Sainete

Por Venezuela Real - 16 de Marzo, 2008, 17:33, Categoría: Política Internacional

Fernando Ochoa Antich
El Universal
16 de marzo de 2008

Definitivamente, Leonel Fernández se equivocó. Transformó, sin querer, una importante reunión del Grupo de Río en una especie de Sainete. Esa es la verdad. Nuestros pueblos no pueden aún entender lo que ocurrió. No es posible jugar de esa manera con su credibilidad. El reclamo del Ecuador al gobierno de Uribe era más que justo: se había violado su soberanía. La posición de Colombia señalaba, con pruebas indiscutibles, la responsabilidad del Ecuador y Venezuela al permitir a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional utilizar sus territorios como zonas de alivio y facilitar apoyo logístico a sus operaciones militares. Unas acusaciones de tanta gravedad, que fueron acompañadas además con ofensas personales entre los jefes de Estado, no podían resolverse, en medio de abrazos y apretones de mano, como si nada hubiese ocurrido. Era, sencillamente, una total falta de seriedad.

De todas maneras, es de gran importancia evaluar el resultado de la cumbre de Santo Domingo. El comunicado final fue equilibrado, prudente y objetivo. Allí quedó convenientemente plasmado el rechazo de los miembros del Grupo de Río a la violación del territorio ecuatoriano por las Fuerzas Armadas colombianas, el  compromiso de Colombia de no repetir hechos similares en el futuro bajo ninguna circunstancia, y el acuerdo de combatir las amenazas a la seguridad de sus Estados provenientes de la acción de grupos irregulares o de organizaciones criminales, en particular de aquellas vinculadas a actividades de narcotráfico, dejando Colombia claro que considera a esos grupos como terroristas. No fue sorpresa para nadie que no fueran tomadas en cuenta en dicho comunicado  las imprudentes intervenciones del Daniel Ortega sobre el problema territorial entre Colombia y Nicaragua y la absurda movilización de las Fuerzas Armadas venezolanas a la frontera con Colombia.

La pregunta que tenemos que hacernos es si este comunicado resuelve realmente los conflictos existentes en la región andina. La respuesta es no. Es verdad que facilita la normalización de las relaciones diplomáticas entre Colombia, Ecuador y Venezuela, permitiendo iniciar importantes negociaciones para resolver la creciente crisis entre esos países.  Lamentablemente, los problemas de fondo son mucho mayores que los considerados en dicho comunicado. Primero, existe un grave distanciamiento de orden ideológico. Venezuela, Ecuador y Bolivia son  gobernados por regímenes de izquierda radical que plantean la vigencia de lo que han llamado el socialismo del Siglo XXI; Perú y Colombia mantienen la vigencia de la democracia representativa. Además, el objetivo inmediato de la revolución bolivariana es lograr imponer en Colombia un gobierno ideológicamente cercano a sus ideas. Esa aspiración conduce obligatoriamente a la intervención en sus asuntos internos.

En mi anterior artículo mantuve como tesis que la vía diseñada por Hugo Chávez  para alcanzar el poder en Colombia nunca ha sido el camino de la violencia. Al contrario, su estrategia es lograr influir en la opinión pública colombiana a objeto de imponer un candidato de izquierda radical en las próximas elecciones. De allí la gran importancia que tiene la liberación de los rehenes secuestrados por las FARC. Esta estrategia exige  del fracaso de la política  de Seguridad Democrática, establecida como prioridad por el presidente Uribe, antes del proceso electoral presidencial colombiano. De allí el respaldo que los gobiernos de Venezuela y Ecuador dan a los subversivos colombianos. Es imprescindible lograr que las FARC resista la ofensiva de las Fuerzas Armadas colombianas. El factor tiempo es fundamental.

El presidente Uribe requiere de la derrota de los grupos subversivos para imponer un candidato que gane las elecciones; Hugo Chávez necesita que las FARC resistan militarmente para demostrarle al pueblo colombiano el fracaso de la guerra como camino para obtener la paz  e imponer una nueva negociación con las FARC. Esta es la única explicación que tiene el habilidoso discurso de Hugo Chávez en la reunión del Grupo de Río. De sus filípicas encendidas pasó a una suave y meditada intervención toda llena de anécdotas intrascendentes para darle real importancia al mensaje que significó la presencia de la señora Yolanda Pulecio, madre de Ingrid Betancourt, en la delegación venezolana. El espectáculo sólo buscaba borrar de la consciencia colectiva la orden de movilizar diez batallones de tanques a la frontera colombiana. Los abrazos de los presidentes de Colombia, Ecuador y Venezuela no son suficientes para superar una crisis geopolítica de tanta importancia. Ojalá Leonel Fernández aprenda la lección.






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