Leyes y pueblo

Por Venezuela Real - 13 de Abril, 2008, 18:51, Categoría: Cultura e Ideas

MASSIMO DESIATO
El Nacional
13 de abril de 2008

" ...pues aunque el hablador sea loco, el que escucha ha de ser cuerdo". ¿Y qué tendrá que ver esto con las leyes y con el pueblo? En verdad, mucho.

Sobre todo cuando el hablador hace las leyes al concentrar todos los poderes en sus manos, directa o indirectamente. En ese caso el pueblo debe ser más cuerdo que nunca.

Pero, ¿puede preguntarse si un pueblo es cuerdo? ¿No es en sí mismo un ultraje? ¿No es el "soberano" por definición siempre cuerdo? Pues no. La historia está para recordar habladores locos escuchados por pueblos igual de locos. Un ejemplo sobre todos: la Alemania nazista.

Aún así, es más fácil encontrar habladores locos, que han llegado al poder cabalgando las circunstancias, que pueblos enloquecidos.

Por esta razón, "es peligroso decir al pueblo que las leyes no son justas porque las obedece creyendo que son justas. Hay que decirle que han de ser obedecidas como ha de obedecerse a los superiores. No porque sean justos solamente, sino porque son superiores. Así es como toda sedición queda conjurada.

No importa que esto no sea justo; es la definición exacta de la justicia".

En las actuales "versiones" por las que atraviesa el país del hablador, versiones para habladores y que requieren de la escucha más atenta y crítica que un cuerdo pueda ofrecer, la anterior cita, extraída de Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos, es un perfecto retrato de qué significan las leyes en Venezuela, y qué significado tiene la justicia.

La ley revolucionaria, rechazada por vía del referéndum en diciembre del año pasado, vuelve sigilosamente y ni tanto cuando el cuerdo no escucha o se hace hechizar por tanta habladuría del hablador.

Vuelve por caminos donde la ley se obedece no porque sea justa, sino porque emana de la "superioridad" del hablador, del único que puede hablar sin medir las palabras, el que de verdad goza de la plena libertad de expresión, y no debe temer por las consecuencias de sus palabras; consecuencias medidas, por lo demás, por una ley que hay que respetar no por justa, sino porque hay que obedecerla como se obedece a un superior.

Ya decía Benedetto Croce que la "obediencia es la categoría de la estupidez".

Porque las leyes justas no se obedecen.

En tanto justas, se encarnan en el pueblo mismo, que, al respetarlas, se respeta a sí mismo. Obedecer a las leyes del hablador, leyes "superiores" mas no justas; concederle que una ley no justa es la quintaesencia de la justicia, significa no escuchar con cordura.

Signif ica obedecer en el sentido en el cual Benedetto Croce decía...

Ciertamente, quien tiene fe y busca al final algo siempre encuentra. Con este método, se busca la revolución con fe y tal vez se la encuentre en alguna parte. Con este método el inquisidor Torquemada encontraba todo, hasta el diablo metido en el fondo del ano de bellas mujeres. Los dedos del inquisidor son como las leyes del hablador si el pueblo no escucha con cordura.

Los dedos del inquisidor y del hablador no conocen el respeto por el otro. El primero se creía autorizado por las santas leyes del "Señor" y de la "Señora Iglesia"; el segundo, por sus posturas de casi-rey.

"Ves, Patiño, - secretario del supremo en la novela cumbre de Roa Bastos - en ese tiempo los secuestradores eran los reyes. Terroristas por Derecho Divino".

Pero luego vino la Revolución Francesa y más habladores y más terror. Porque, en verdad, los reyes hablaban poco. Tal vez lo que falte es un pueblo que escuche hasta el silencio... El silencio después del terror.






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