Los parteros de la violencia

Por Venezuela Real - 13 de Abril, 2008, 12:07, Categoría: Seguridad/Inseguridad

Víctor Maldonado C.
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13 de abril de 2008

La delincuencia se ha vuelto tan violenta que resulta preocupante, sobre todo porque el exceso de crueldad se está convirtiendo en un patrón recurrente. Para muestra, baste el ejemplo del par de ancianos asesinados a batazos en la Pastora el fin de semana pasado. Sucesos como ese, que tiene como víctimas fatales a una pareja de octogenarios, hace que nos preguntemos si hacía falta tanto maltrato para someterlos y cometer el delito, si era necesaria tanta alevosía y brutalidad para proceder a despojarlos de sus pertenencias, o si por el contrario, se esperaría incluso de los delincuentes un manejo más razonable de la fuerza, por lo demás ejercida ilegítima e ilegalmente.

Sin embargo estas no son las preguntas que nos ayudan a resolver el problema social que estamos confrontando. Para esto debemos saber a qué nos estamos refiriendo, y cuáles son los factores que la originan.

La violencia tiene múltiples causas expresadas en un continuum de factores que comienzan en el extremo del plano doméstico, cuando ocurre el abuso sexual y el maltrato conyugal o familiar, y terminan en el otro extremo, en el plano público, cuando se instaura y se mantiene un régimen que descansa más en el terror, el miedo, la arbitrariedad y el despotismo, que en el uso y administración juiciosa de la ley. Lo cierto es que así como se dice que un niño maltratado tiene grandes posibilidades de ser en el futuro un hombre maltratador, también se puede afirmar que un régimen represivo y arbitrario estimula en sus ciudadanos el uso creciente y desproporcionado de la violencia para resolver su relación con los demás. Lo que debe quedarnos claro es que la violencia siempre engendra más violencia, y que está tiene sus orígenes más profundos en la arbitrariedad y en la impunidad.

La escena de un par de ancianos asesinados nos hace olvidar que la violencia no solamente se tiene que apreciar en sus efectos más tangibles (el uso de la fuerza, la agresión física, o el provocar dolor o daño).

También incluye las agresiones y el daño que se hagan a la reputación y el buen nombre de la víctima, el irrespeto a su dignidad y al derecho que tiene como ser humano a la privacidad. También estas son formas de atizar el espiral de violencia y maltrato en el que estamos todos involucrados.

Hablemos entonces de sus generadores más importantes: La impunidad que hace tan barata la participación en el delito; el resentimiento social permanentemente atizado por la prédica oficial que se solaza en la contradicción, el enfrentamiento entre clases sociales y sectores, y en la identificación de chivos expiatorios; la complacencia con la que se toleran y se justifican conductas delictivas; el modelaje oficial para el que resulta más importante la fuerza que el derecho, y la arbitrariedad que las leyes; el abandono de la educación cívica y el intento de sustituirla por consignas violentas que privilegian la muerte antes que fracasar en el intento de instaurar el socialismo; el modelaje oficial que significa el darle justificación al logro de objetivos a través de la lucha armada y de la conflagración, y el no aclarar por ejemplo que un secuestro es un hecho atroz, independientemente de quien lo haga, a quién se lo hagan, y de las razones que se esgriman para hacerlo.

Si queremos resolver el problema de la violencia, debemos comenzar por no practicar ni tolerar ese tipo de conductas. El comenzar a atenuarla comienza con el discurso y termina en los hechos. Un discurso violento es el partero más eficiente de actos violentos. Si no lo creen, pregúntenle a un tal Adolf Hitler.

Lo que habría que hacer

Así como la violencia tiene múltiples causas, también tiene variadas expresiones.


Todos los generadores de violencia tienen que ver con las formas como ella se expresa. Por eso se habla de un continuum, y por eso hay que estimular e incentivar mejores desempeños familiares tanto como cuidar que el modelaje institucional sea el más adecuado. En ambos extremos el Gobierno tiene un papel muy importante que cumplir. Debe generar las condiciones para que la pobreza no se transforme en ocasiones para la violencia estructural, pero sobre todo debe contribuir con su modelaje. Un gobernante es un magistrado que no solamente debe ser un buen ciudadano, también debe parecerlo.

De allí que tenga que cuidar sus palabras y sus hechos, porque sabe que debe ser ejemplo de paz y de convivencia, de cumplimiento y apego a la ley, de respeto por los derechos y libertades.

Un magistrado practica la prudencia y la moderación, y no promueve ni el odio, ni el resentimiento, ni la impunidad. Un magistrado debe aclararle a la sociedad que es lo legítimo y lo ilegítimo, lo permisible y aquellos actos que son repudiables. Un magistrado sabe que no puede ni promover ni tolerar que grupos armados afectos a su causa compitan con el Estado de Derecho y la Constitución. Un magistrado se preocupa por la vigencia del imperio de la ley. Lo contrario es pura barbarie, que siempre termina arrasando con todo, incluso con aquellos que insensatamente fungen como sus promotores.

 SABÍA USTED QUE:
"¿Cerrar Globovisión?
No, que esa cloaca siga abierta para que todo el mundo la vea... Ellos son la ventana de la guerra, la ventana de la violencia, la ventana de la muerte, la ventana de la podredumbre, nosotros somos el horizonte de la paz, el horizonte del futuro". (Presidente Chávez)

"Nosotros les decimos
que si vuelven a llamar a un compañero más le vamos a trancar el 23 de enero y ya no va a ser pacífica la acción, le decimos a la Disip y en especial al jefe de investigaciones que gire sus investigaciones hacia Altamira". (Encapuchados armados del 23 de Enero)








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