Paisaje venezolano

Por Venezuela Real - 13 de Abril, 2008, 18:34, Categoría: Política Nacional

MILAGROS SOCORRO
El Naciona
13 de abril de 2008

En una semana, esta que termina, la vida venezolana discurre entre hitos pavorosos. Al asomarnos por una ventana vemos a un grupo de hombres armados en un recodo de la urbanización 23 de Enero de Caracas. Van encapuchados y empuñan armas cortas y escopetas de las empleadas por la policía y la Guardia Nacional para reprimir disturbios. La escena hiela la sangre.

No hay institución ni cuerpo de seguridad que detenga a estas personas, que le responda a la comunidad, que despliegue aunque sea un amago tímido de legalidad y respeto a las formas. Nada de eso. Los sujetos ocultan su identidad, pero exhiben su determinación a gobernarse por su cuenta e incluso poner en jaque al Estado. No temen a nada. No hay fuerza humana que los meta en cintura. Ni siquiera hay una voz dotada de autoridad (que es, por cierto, lo contrario de autoritarismo) capaz de hacer frente a su discurso y responderles en términos del imperio de la ley. En vez de eso, la respuesta del Estado se limita a una declaración del presidente Chávez dialogando con los encapuchados en clave de igualdad, de quien se faja con el contrario, y llamándolos terroristas. Pero resulta que esa categoría ha sido aplicada tantas veces a estudiantes, periodistas, intelectuales, amas de casa, ciudadanos que protestan, que ya el término es equivalente a muérganos o gaznápiros. Por lo demás, un gobierno que ha convertido en fiesta nacional la fecha en que su cabecilla se alzó en armas contra la institucionalidad del momento no tiene tampoco muchos argumentos para descalificar a quienes ahora lo hagan.

Para apartarnos de tan espeluznante visión corremos a otra ventana. Sólo para encontrarnos que en este paraje también pululan los delincuentes cuyos rostros están, asimismo, ocultos al escrutinio de la sociedad. Pero estos malandros no llevan ferretería de las fuerzas armadas sino que han recibido de muy arriba la potestad de hacer un negocio descarado con los bonos de la Electricidad de Caracas que se traduce en desmedro del país y consiguiente enriquecimiento de validos del régimen. Es demasiado. Forajidos de lado y lado.

La siguiente venta na se abre a la contemplación del show de Geovanny Vásquez (más familiar para los venezolanos que sus poetas, narradores, músicos, actores y científicos) moviéndose como siempre entre mentiras, infamias, abismos de ilegalidad y malandros de toda laya. El engendro de Isaías Rodríguez es como los monstruos de Ultramán: todo en ellos es falso pero cada coletazo suyo va sembrando la destrucción. No hay manera de creerle nada al dueño de los ojos donde se miró el ex fiscal, pero lo cierto es que cada movimiento nos revela instituciones vueltas leña, manejos diabólicos, funcionarios inverosímilmente corrompidos, una auténtica conspiración para desmantelar el país, para desguazarlo desde sus cimientos, esto es, desde la Justicia.

Como no podemos soportar los horribles hitos del paisaje circundante, nos sustraemos de la realidad. Es demasiado chocante asistir a un debate público copado por tipos como Vásquez y sus promotores. Venezuela es más que eso, nos decimos. Mucho más que eso, maldecimos.

Y volvemos a nuestro exilio interior, a nuestra cotidianidad. Pero allí también nos aguarda un tormento sordo.

Cada vez que vamos al mercado el dibujo ha variado sus contornos. Pero, bueno, qué pasa. Cómo es que la suma que gasté la semana pasada ahora no me alcanza. ¿Me habré descuidado? ¿Será que estoy comprando fuera de mis posibilidades? La inflación es el único flagelo cuya víctima se hace culpable a sí misma (¿seré tan torpe que saqué mal las cuentas?, ¿me habré contagiado de consumismo?). No. Padecemos una economía terriblemente inflacionaria. Nos gobiernan unos hablachentos, ignorantes y soberbios, que nos han arrojado a este paisaje de horror.

Y, como si fuera poco, el ministro de Planificación y Desarrollo, Haiman El Troudi, con expresión de Jerry Lewis, dice que al Gobierno no lo desvela la inf lación. Al Gobierno le importa un carajo el drama que vivimos diariamente. Desde luego, porque no lo viven. No es que no les importa la inflación, es que no los afecta. Y carecen de la sensibilidad para no jactarse de ello. ¿Adónde miraremos para que el horizonte no esté recortado con la silueta de un forajido?

 





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