Venezuela violenta - El otro rostro

Por Venezuela Real - 30 de Marzo, 2008, 16:29, Categoría: Seguridad/Inseguridad

El Editorial
El Nacional
30 de marzo de 2008

La violencia se relaciona fatalmente con la muerte. El delito tiene como desenlace la destrucción de vidas. Este es uno de los rostros de la peste que asedia a los venezolanos y que, según los signos, demorará mucho tiempo para ser corregida y superada. Uno de esos rostros deja un legado tan trágico que, con frecuencia, se pierde de vista, tanto que se convierte en un factor anónimo de la sociedad, pero que la socava. Son "los huérfanos de la violencia", como se les llama en el reportaje de Siete Días escrito por Adriana Rivera sobre estas víctimas que quedan sin padre, muchos en sus primeros años, condenados a convivir con un gran vacío por el resto de sus vidas. Según Provea, en 2007 se registraron alrededor de 13.000 muertes violentas, de las cuales 11.700 eran varones.

Gran número de estos fallecidos eran hombres casados o haciendo vida en pareja. Por consiguiente, la cantidad de huérfanos es alta, corresponde a esas magnitudes. Para los huérfanos la vida se rompe, los muy jóvenes no comprenden el por qué de las ausencias, de la soledad y el cambio de vida que conlleva.

Es uno de los más dolorosos traumas humanos, y, por tanto, entre los que afectan con mayor fuerza a los grupos sociales de nuestro país.

En muchos casos no sólo es el vacío que dejan tantas muertes, sino también las escenas de horror que perdurarán en la memoria de los niños, como en el caso del barcelonés Luis Díaz, de 23 años de edad, que fue asesinado frente a su esposa y sus tres hijas. A partir de ese momento trágico no les quedará otra alternativa que convivir con el horror, más allá de la orfandad.

Esos cuadros dramáticos se repiten a lo largo y ancho del mapa venezolano. Así suelen quedar los países en guerra. En Venezuela es como si estuviéramos en guerra, las cifras son tan altas que bien podrían ser de conflictos bélicos y no de acciones individuales.

Sociólogos y psicólogos estudian estas situaciones y sus terribles influencias sobre la sociedad, sobre las familias, sobre las víctimas. Se trata de algo muy sensible; algo que debe concertar voluntades, pero sobre todo políticas de Estado que le den coherencia a esfuerzos públicos y privados. Los huérfanos comienzan a morir en vida. Como dice la doctora Gloria Perdomo, "muchos niños crecen en medio de la normalidad de que sus padres o tíos sean pistoleros o delincuentes". Ya esta es una de las formas más perversas de sembrar la muerte en el alma de niños y adolescentes.

Siete Días se ha ocupado en varias entregas de los problemas de la violencia y de sus diferentes aspectos o modalidades. En la conciencia de los venezolanos alienta la certidumbre de que este es uno de los factores que mayor angustia desatan en la vida cotidiana. La violencia y la delincuencia dejan un legado que se prolonga y reproduce en la sociedad. De modo que sus implicaciones van mucho más allá de los avatares inmediatos.

La experiencia demuestra que sólo políticas bien concertadas pueden dar los resultados a que todos aspiramos.






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