Los asesores de imagen

Por Venezuela Real - 30 de Marzo, 2008, 16:36, Categoría: Política Nacional

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
30 de marzo de 2008

Son especialistas en una materia escurridiza: el gusto de los demás. Supuestamente, ven de cerca esa subjetividad multitudinaria que conocemos como la popularidad. Se trata de un oficio que bien puede parecer una eficiente disciplina o una descomunal payasada.

Es una especialidad fundada en un algo intangible, en un algo tan algo, tan no definido La imagen es un movimiento, a apunto de. Siempre está por hacerse.

No importan las técnicas, los recursos garantizados, los laboratorios, el diseño de encuestas o la organización de fo cus groups. Tampoco importa demasiado la interacción con otras ciencias ocultas como la psicología o el diseño gráfico.

En el fondo, si no tienes lo otro, nada sirve ¿Lo otro? Sí, lo otro ¿Y qué diablos es lo otro? Ahí justamente comienza el universo invisible. Ahí nace un asesor de imagen. Lo otro es la nada y es el todo. Lo otro es la intuición, el pálpito; lo otro es rapto inexplicable, chispazo, ese no sé qué que de pronto ocurre, acontece. Tan sólo una idea que sucede.

A primera vista, parece algo tan sencillo. Manejan un arte que no se estudia y son expertos en el sentido común. Tal vez, por esa misma aparente facilidad, hay tantos. Muchos.

Muchísimos. Opinar, criticar, cuestionar...son verbos muy democráticos. Todos somos expertos en esas conjugaciones.

Amos Oz afirmaba que venía de un lugar donde los taxistas saben cómo gobernar al país.

Hablan de eso todo el día. Son un síntoma. Lo mismo pasa acá, lo mismo pasa en cualquier esquina del planeta. Todos tenemos un asesor adentro. Afloja, permite que fluya, déjalo salir. Es mucho más fácil ir a una oficina y proponer un cambio de imagen que ir a un quirófano a ensayar un transplante de hígado. Pero, aún en el territorio de los signos, las consecuencias de una negligencia pueden ser fatales.

En la publicidad, también hay sangre.

En varias zonas de la ciudad, hay unos afiches colgados donde –serio y combativoaparece Pablo Medina, señalándonos con un dedo acusador "Voy por ti", dice la leyenda. ¿Y yo qué hice?, se preguntará entonces el transeúnte, acoquinado ante ese dios castigador que lo amenaza desde lo alto de un poste de luz. Nunca he entendido bien este empeño de algunos líderes: se comportan siempre como si tuvieran a Chávez delante, como si Chávez – y no nosotroslos estuviera viendo, oyendo. Sus ganas los traicionan.

Pero mientras Medina, guiado por sus asesores, supongo, aparece como un perseguidor agresivo, violento, en plan de aprieta el ombligo que te voy a joder; el presidente Chávez, guiado por sus asesores, también supongo, ha variado totalmente su imagen. En muy poco tiempo, nos ha demostrado la mutación imposible: del Tiranosaurio Rex a Bambi.

En este proceso de transformación la que lleva la peor parte, me parece, es María. Sinceramente, me conmueve la hija del Presidente. Deduzco que alguno de estos expertos en el corazón popular y en el melodrama cotidiano, debió proponer que nada suavizaba más la imagen del Presidente que la paternidad, que una relación afectuosa y entrañable con su hija. Tal vez por algo así, de un tiempo para acá hemos visto a la pobre muchacha de arriba para abajo, acompañando a papá a muchos actos oficiales. Es un oficio arduo, difícil. Por más ternura filial que uno tenga, por más cuarto mandamiento que respete, todos sabemos que acompañar a un padre a su trabajo es un castigo, un rotundo fastidio.

Esta semana, en un larguísimo almuerzo con los corresponsales extranjeros, ahí estaba María. Con media sonrisa. Escuchando. Mirando de lado. Sonriendo cuando papá la observa. Apenada cuando papá le pregunta algo en voz alta. Sin saber muy bien dónde poner los ojos cuando papá le toma la mano y la vuelve a nombrar. Cumpliendo con su labor. Toda la situación luce embarazosa. Porque del lado del Presidente, tampoco el momento es demasiado natural. ¿A qué padre se le ocurre inmiscuir a un hijo o a una hija en una reunión de trabajo? Tal vez sea ése el dato relevante, la evidencia que descubre, por detrás, la sonrisa de un asesor de imagen.

La importancia que el poder dominante le ha dado a lo mediático marca, en más de un sentido, la dinámica actual de nuestra sociedad.

Basta revisar la cantidad de medios que controla el gobierno o las fortunas que gasta en publicidad y en programación, espacios que a veces, además, no son claramente diferenciables. Basta ver la exposición del Presidente y sus ministros, a veces incluso parece que gobiernan por y desde la televisión. Sin escenario mediático, la revolución no avanza. Quizás, tristemente, ése sea un signo de estos tiempos: un asesor de imagen vale más que un periodista.






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