Contrapunteando

Por Venezuela Real - 27 de Marzo, 2008, 15:55, Categoría: Economía

Ricardo Villasmil Bond
TalCual
27 de marzo de 2008

La forma improvisada y reactiva de responder a la coyuntura económica no es nueva en Venezuela. Esta suerte de contrapunteo entre la realidad y la política económica ha sido lo característico de la gestión pública en los últimos 30 años. Lo distintivo ahora es la aparente decisión de privilegiar la satisfacción de las necesidades de corto plazo de los sectores populares para prevenir brotes de violencia o insatisfacción

Evaluar la situación actual de la economía venezolana no es tarea fácil. Tal y como lo indica el más reciente informe de Transparencia Internacional, la opacidad es quizás la característica más resaltante del gestión económica de este gobierno. Los ingresos petroleros, por ejemplo, son un misterio.

Desde hace algún tiempo, las cifras oficiales de producción se han ido separando de las suministradas por organizaciones encargadas de cuantificar los transportes mundiales de crudo y productos, al punto de que no sólo la Agencia Internacional de Energía (a quien podría tildársele de "imperialista") sino también la OPEP, estiman niveles de producción hasta un 25 por ciento menores a los reportados por el gobierno.

De ser ciertas las estimaciones de la OPEP, las cifras de exportaciones petroleras publicadas por el Banco Central estarían sobrestimadas, ante lo cual surge la pregunta: ¿cómo cuadran las cuentas de la Balanza de Pagos? ¿Será que el nivel real de Reservas Internacionales es correspondientemente menor al reportado? Algunos especulan que la sobreestimación es compensada inflando la cuenta de salida de capitales del sector público, lo cual no alteraría el nivel de Reservas Internacionales reportado por el Banco Central.

DESINFORMACIÓN

Las cuentas fiscales son naturalmente más engorrosas de estimar, especialmente a partir de la Reforma de la Ley del Banco Central del año 2005 que creó el concepto de reservas excedentarias, el Fonden como ente parafiscal de ahorro y gasto y el Fondo Rotatorio de Pdvsa. De ninguno de ellos se dispone de información oportuna y confiable, y para complicar aún más las cosas, Pdvsa se transformó también en un ente de gasto público, y como vimos en el párrafo anterior, sus cuentas son también un tanto oscuras. Con tantos "bolsillos", saber qué está pasando viendo los movimientos de uno solo de e! llos, el del gobierno central, por ejemplo, no sólo no nos dice mucho, sino que puede conducirnos a conclusiones erróneas.

Veamos entonces qué se puede decir de con relativa certeza decir a partir de la poca y fragmentada información con la que se cuenta. Sabemos, por ejemplo, que la economía venezolana ha crecido de manera espectacular durante los últimos cuatro años.

Impulsada por un crecimiento espectacular de los precios del petróleo (de 33 dólares por barril para la cesta venezolana en el 2004, a 46 en el 2005, a 56 en el 2006, a 64 en el 2007 y en lo que va de este año va por encima de los 85) y gracias a ello del gasto público (como ya dijimos, no hay manera de cuantificarlo con precisión), la economía venezolana ha crecido hasta colocar ingreso por habitante del año 2007 46% por encima del nivel alcanzado durante el año 2003 (pero un modesto 12% desde 1998 para un crecimiento promedio anual de apenas 1,3 por ciento desde entonces).

El crecimiento reciente del consumo final de los hogares reportado por el Banco Central arroja cifras impresionantes: 16% en el 2004, 16% en el 2005, 18% en el 2006 y 19% en el 2007; un crecimiento acumulado de casi 88% que por desgracia no ha venido acompañado por un boom simultáneo en la inversión nacional o extranjera sino por el cierre o reducción de operaciones de muchas empresas en el país y del deterioro acelerado de los indicadores de riesgo de inversión y de respeto al Estado de Derecho.

CRECIMIENTO PREOCUPANTE

La calidad y la sostenibilidad del crecimiento son, por ende, preocupantes. Al discriminar el crecimiento por actividad económica, por ejemplo, notamos en primer lugar una caída sostenida en la actividad petrolera, consistente con la caída en la producción de crudo y del sector en general registrada por las agencias internacionales arriba mencionadas.

Entre las actividades no petroleras, notamos un sesgo preocupante hacia sec! tores li gados al consumo, y en particular, hacia bienes de origen importado que si bien no agregan directamente al Producto Interno Bruto venezolano por originarse en el exterior, sí lo hacen de manera indirecta a través de las actividades de transporte, mercadeo, publicidad, comercialización, servicios financieros, etc. asociadas inevitablemente a ellas, lo cual evidencia la peculiaridad saudita o de economía de puertos que caracteriza el boom económico venezolano y que lo hace muy dependiente de los precios petroleros y por tanto vulnerable incluso a pequeñas caídas en estos últimos.

Una segunda forma de medir la calidad del crecimiento es a través de su impacto en la generación de empleo y en las remuneraciones de los trabajadores. En este sentido, las cifras oficiales indican una muy baja generación de empleos priva dos,ya que la reducción del desempleo obedece más a una mayor proporción de personas que ahora no buscan trabajo (algunos supuestamente como consecuencia de estar inscritos en una Misión y recibiendo ingresos por ello) y del abultamiento de la nómina del sector público.

El patrón se repite en las remuneraciones: según el índice de remuneraciones publicado por el Banco Central, durante los últimos entre el 2004 y el 2007 las correspondientes al sector oficial han aumentado en casi 200 por ciento, las del sector privado ha aumentado apenas 32%.

LA POBREZA

Y finalmente, la calidad del crecimiento se refleja en su impacto sobre los índices de la pobreza y desigualdad. En cuanto a la pobreza de ingresos, el boom económico ha provocado reducciones importantes en la pobreza gracias a aumentos en el ingreso que según algunas encuestadoras privadas (Datanálisis, por ejemplo) ha sido incluso mayor en las clases populares que en los estratos elevados de ingreso.

Medidas menos coyunturales o más estructurales de pobreza basadas en aspectos tales como los materiales de construcción de la vivienda y el acceso a servicios básicos, sin embargo, reflejan pocos cambios, precisamente en virtud de los escasos niveles de inversión pública y privada en estas áreas. La desigualdad reportada por el INE, por su parte, no muestra cambios significativos, aunque llama la atención una ligeramente mayor concentración del ingreso en los deciles más ricos.

Pero el rasgo más característico y preocupante de la economía venezolana actual es la aparentemente paradójica aparición en pleno boom de consumo de la dupla escasez-inflación de alimentos básicos en particular, consecuencia natural de las presiones de demanda provenientes del boom de consumo, del relativo estancamiento (e incluso reducción en algunos rubros) de la producción local, de la inflación mundial en materias primas y en alimentos, del debilitamiento del dóla! r frente a otras monedas y de rezagos importantes en los precios de los bienes sujetos a controles de precios. El gobierno ha decidido enfrentar esta dupla a través de medidas punitivas hacia los "especuladores" (intensificando el problema de escasez) y con la importación directa de bienes en situación de escasez para ser expendidos en las redes Mercal y Pdval.

Durante el último mes, los índices de escasez han aparentemente disminuido un poco, y digo aparentemente porque el indicador oficial de escasez que publicaba el Banco Central conjuntamente con el resultado de inflación ya no se publica. El problema es que dada la escasez y el encarecimiento mundial de los alimentos, satisfacer niveles crecientes de consumo es cada vez más complicado, razón por la cual urge estimular la producción nacional y frenar un poco el crecimiento en el consumo a fin de reducir las presiones inflacionarias.

En un año electoral, sin embargo, la ortodoxia económica no es la mejor consejera, razón por la cual el gobierno parece optar por medidas muy parciales e insuficientes tales como la liberación de precios sólo en casos extremos, es decir, cuando es evidente que no hacerlo paralizaría la producción, el aumentos de las tasas de interés con el objeto de frenar el consumo y estimular el ahorro, pero a niveles inferiores a la inflación y por tanto incapaces de funcionar como estímulos efectivos, la venta de divisas de manera poco transparente para bajar la cotización del dólar en el mercado paralelo y un relativo control del gasto primario del gobierno central y del crecimiento de la liquidez monetaria.

En esencia, esta forma improvisada y reactiva de responder a la coyuntura económica no es nueva en Venezuela. En efecto, esta suerte de contrapunteo entre la realidad y la política económica ha sido lo característico de la gestión pública durante los últimos treinta años. Lo distintivo en este caso es la aparente decisión de privilegiar la satisfacción de las necesidades de corto plazo de los sectores populares para prevenir brotes de violencia o insatisfacción en lo que ha sido hasta ahora su electorado natural, aún cuando ello resulte en un mayor deterioro del clima de inversión.

Así, se restringe la importación de vehículos y auto partes, pero en beneficio de mayores volúmenes de compras oficial de leche importada.

El problema, tal y como no muestra la infinidad de políticas populistas aplicadas en Venezuela y en América Latina durante los últimos treinta años –y más recientemente y de manera mucho más elocuente en Zimbabwe-, es que tarde o temprano terminan cosechando lo que sembraron: "pan pa’ hoy y hambre pa’ mañana".







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