Arturo Sosa s. j.: "El discurso de la universidad excluyente no es cierto y es manipulado"

Por Venezuela Real - 6 de Abril, 2008, 19:21, Categoría: Educación

LAURA HELENA CASTILLO
El Nacional
06 de abril de 2007

El rector de la Universidad Católica del Táchira considera que el tema de la inclusión ha sido atendido sistemáticamente por las instituciones privadas de educación. El sacerdote jesuita pone en duda la homogeneidad del movimiento estudiantil y afirma que el chavismo está planteado en términos personales y no colectivos

En la oficina de Arturo Sosa Abascal, rector de la Universidad Católica del Táchira, en San Cristóbal, entra el rumor del tránsito empinado y demencial de la capital andina. El edificio es uno de los pocos que conserva la majestad en la complaciente estética de la zona de Barrio Obrero. Cercano a los 60 años, más delgado y con idéntico bigote cano, el sacerdote estrena desde febrero un cargo novedoso en la Compañía de Jesús: es miembro del Consejo del Superior General y ejercerá la labor sin necesidad de vivir en Roma.

Lejos de la estridencia mediática de Caracas, Sosa no evade ningún tema, pero los emprende desde un lugar imprevisto. Sentado en el risco de un matiz se le ve cómodo. Desde su despacho, explica que la decisión de bajar la frecuencia de sus declaraciones estuvo motivada por un ejercicio de precaución, al tiempo que dejaba el cargo de provincial de los jesuitas en 2004 y viajaba 6 meses a Washington, donde recibió la noticia de que había sido nombrado rector de la UCAT. "Después de 2000 comenzó una situación muy tensa en Venezuela y la polarización no ayudaba al diálogo en los medios. Era muy difícil que pudiera tener una posición que no comprometiera a toda la Compañía de Jesús. Me pareció que era más prudente no hacerlo. Sin embargo, nunca dejé de escribir en la revista SIC".

Cree que el 2-D el país negó una propuesta política, pero que todavía no se sabe qué se quiere en lugar de ésta. Piennsa que esa misma incertidumbre ronda las aulas, porque no halla propuestas entre los actores políticos para hacer una gran discusión sobre el profesional que Venezuela necesita.

–¿Eliminar la Prueba de Aptitud Académica y las pruebas internas de las universidades es garantía de inclusión?
–Primero hay que decir que el tema de la inclusión es una preocupación compartida de las universidades y el Gobierno. En Venezuela no hay ningún gobierno universitario que no haya intentado de alguna manera que su universidad sea inclusiva. El discurso de la universidad excluyente, como si fuera una política, no es cierto y es manipulado. En todas las que he estado desde hace 40 años, no he conocido una que quiera excluir a alguien. Al contrario, las privadas han venido haciendo un esfuerzo sistemático en buscar que los problemas económicos de los estudiantes no sean un obstáculo. El tema de cómo garantizar la oportunidad a cualquier venezolano para estudiar de acuerdo con su capacidad y su vocación, pero nos estamos centrando en un problema muy pequeño: si hay o no examen de admisión.


No está claro todavía el perfil del profesional que Venezuela requiere para el año 2030.

Aunque suene feo, la educación es un instrumento, no un fin en sí mismo.

–¿Son adecuadas las medidas que se han tomado?
–Quitar el examen de admisión y las pruebas internas no resuelve prácticamente nada, porque tenemos otro problema: no hay suficiente capacidad física en el sistema de educación superior para recibir a todos los que terminan la educación media. Aquí en Táchira, por ejemplo, intentamos hace un par de años un planteamiento entre varios institutos de educación superior para ver cómo podíamos, desde la región, aumentar la capacidad de cupos en el Estado. No hubo manera de que eso fuera discutido en el Ministerio de Educación Superior. Aquí es cuando entra el tema de que si no lo hago yo, no lo haces tú. Así no se puede planificar.

–El Gobierno anunció con la Misión Alma Máter la construcción de 58 instituciones.
–Una universidad no se hace de un día para otro. En El Nula abrieron una escuela de Derecho, de la Unellez, y en ese pueblo que tiene 12.000 habitantes no había sino un abogado. Si yo ofrezco a una persona que va a ser universitaria tengo que darle de verdad una propuesta universitaria.

–Usted sostiene que no existe una discusión sobre el tipo de estudiante que el país necesita, pero de alguna manera el nuevo currículo tiene una orientación estratégica hacia el socialismo del siglo XXI.
–En esa propuesta hay cosas válidas y otras muy discutibles, pero el debate sobre el currículo está demasiado coloreado.


No se discute el hecho pedagógico, sino si lo imponen o no lo imponen, si viene de aquí o de allá, si soy privado o público.

–¿Existe el riesgo de que el Estado intervenga las universidades católicas?
–Rumores hay todos los que tú quieras. Si soy sincero, debo decir que no ha habido ningún intento de hacerlo. Hemos mantenido una relación con el Gobierno bastante directa y transparente. Esta universidad sigue recibiendo, aunque hace dos años que no aumenta, el subsidio para becas de estudiantes que da el ministerio. Si el Gobierno me quita la universidad, me la quita, pero en mi agenda no está eso.


No hay propuestas

–¿Qué tanto de la derrota electoral del 2-D puede atribuírsele a la aparición del movimiento estudiantil?
–Es difícil hacer una evaluación del movimiento estudiantil, porque es distinto en las regiones, y es complejo cuantificarlo porque una cosa es la imagen y otra la realidad.

Es difícil, también, afirmar dos cosas: primero, que es un movimiento estudiantil con unidad interna, y segundo, que no tiene nada que ver con los partidos políticos. Hubo una movilización estudiantil contra de lo de RCTV y la reforma constitucional, que tuvo un impacto importante en la sociedad venezolana; además, creo que eso ha sido para miles de estudiantes y de jóvenes una manera de plantearse la posibilidad de participar en la vida pública. Pero de ahí a decir que existe un movimiento estudiantil como tal no lo sé. Ese es, precisamente, el desafío después del 2-D: que realmente se consolide lo que debe ser una escuela de participación en la vida pública.

–Cuando se cumplieron 200 días del gobierno de Chávez usted manifestó que el país vivía un "momento creativo". ¿Lo sigue pensando?
–Lo dije, pero advertí que era así si no se iba por la vía de las personas, sino de los colectivos. Si reconocer, respetar, apoyar e impulsar liderazgos regionales se convierte en una amenaza para un proyecto personal, entonces no se promueve la democracia sino el personalismo. En Venezuela, aunque lo decimos mucho, no sé si los líderes políticos tienen claro que queremos democracia.

–¿Qué lectura le da al resultado del 2-D?
–Primero, que la sociedad venezolana, de todos los bandos, no se sintió reflejada en la propuesta de Constitución que hizo Chávez. Pero decir "no", no es decir qué queremos. Eso tienen que responderlo el chavismo y las oposiciones. En Venezuela, en los años setenta, se vino abajo el esquema construido en 1958, con lo que se llamó el sistema de reconciliación de élites. Pero no hubo un sustituto de ese sistema. Tenemos una crisis de legitimidad que tiene ya 20 años. ¿Cuándo vamos a tener, además del chavismo, otras propuestas que ofrezcan un modelo de sociedad? Porque eso es lo que tenían los partidos viejos. De hecho, el PSUV es interesantísimo desde el punto de vista politológico, y allí Chávez está ensayando una estructura como la que proponía en la reforma.

–¿Cómo ve el panorama de las elecciones regionales?
–Muy poco definido. Creo que es por la debilidad de las organizaciones políticas en la sociedad. Veo más propuestas personales que de grupos vinculados con un plan de trabajo. Proliferan voceros de sus ideas y no de organizaciones con una base de trabajo sistemático.

–Los ataques de Chávez contra la Iglesia Católica han arreciado, a pesar de que la actual se perfilaba como una directiva eclesiástica más dispuesta al diálogo. ¿Por qué? ¿Quién ha fallado?
–Esa pregunta hay que hacérsela a Chávez. Pienso que es impostergable construir puentes de comunicación entre el Gobierno y la jerarquía eclesiástica; no que estén de acuerdo, pero que exista posibilidad de comunicación.

De parte del clero ha habido la intención de hacer el esfuerzo, pero también hay que reconocer que no siempre han sido acertadas las declaraciones públicas de algunos de sus miembros. Nadie gana en esa pugna.

–Una última duda: ¿Ser rico es malo?
–Depende de qué hagas tú con la riqueza. Ni ser rico, ni ser blanco, ni ser negro, nada es malo en sí. Lo bueno o lo malo es lo que haces con las cosas.

La maldad y la bondad no son nada en sí mismas, sino el resultado de una relación que se establece entre ellas.







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