Cero punto cero ocho

Por Venezuela Real - 30 de Marzo, 2008, 15:06, Categoría: Dimensión Social

TULIO HERNÁNDEZ
El Nacional
30 de marzo de 2008

La escena es aterradora. Pero también denigrante.

La imagen de un hombre absolutamente ebrio que conduce un autobús cargado de pasajeros haciendo "piques" con otros dos autobuseros mientras le pide más cervezas a su ayudante es, sin exageración alguna, el testimonio de que algo anda muy mal en el país.

Era eso exactamente, según lo cuenta el sobreviviente Juan González (El Nacional, martes 25 de marzo, C-16), lo que sucedía el domingo pasado dentro de la unidad Ford modelo C-60 al final de la carretera Falcón-Zulia, pocos minutos antes de que colisionara y se incendiara, y dejara la triste cifra de 13 jóvenes carbonizados y 5 heridos al borde la muerte.

Los muchachos, cuyas edades oscilaban ente los 15 y los 18 años, regresaban de la playa adonde habían ido en plan de vacaciones de Semana Santa. Algunos protestaron por lo que ocurría, pero el chofer no les escuchó. Ahora, como una buena parte de los pasajeros que transportaba, sólo es recuerdo. La pregunta inevitable es: ¿Qué puede estar pasando por la cabeza de alguien que pone en juego de tan frívola manera la vida de un grupo de jóvenes? ¿Qué sentido de la responsabilidad, valoración de la vida, noción de la ética profesional puede tener un ser humano que actúa de semejante manera? Como el hecho no es una excepción sino una patológica tendencia colectiva estadísticamente demostrable, las interrogantes hay que colocarlas en otro nivel.

Para que tengamos una idea de lo ocurrido en Semana Santa en las carreteras venezolanas imaginemos tres autobuses de turismo, uno detrás de otro, con cada uno de sus asientos ocupados por un cadáver. Más 26 autobuses igualmente alineados con sus asientos ocupados por venezolanos heridos. Ese ha sido el resultado que ofrecen las cifras oficiales: 133 fallecidos, 1.022 lesionados, 64% de los accidentes debido a exceso de velocidad, 14% al mal estado de las vías y 13% a conductores bajo efectos del alcohol.

¿Quién tiene la mayor responsabilidad en lo ocurrido? ¿Estamos ante hechos de responsabilidad individual o ante un verdadero problema de salud pública? ¿Cómo se explica que a pesar de tanto despliegue de vigilancia el número de accidente sea tan alto y desgarrador como en los tiempos anteriores que el chavismo odia y quiere borrar de la historia? ¿Por qué un gobierno que se supone propicia una revolución no logra revertir la carnicería humana ni generar entre los ciudadanos relaciones y actitudes de mayor solidaridad y respeto por la vida? No hay que ser un gran especialista para saber lo que ocurre. Estamos ante un problema de cultura ciudadana, de ausencia de formación, entrenamiento y educación para la convivencia, que no puede ser sustituido por un "operativo" de emergencia con millares de funcionarios tratando de hacer en una semana lo que no hacen el resto del año.

Hace mucho tiempo que no se realizan en Venezuela campañas sistemáticas de educación vial como las que alguna vez, con éxito indudable, efectuó el fallecido Renny Otolina.

Tampoco hay campañas masivas para que se respete y considere a los demás: contra el ruido, el lanzamiento de basura en las vías públicas, la cortesía con los clientes y usuarios de oficinas públicas y privadas atendidas por funcionarios cada vez más hostiles, el buen trato de motorizados a conductores de automóviles y a la inversa, el respeto entre adversarios políticos.

Estamos en los tiempos del venezolano feo. Cada vez más entrenado en el odio y el "métetelo por el bolsillo" del argot presidencial en el afán por la convivencia pacífica, el respeto por las diferencias, la reivindicación de los derechos propios sin menoscabo de los del otro, la atención a las mínimas normas colectivas y la amabilidad con los demás, que tan grata hacen la vida en común.

Es un asunto de prioridades.

Tan ocupados están nuestros gobernantes en las "gestas históricas" de las luchas de las FARC, la coronación de Hugo Chávez como líder mundial y la oportunidad de hacer morder el polvo al imperialismo que las orgías de muerte que cabalgan entre nosotros se perciben como hechos menores y de poco valor.

Lo dice muy bien Rodríguez Chacín, el insuperable ministro del Interior: "Al final sólo murieron 0.08 personas de cada 100.00 que disfrutaron del asueto". Sólo una pregunta: y si los tres autobuses estuviesen ocupados, Dios no lo quiera, por los cadáveres de los hijos, los familiares y los mejores amigos del ministro, ¿cuánto valdría 0.08? ¿Poco o mucho?





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