Empresas públicas: dinero perdido

Por Venezuela Real - 8 de Abril, 2008, 11:40, Categoría: Economía

José Guerra
TalCual
08 de abril de 2008

Como si en Venezuela no hubiese sido suficiente la experiencia sufrida durante la primera administración de Carlos Andrés Pérez (CAP), entre 1974 y 1978, cuando se gestó el principio del fin de la estabilidad monetaria y financiera de la economía venezolana, Hugo Chávez reitera de nuevo, con un fracaso totalmente previsible, un modelo económico basado en el rol avasallante del Estado en la economía.

Ciertamente, CAP procuró aprovechar la favorable coyuntura de precios petroleros excepcionalmente elevados a partir de 1974 para impulsar un esquema económico fundado en la creación de compañías públicas en alianza con el capital internacional para el desarrollo de las llamadas empresas básicas de Guayana, en el estado Bolívar.

Al concluir 1978, último año de su gestión, Venezuela se hallaba cerca de un colapso no visible a primera vista, con sendos déficit en sus cuentas fiscales y en el sector externo y además fuertemente endeudada.

En medio de la bonanza que vivía Venezuela, algunos alertaron sobre el macro Estado que se estaba configurando y su inviabilidad en un futuro no muy lejano. Ese futuro sombrío se perfiló en 1978 pero la crisis no se materializó debido a que en febrero de 1979 estalló la revolución islámica en Irán y los precios petroleros se duplicaron con lo cual la crisis se pospuso pero no se resolvió.

Ésta cobraría a Venezuela con intereses moratorios en febrero de 1983, en la forma de devaluación del bolívar y el establecimiento del control de cambios, lo que hizo CAP y lo que dejó de hacer Luis Herrera Campíns.

Hugo Chávez cree haber descubierto la pólvora al ensayar de nuevo con un sistema económico basado en el estatismo todo ello disfrazado de empresas socialistas, que en realidad no son otra cosa que empresas del Estado donde se finge la participación de los trabajadores. La parodia es tal que una compañía como la Cantv, que ahora es propiedad del Estado en su casi totalidad se dice que es socialis! ta, mien tras que anteriormente había miles de trabajadores y ciudadanos comunes y corrientes que detentaban la posesión de esa empresa.

El frenesí nacionalizador del gobierno no parece tener límites y cada semana se anuncia una nueva entidad estatal en una carrera alocada hacia un Estado todopoderoso que por el hecho de ser más grande ello no lo hace más eficiente sino todo lo contrario.

Con las nuevas adquisiciones y fundación de empresas, lo que tenemos es una redenominación sin que se haya producido cambios sustanciales, como se aprecia en el cuadro anexo.

Con un precio del petróleo que raya los cien dólares por barril, Hugo Chávez piensa que encontró la fórmula para financiar un conglomerado de empresas del sector público que sin ninguna duda ya está haciendo crujir las finanzas nacionales porque no existe presupuesto que aguante la presión de gasto de un Estado como el venezolano, que a parte de ser sumamente ineficiente, está carcomido por la corrupción.

De esta manera el gobierno venezolano en lugar de atender la inversión con mayor rentabilidad social que es la realizada en salud y educación, ha optado por descuidar estas áreas fundamentales para emprender la fabricación de yogures, la venta de alimentos, la elaboración de camisas, entre otros bienes, que fácilmente pueden ser realizadas por el sector privado.

Tal vez de lo que no se ha percatado Hugo Chávez, es que mientras más se amplía el Estado, él se está transformando al mismo tiempo en el principal patrono de Venezuela y por tanto va a tener que lidiar con la conflictividad que lleva aparejado una economía inflacionaria y el hecho de convertirse en patrono.

Así, el Estado en sus ansias de crecer puede tener flotas de nuevos aviones, plantas manufactureras modernas, pero es incapaz de prestar servicios de calidad a sus ciudadanos y remunerar decentemente al personal que labora en las actividades vitales para el progreso de un país.

Por ello, entre otros factores, se observa en Venezuela diferenci! as abism ales de salarios, por una parte entre profesionales como los médicos, los profesores y maestros y por la otra, los jefes de empresas públicas deficitarias, que aunque arrojen pérdidas, sus directivos tienen altas remuneraciones.

Al igual que cuando CAP, esta coyuntura petrolera envidiable para Venezuela encuentra al país con una acumulación de deuda pública importante, signo y síntoma de un manejo irresponsable de la política económica.


 





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