Marulanda

Por Venezuela Real - 6 de Abril, 2008, 22:00, Categoría: Política Internacional

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
El Nacionanl
06 de abril de 2008

De que las guerras civiles y los ejercicios discrecionales de la violencia perturban y dañan moral y mortalmente a los países, sobran las evidencias y los testimonios a través del tiempo. Una de las consecuencias de la Guerra de los Mil Días librada por los colombianos (1899-1902) fue un total de 100.000 muertos.

Magnificada quizás la cifra, poco importa su exactitud, si fue la mitad o la tercera parte.

No fue el desastre humano la única de sus implicaciones.

Entre las más irreversibles, como lo anota el historiador Marco Palacios en su obra Entre la legitimidad y la violencia / Colombia 1875-1994, estuvo "la pérdida de Panamá, sellada el 3 de noviembre de 1903".

Para comprender los avatares de la violencia en Colombia conviene escapar de la abundante literatura proselitista que convierte a las guerrillas y a los guerrilleros en héroes contemporáneos y en "movimientos de liberación". Sus efectos son todo lo contrario. Diezman a los pueblos, amputan sus posibilidades de avance y, al final, consolidan a los sectores que supuestamente combaten. Así está escrito. Son producto de la desconfianza en la capacidad de lucha civil de los ciudadanos, y suplantan su voluntad a través de la violencia. Terminan identificándose con quienes combaten, que suelen trajinar similares cánones: también prefieren la violencia.

Estas son las cuestiones que deben discutirse a propósito de la beligerancia de movimientos latinoamericanos como el de las FARC. Nadie, por tanto, se sorprenda de que en este terreno de la violencia nos encontremos con "somozas" de derecha y con "somozas" de izquierda. Una historia de medio siglo que demanda una revisión indispensable en el seno de foros multilaterales, como el Grupo de Río.

No cabe duda de que las FARC están en crisis. Lo están por razones tan diversas como sus graves desviaciones, sus implicaciones con el narcotráfico y los daños que le causan a Colombia adentro y afuera, como factores que ponen en riesgo la paz regional.

Las FARC están en crisis, además, por el envejecimiento de su líder, Manuel Marulanda Vélez, y por el envejecimiento o degradación de las ideas que postulan. Pedro Antonio Marín o Marulanda o Tirofijo nació en la población de Génova (Colombia) el 12 de mayo de 1930. Sus hagiógrafos suelen decir que se encuentra en la guerra desde las turbulencias que siguieron a la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. Sin gran exactitud, le confieren una aureola de sesenta años en guerra. Una guerra de miles de días.

Hace muchas lunas no se tienen noticias ciertas del comandante guerrillero. Nadie ha provisto al mundo de una prueba de vida, ni de un testimonio que permita considerarlo al mando de las FARC a los 77 años de edad. Las guerrillas no son refugios geriátricos. Las hipótesis varían sobre su destino. Unos lo dan por muerto, cuestión probable.

Otros lo imaginan protegido por un país amigo. ("Under the protection of a friendly coun try", en lenguaje de la CIA).

Otros, los más amigables, insisten en que mora en la selva a la espera del juicio final, como un personaje de La vorági ne, la novela de José Eustacio Rivera.

Con todo y todo, el Presidente de Francia le ha dado un ultimátum a Manuel Marulanda Vélez, Pedro Antonio Marín o Tirofijo. Le ha pedido la liberación de Ingrid Betancourt, "en peligro de muerte inminente".

Le ha advertido que está "ante una cita con la historia", que él (Marulanda, Marín o Tirofijo) será "el responsable de la muerte de una mujer". Para quien es el responsable de la muerte de muchos seres humanos, la advertencia de Sarkozy no debe haberlo conmovido, como tampoco a los otros miembros del Secretariado.

¿A quién le interesa dentro de las FARC la vida de Ingrid Betancourt? Antes de Sarkozy, otros presidentes le pidieron a Marulanda (lo que esto signifique) que libere a la ex candidata presidencial. No hubo respuesta. "Ya no tiene fuerzas para resistir a una cautividad interminable que se aboca a la tragedia". El ruego de Sarkozy cayó en el vacío. Las FARC no se guían por sentimientos humanos.

Las "citas con la historia" no entran en su agenda. Ingrid Betancourt fue vista como un fantasma, mientras la auxiliaban en un hospital cercano de la selva. Su liberación "parece cuestión de horas, justo cuando más se teme por su vida".

Una misión humanitaria de tres países (Francia, España y Suiza) adelanta contactos "con los factores pertinentes", para salvar a Ingrid. El desastre humano de la guerra no desvela a quienes todo lo encomendaron a la violencia.





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