Jorge Urosa Savino: "Yo me confieso un pobre pecador"

Por Venezuela Real - 23 de Marzo, 2008, 11:56, Categoría: Cultura e Ideas

JAVIER CONDE
El Nacional
23 de marzo de 2008

Formado como hombre de la Iglesia en la década del sesenta, el arzobispo de Caracas, que celebra mañana dos años de su designación como Cardenal, tiene convicciones profundas, vinculadas a las "grandes verdades" del cristianismo.
"Ni antes ni ahora, un sacerdote debe empuñar el fusil o meterse en la arena política", dice tajante
El Cardenal Urosa revela que hay un florecimiento de las vocaciones en el occidente del país
 
Monseñor Urosa fue bautizado con el nombre de Jorge Liberato. "Liberato significa Liberado", dice. ¿Un destino marcado? En verdad era el nombre del abuelo y también el de un monje italiano. Criado en una familia de gran religiosidad, alumno de intensa actividad social en el colegio La Salle, cuando culminó cuarto año de bachillerato ya había tomado la decisión de hacerse sacerdote. "Comprendí el bien que uno podía hacer llevando la palabra de Jesucristo", explica. La familia lo aceptó de buen agrado aunque no había antecedentes. Entró al Seminario de Caracas, donde encontró dos personalidades que considera extraordinarias y que ejercieron sobre él una influencia determinante: Miguel Antonio Salas, primer rector del Seminario, y el cardenal José Humberto Quintero. Se hizo cura en 1967, obispo auxiliar de Caracas en 1982, en 1990 fue enviado a Valencia donde pasaría 15 años y medio. Mañana se cumplen dos años de su designación como Cardenal.

Viste de riguroso negro. Su despacho, en la sede del Palacio Arzobispal, frente a la plaza Bolívar, es amplio y austero.

Al lado izquierdo, al entrar, hay cuatro sillas dispuestas en pares enfrentados que ocuparemos en breves instantes; y un poco más allá el escritorio sobre el que reposan papeles, libros y algunos objetos religiosos. Es un hombre afable, al que le gusta escribir y leer novelas de misterio.

-Cuando se hizo sacerdote la Iglesia vivía bajo el impacto del Concilio Vaticano II ¿lo recuerda? -Fue una época muy interesante, de una gran renovación en la Iglesia, se avanzó mucho.

A pesar de que algunas cosas hayan sido mal interpretadas, como si se pretendiera provocar una ruptura con el pasado, fue una evolución, una apertura hacia una época nueva pero siempre en la continuidad de las grandes verdades que son servir a Dios y al mundo.

-Quizás de ahí se desprende el compromiso con los pobres que Juan Pablo II anunciaría en la conferencia episcopal de Puebla años después ¿Intentaba la Iglesia el deslinde con los factores de poder?
-En Venezuela, la Iglesia siempre ha estado con todo el pueblo, los obispos siempre han sido gente modesta. El compromiso con los pobres es una gran intuición de la Iglesia en América Latina y por parte del Concilio Vaticano II en su documento Gozo y esperanza. Es una exigencia del Evangelio que nos compromete a todos los católicos, especialmente a los pastores, para llevarle los dones de Dios a nuestros hermanos más pobres.


-Son también, a principios de los setenta, los días de la teología de la liberación, de los curas que se van a la guerrilla, como Camilo Torres.
-Sí, lamentablemente.


¿Que pensó entonces, cómo vivió aquello?
- Me causó mucho dolor porque yo tengo muy claro que el sacerdote no es para empuñar un fusil ni para meterse en la arena política, sino que es para servir a Dios, al pueblo en las cosas que son de Dios. Lo cual no significa que no tengamos una palabra con relación a la vida social que es la vida de la gente.


-Pero aquel era un panorama terrible, de tiranías, dictaduras, en el cual la injusticia era muy visible.
-Todo tiene una explicación, pero no es el camino, ni antes ni ahora, nuestro camino es el del Evangelio, el de la palabra de Dios, de la palabra promotora del ser humano.


-¿Es el venezolano un pueblo religioso?
-Sí que lo es, y mucho. Eso se ve en todos los pueblos, en la Cruz de Mayo, en los Diablos de Yare, en la Paradura del Niño.


-Religioso pero no sólo católico.
-Predominante católico, aunque esa religiosidad tiene que ser alimentada, nutrida, promovida por una más intensa y clara evangelización.


-En países como México, Colombia, Nicaragua uno intuye un mayor fervor católico.
-En México sí, y en algunas partes de Colombia. Desde los tiempos de la independencia hemos vivido una situación de penuria en el clero, de escasez de clero. Hay que recordar que la batalla de La Victoria en 1813, la hizo Rivas con los seminaristas y allí se diezmó lo que iba a ser el relevo sacerdotal del país y comenzó esta situación. Luego la Guerra Federal fue un descalabro para la familia, que es el semillero de las vocaciones.


- Y después vino Guzmán Blanco.
- En ese período la prepotencia dictatorial de ese caballero se cebó en los ataques contra la Iglesia porque la Iglesia mantiene una independencia y autonomía con respecto al Estado. Acatamos las leyes, somos ciudadanos ejemplares, pero preservamos nuestra independencia y autonomía y eso a los gobernantes en general no les gusta.


-¿Hay vocación ahora en la gente joven?
- La hay más en unas partes que en otras. Más hacia el occidente del país. Hay un florecimiento de las vocaciones en los estados Lara, Falcón, Zulia, los andinos, incluso en Barinas. En Caracas, por la situación difícil de la ciudad, hemos tenido como una especie de bajón; pero lo estamos superando.


-En momentos específicos de la historia, religión y libertad han marchado por caminos separados...

-¿En cuáles?
La Iglesia promueve siempre la libertad para el bien.


-El pensamiento del hombre ha chocado contra los dogmas de la Iglesia, Galileo Galilei...
-Ese es otro problema.

-Y la Inquisición...
-Hay que ponerlo en el contexto de la época, eso fue una cosa terrible, la Iglesia estaba sujetada al poder temporal que la utilizó para sus fines, cuando se libera de ese poder entonces corrige esos errores tan graves. El hecho de que la Iglesia le diga a una familia que el aborto es pecado, que la homosexualidad es pecado, que el relajo afectivo sexual es pecado, no es contra la libertad humana, le está indicando los peligros que hay en actividades contra su propio bienestar y su propia felicidad.

-La Iglesia podría reconocer que no le pertenece toda la verdad en ese terreno...
-En el campo de la moral, la Iglesia tiene toda una visión absolutamente seria, muy estudiada, que tiene que ver con la realidad de la naturaleza propia del ser humano y con la presencia del Espíritu Santo para la asistencia moral.

-Una sociedad como la española, de tanta tradición católica, aprobó durante el ejercicio de este gobierno socialista el matrimonio de parejas no heterosexuales.
-Lo cual es un verdadero desastre, va en contra de lo que es el matrimonio, que es una institución para fortalecer a la familia, para fortalecer a la sociedad. Una unión homosexual puede ser una unión de tipo civil, reconocida tal vez por la sociedad dentro de ciertos límites, pero de ninguna manera es matrimonio. Eso es un abuso de lo cual se arrepentirá España en un futuro.


- El Vaticano produjo una nueva lista de pecados.
-No, no es verdad tal cosa. Lo que ocurre es que la moral observa que hoy en día existen situaciones que no había hace 30 ó 50 años, como, por ejemplo, la manipulación genética.

Hay conductas que en las circunstancias actuales constituyen pecados que antes no se conocían.

-Juan Pablo II dijo que el cielo no es lugar físico sino mental, pero Benedicto XVI lo ha corregido e insiste en que es un espacio físico.
-Yo no he leído nada de eso, pero no es un lugar sino una situación espiritual. Los espíritus no tienen lugar porque no son materiales y los lugares sí lo son.


-¿Ustedes en la Iglesia venezolana discuten de esos temas o están preocupados por otros asuntos?
-Nuestras preocupaciones van por otro lado. Esas parecen discusiones bizantinas, de salón, nuestra preocupación es cómo llevarle el Evangelio a tantos fieles que no lo están recibiendo, promover la defensa de la vida, para que en Venezuela haya una afirmación de la vida humana contra ese baño de sangre permanente.


-Sin embargo, en algún punto hay conexión entre esos asuntos en apariencia tan alejados: la religión promete el paraíso pero la gente quiere de alguna forma que se haga en la tierra.
-El cielo es la felicidad sin mezcla alguna de amargura, es la felicidad eterna y nosotros ansiamos la felicidad.


-¿Se puede llegar al cielo en vida?
-No, no, eso no es cierto. Podemos tener una dosis de felicidad en la tierra en la medida que nosotros vivamos de acuerdo a la palabra de Dios.


-¿Pero no sería el cielo?
-No sería el cielo, lo tendremos al final de la vida terrenal, el ser humano está hecho para la felicidad, Dios ha sembrado ese anhelo en nuestros corazones, es el autor de la felicidad, es la felicidad plena.


-Padre ¿usted se confiesa?
-Por supuesto.

-Y siempre con la misma persona.
-Por lo general con la misma persona.


-¿Y cuáles son sus pecados?
-Bueno, tú no eres mi confesor...pero uno tiene una gran cantidad de fallas, de momentos difíciles en los que uno no es suficiente fiel a Dios, en que no cumple con todos los deberes, que le falta virtud en algunos aspectos. Son fallas normales de un ser humano que gracias a Dios no llegan a ser graves. Yo me confieso un pobre pecador.

 






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