artillería retórica. No pocos embajadores se escudaron (como de costumbre) en la ambigüedad. No obstante, ya desde el día anterior el Gobierno colombiano había comenzado a descifrar tres de los cuatro PC del comandante Raúl Reyes. La complicidad de un ministro ecuatoriano, Gustavo Larrea, quedó registrada en la memoria electrónica del guerrillero. Escrupuloso en sus cuentas y en sus cartas, Raúl Reyes dejó un legado incomparable. Todo está relatado en esos cuatro PC que el Gobierno de Colombia guardará como un tesoro.

El ministro Larrea se había entrevistado con Raúl Reyes, per son to person. Le prometió, según los PC de Reyes, reconocerle a las FARC el estatus de beligerantes, proporcionarles información sobre intereses colombianos en Ecuador, y "remover de la zona de frontera a los mandos de la fuerza pública ecuatoriana que fueran hostiles a la guerrilla". Larrea, ex alumno de la UCAB, es uno de los ministros más influyentes del gabinete de Correa. De modo que con la simple revelación de estos documentos electrónicos, y la sospecha de que habrían muchos más y quizás más comprometedores, la canciller de Ecuador, María Salvador, se vio en dificultades para armar sus alegatos en defensa de la soberanía ecuatoriana, sin aludir a las pruebas incriminatorias colombianas.

La propuesta de fondo pretendía una condena contra Colombia. De no ser por los PC de Reyes, es probable que Ecuador la hubiera logrado. El problema fue remitido por el Consejo Permanente a una reunión extraordinaria de cancilleres, previa una comisión de investigación de los hechos con participación del secretario general.

La tormenta en un vaso de agua

Nadie pensaba (o recordaba) que el viernes 7 de marzo los presidentes del Grupo de Río tenían prevista una cumbre en República Dominicana. En la agenda de los latinoamericanos apareció como caída del cielo, con todo lo impredecible y aleatorio de estas conferencias. Contra los pronósticos, todos los presidentes concurrieron, incluidos los tres protagonistas de la crisis, Uribe Vélez, Correa, Chávez Frías. Trasmitido el debate por Tele-Sur y CNN, en algunos países la sintonía fue abrumadora. Quizás los espectadores apostaban a la hora del boxeo, luego de tantas asperezas verbales.

El presidente colombiano compareció dispuesto a batirse contra el mundo, con el apoyo inesperado del legado que heredó de Raúl Reyes en sus PC.

Sus argumentos eran incontestables, la soberanía de la gente contaba tanto como la territorial. Nadie podía negarle la responsabilidad de Ecuador como santuario de las FARC.

Uribe se exaltaba, pero se controlaba. Puso a prueba el sillón donde se sentaba porque lo sacudía con gestos de refriega. Uribe se excusó con Correa por la incursión territorial.

Correa se indignaba más con las excusas que con los ataques.

La diplomacia es una mengua. Uribe ironizó a Kirchner y le lanzó un strike al modoso canciller Amorín.

Entre tanto, la gente esperaba con aprensión el momento en que indefectiblemente iba a arder Troya.

O sea, cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Fías, hiciera uso de la palabra, su arma preferida. Dios grande y generoso dispuso que en vez de Júpiter, hablara san Francisco de Asís. Los venezolanos no entendieron que se había operado el milagro que todos los días se nos niega. La paz se hizo. Se recogieron velas y agravios. Con ojos enrojecidos por la ira (y la soledad), Correa le dio la mano a Uribe. Se formularon propósitos de enmienda, y resucitó al séptimo día el Padre de las tres Patrias.

La tormenta, mañana

Es un error pensar que la crisis de fondo fue resuelta en la afortunada cumbre. También es un error pensar que la crisis no tiene solución o que estamos condenados a su reaparición cíclica. Para evitar percepciones equívocas es indispensable establecer las reglas del juego sin convencionalismos. Como foro para el intercambio y el diálogo el Grupo de Río cumplió fielmente su cometido. Nunca se había hablado con tanta franqueza.

Despojados los discursos de las referencias personales, los protagonistas señalaron una manera de proceder en el futuro: llamar las cosas por su nombre.

Como reza el documento fundacional se trata del "mecanismo de consulta y concertación política" suscrito por los cancilleres del Grupo de Contadora y del Grupo de Apoyo en Río el 18 de diciembre de 1986. Uno de sus objetivos propone: "Promover soluciones propias a los problemas y conflictos que afecten a la región". Fue lo que ocurrió en Santo Domingo.

No obstante, sus decisiones no son vinculantes. De modo que la cuestión debe ser examinada por la OEA, el Consejo Permanente o el Órgano de Consulta. Mañana lunes 17 se reunirán los cancilleres en Washington para analizar el informe de la comisión de investigación coordinada por el secretario general, José Miguel Insulza, enviada a la región fronteriza.

Los comisionados visitaron el campamento (in) móvil de Reyes, conversaron con Uribe y Correa. Cuentan, en fin, con todos los elementos para presentar un reporte comprensivo sobre los sucesos del primero de marzo. Un punto crítico será el de señalar la presencia de las FARC en territorio ecuatoriano. Correa suele decir que "Ecuador limita al norte con las FARC". Es un bumerang. Si Ecuador limita con las FARC es porque permite su presencia y, por consiguiente, pierde fuerza su acusación contra Colombia. Nadie debe lanzar la primera piedra. No hay inocentes en este conflicto. El diario El Comercio de Quito reportó el miércoles 12 que muy cerca del campamento guerrillero había sido descubierto un laboratorio de procesamiento de drogas.

En suma, las fronteras andinas son un rompecabezas para (des) armar. La soberanía nace de un compromiso colectivo de los Estados. Esta crisis pasará a la historia como la guerra que no fue, pero que todos perdimos. La OEA tiene el dilema de afrontar los complejos desafíos que se traducen en la ecuación narcotráfico–guerrillas como metamorfosis de la revolución.

La tormenta tiene un nombre

La tormenta tiene nombre propio y compuesto: se llama Uribe-Chávez. Ambos se necesitan y se rechazan.

Ni se quieren ni se odian, pero por ahí anda el fuego. Algunas características los unen, otras los dividen. Sus ideas son antagónicas. Sus relaciones, visiblemente, tienden a ser pendulares. Álvaro Uribe Vélez y Hugo Chávez Frías son prisioneros de algo mucho más fuerte que la voluntad de cada uno: las relaciones económicas, comerciales, humanas entre colombianos y venezolanos son tan profundas, la interdependencia tan grande, el modus vivendi tan enraizado en el intercambio y la comunión cotidiana que los habitantes de la frontera se fatigan de las interferencias e intromisiones de los poderes centrales que les quitan el pan de la boca.

Uribe quiso darle a Chávez una demostración de confianza ilimitada y lo invitó a ser el gran mago del canje humanitario. Al venezolano lo deslumbraron las candilejas: fue más allá de lo permisible. Se obsesionó con ir a la selva a tratar directamente con Marulanda. Llamó a generales colombianos. Uribe se alarmó y cortó por lo sano. El rey quedó desnudo. La vanidad herida, la ambición frustrada. De esos polvos vienen estos lodos. Uribe-Chávez se llama el nombre de esta crisis. En la cumbre dominicana del Grupo de Río Uribe fue con un arsenal. Chávez lo desarmó con una sonrisa y buenos modales. En esto radicó el éxito de la cumbre.

La pregunta ahora es inevitable: ¿otra vez amigos? Pues sí. El jueves 13 a las 5:30 de la tarde el venezolano llamó por teléfono al colombiano. Hablaron 20 minutos. Quedaron a verse en unos días. Un comunicado nos dio la buena nueva. Los mandatarios proclaman la necesidad no sólo de mejorar las relaciones entre los dos países, sino la de restablecer "la confianza entre los gobernantes". Dios los ilumine y enmiende. En su diálogo abogaron por un acuerdo de colaboración mutua "para que tanto Colombia como Venezuela no sean víctimas de grupos violentos, cualquiera sea su origen".

Venezuela no podrá ver a Colombia como "peón del imperio". Si el imperio está en Colombia la responsabilidad es de las FARC que libran una guerra impropia. Con este humilde principio sobre los grupos violentos aplicado a toda la región (Venezuela, Ecuador, Colombia) todos viviremos con tranquilidad y la paz improbable quizás alumbre horizonte tan nublado.










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