Estática milagrosa

Por Venezuela Real - 31 de Marzo, 2008, 15:11, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
31 de marzo de 2008

Nos cuenta Mauricio Vicent en un excelente reportaje sobre la Cuba de hoy, publicado hace dos domingos en la revista semanal de El País de Madrid, que los arquitectos habaneros han acuñado el término "estática milagrosa" para describir el asombroso estado físico de la ciudad. Muchos edificios se han derrumbado y otros están en proceso de hacerlo, pero la mayoría, y en eso radica el milagro, sigue en pie, en abierto desafío al olvido despiadado de los hombres durante 50 años y a pesar también de las leyes inflexibles de la gravedad.

En esa misma estática parece sobrevivir Venezuela. Cada día, desde hace nueve años, aquí suceden cosas muy distintas a las que debían suceder, pero esas contradicciones, nada dialécticas pero desde todo punto de vista explosivas, no pasan nunca a ser causa de una vergüenza colectiva que arrase con todo.

Ni la escasez y el desabastecimiento en medio de los extraordinarios ingresos petroleros, ni la inseguridad personal aunque la sociedad se haya militarizado casi por completo, ni la súbita riqueza de la familia Chávez en Barinas como expresión fraudulenta del llamado socialismo del siglo XXI, ni siquiera la muerte sin explicación plausible de seis recién nacidos en un solo día bajo el techo de la Maternidad Concepción Palacios.

Nada, aunque todos nos jactemos de un irreductible compromiso con los pobres, con la democracia y con la igualdad, parece suficiente para rescatar al proceso político venezolano de su estado de anemia actual.

De anemia casi terminal.

Por supuesto, para algunos espíritus siempre indiferentes a lo que no sean sus intereses electorales, esta anemia social es en realidad síntoma estimulante del alto grado de madurez política alcanzado por la mayoría de los venezolanos, resueltos finalmente a no agitar las aguas políticas más allá de los límites fijados por el régimen. Sus esfuerzos se concentran en la tarea de descifrar otros enigmas cruciales de la vida ciudadana, las candidaturas para alcaldías y gobernaciones, por ejemplo, o los efectos electorales posibles de esa nueva propuesta de Julio Borges de no ser chavista ni opositor, sino abanderado de una tercera vía, propuesta muy poco original, por cierto, que en la práctica simplemente oficializa la renuncia final de muchos, no a una polarización supuestamente perversa porque pone en peligro la estabilidad de Chávez, sino a la política en sí, tal como lo predicaban los promotores de aquel ejercicio fascis-toide de llegar a desear un Estado antipolítico con el argumento de que la política, en cualquiera de sus formas, era la única madre de todas nuestras desgracias.

Aquella negación corporativa de la actividad política en nombre de la lucha contra un Estado omnipotente e insaciable desanimó a los ciudadanos y trajo estas tempestades. Ahora, tras un período de traumáticas convulsiones, al fin emancipados de cualquier tentación radical, encandilados por la posibilidad cierta de conquistar espacios de poder local, ¡ah, esos contratos de nuevo al alcance de la mano!, vuelven por sus fueros. Se alegran de que los ímpetus políticos de años anteriores se hayan extinguido en la hoguera del 2 de diciembre y se sienten felices porque, por fortuna, para ellos la prioridad del momento ya no tiene que ver con las propuestas hegemónicas de Chávez ni con las reacciones extremistas de algunos pocos que aún se oponen a sus pretensiones de ejercer un poder total, sino con la discusión de los problemas del día a día que acosan a los ciudadanos. Vaya, como en tantas otras ocasiones, las hojas del rábano, para poder caer así, sin remordimiento alguno, en los cálidos brazos del populismo y la demagogia electoralistas, y de este modo hacer incluso real una neutralidad cómplice y bien recompensada, al cobijo tramposo de esa tercera vía, cuya única consecuencia posible será, por supuesto, añadirle nuevos y turbios ingredientes a la gran ceremonia nacional de la confusión.

Este es el meollo de la cuestión nacional. La principal razón de que Chávez siga ahí, como los edificios desfallecidos de La Habana, sin aparente sustentación física, pero suficientemente plantados porque no existen fuerzas, en Cuba materiales, políticas en Venezuela, con capacidad para terminar de socavar sus cimientos. Ni los de la capital cubana, ni los del régimen chavista. En eso, para orgullo enfermizo del conformismo y para menosprecio de cualquier veleidad presente o futura de rebeldía, consiste este absurdo fenómeno que los arquitectos habaneros llaman estática milagrosa y los inconformes venezolanos podríamos calificar de connivencia rentada.








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