La herencia democrática del 58 da un parado al autoritarismo

Por Venezuela Real - 14 de Abril, 2008, 16:34, Categoría: Política Nacional

PEDRO PABLO PEÑALOZA
EL UNIVERSAL
14 de abril de 2008

Entrevista a Teodoro Petkoff, ex ministro de Cordiplan
Petkoff señala que la génesis del Pacto de Puntofijo estuvo en "la comprensión de la tolerancia como condición de la democracia y el desarrollo del país"

"Chávez quizás ha leído la historia del siglo XIX venezolano, pero conoce poco la historia de la segunda mitad del siglo XX"

"No vacilamos en proclamar que la etapa democrática iniciada el 23 de enero de 1958, con sólido basamento en el Pacto de Puntofijo celebrado el 31 de octubre de aquel año, logró entre otras muchas cosas positivas, algo que será difícil destruir: el pueblo venezolano se acostumbró a vivir en libertad.

Si alguien se atreviere a desconocer este hecho, estaría condenado al fracaso".

Con esta profecía, el presidente Rafael Caldera concluye su obra De Carabobo a Puntofijo. Los causahabientes, que ha vuelto a las librerías de la mano de la editorial Libros Marcados, nueve años después de su primer lanzamiento.

A lo largo de sus 176 páginas, el fundador de Copei transita el "accidentado proceso político" que comenzó en el Campo de Carabobo el 24 de junio de 1821 y culminó en su modesta vivienda, bautizada como Puntofijo en honor al sitio más alto de la carretera vieja entre San Felipe y Nirgua, el 31 de octubre de 1958.

En el camino, Caldera confiesa su admiración por "la figura histórica de José Antonio Páez", reconoce haber defendido los "legítimos ideales de la Revolución de Octubre" y relata cómo "políticos que se combatieron encarnizadamente" comprendieron un día la necesidad de pelear juntos por la libertad.

El prólogo de esta edición pertenece al ex ministro de Cordiplan y editor de TalCual, Teodoro Petkoff, que detiene su mirada sobre las dos décadas que precedieron a la irrupción del sistema democrático en Venezuela. Petkoff advierte que los venezolanos de esta hora tienen en ese período "una lección para el presente".

-Caldera recuerda que Cecilio Acosta identificó como factores determinantes de los males de la República "la falta de constructores y el 'odio político'". Eso lo dijo hace más de cien años.
-Cuando en una sociedad eso que Acosta en el lenguaje de la época llamaba el odio, y que modernamente llamaríamos la polarización, se da de manera muy acentuada, esa es una sociedad evidentemente enferma. El principal factor político en cualquier sociedad, que es el Gobierno, tiene que estar muy consciente de su responsabilidad de mantener un clima de cohesión en la sociedad. Eso ocurrió entre 1945 y 1948.

El primer gobierno de AD, que fue un gobierno popular sin duda alguna, condujo sin embargo a una situación que terminó en un golpe de Estado. Visto a la distancia, el poder ejercido de una manera arrogante, sectaria, intolerante y divisiva cavó una fosa profundísima entre una parte de la sociedad, por mayoritaria que fuera, y otra minoritaria pero afincada en poderes reales que terminaron en el choque de trenes. Caldera en este libro recoge lo que significó esa experiencia para los líderes y partidos políticos de entonces.

-¿Considera válido establecer un paralelismo entre el trienio adeco y el fenómeno chavista?
-Hay diferencias importantes, pero también semejanzas significativas. Una de las similitudes está en el ejercicio arrogante, sectario e intolerante del poder, desde la óptica de concebir al adversario como enemigo. Si esa óptica, además, está reforzada por la formación militar del líder, y el militar es formado para aniquilar al enemigo, tenemos un gobierno que termina por polarizar a la sociedad del modo más negativo posible.

Chávez llega al gobierno y comienza a ejercerlo desde una perspectiva parecida a la de AD en 1945: Contando con un enorme respaldo popular, cediendo a la arrogancia que tales respaldos suelen generar y, además, convencido de que tiene una misión histórica. Chávez irrumpe contra una concepción que ya está internalizada en la sociedad venezolana (conceptos de gobierno y oposición) y plantea la situación nuevamente en términos de amigo-enemigo. Esos términos son propios del célebre filósofo constitucional del nazismo, Karl Schmidt, quien señalaba que la cuestión política decisiva en cualquier sociedad es la dicotomía amigo-enemigo.

-Una diferencia, por ejemplo, es que AD tenía a Andrés Eloy Blanco y el chavismo cuenta con Isaías Rodríguez.
-Esa es una diferencia muy importante porque la AD del 45 reunía quizás a lo más brillante de la dirigencia política de entonces, y también del mundo cultural. AD se había conformado a lo largo de años de lucha política, tenía un programa, un pensamiento, unas ideas de políticas públicas que aplicar. Chávez llega a la jefatura del Estado a la cabeza de una amalgama amorfa y desvertebrada de partidarios, donde había gente desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. Betancourt tenía que discutir con el CEN del partido, allí no había gente a la que pudiera carajear.

Ese no es el caso de Chávez, que tiene un entorno extremadamente mediocre. Eso hace posible no sólo el personalismo, sino ceder más fácilmente a la tentación del absolutismo, pues no tiene contrapesos ni en las instituciones ni en su propio entorno. Un líder todopoderoso, ensoberbecido por el poder, se deja arrastrar hacia conductas brutales contra sus adversarios.

-En el prólogo advierte que un gobierno implacable, como el del trienio adeco, generó una oposición implacable. ¿Camina el país hacia un desenlace similar al que se presentó en 1948? Esa Venezuela no conocía la democracia, a diferencia de la actual.
-No en balde pasaron los 40 años de vida democrática que, con todas sus imperfecciones y sombras, dejaron un saldo fenomenal: La cultura democrática en los venezolanos. Lo que le ha puesto la mano en el pecho a Chávez y le ha impedido ir más allá en el camino del autoritarismo, es esa profunda cultura democrática. Los venezolanos no aprecian demasiado las instituciones, pero sí valoran las libertades sustantivas que están asociadas a la existencia de un régimen democrático. Entre otras, la muy fundamental libertad que es el derecho a hablar pendejadas y protestar.

En el país se viene produciendo un proceso sostenido de reflexión sobre la naturaleza del gobierno chavista. El 2 de diciembre mostró que entre el enorme universo de votantes del chavismo hay ya una visión mucho más crítica y menos incondicional y mesiánica del líder. Se comienza a producir el desmarcaje. Chávez viene dando muestras de pérdida de la brújula y eso acentúa aún más las contradicciones entre él y sus votantes tradicionales.

Si la oposición, que se ha reconfigurado y tiene nuevas presencias partidistas y políticas, se aferra a la estrategia democrática, la posibilidad de superar los desvaríos y desmanes de Chávez democráticamente está claramente planteada.

-A veces, detrás de ciertas críticas al Pacto de Puntofijo que provienen tanto de oficialistas como de opositores, parece que en realidad se oculta la intención de condenar el diálogo entre los adversarios políticos.
-Eso es peligrosísimo. Aquí gobierno y oposición no se hablan, eso es totalmente inconveniente. Como pacto, Puntofijo sólo resistió medio gobierno de Betancourt, pero como espíritu impregnó el ejercicio del poder por parte de los partidos más importantes del país a lo largo de cuarenta años.

Un ejercicio del poder en el cual se comprendió que no se podía buscar la liquidación del adversario, donde se produjo la aceptación democrática de la oposición como un factor válido en la sociedad. Aprendida la lección del trienio adeco y de la dictadura perezjimenista, las fuerzas políticas más importantes de la época crearon el piso político para que la vida democrática descansara sobre algunos acuerdos fundamentales.

Pero, en el marco de la Guerra Fría, Puntofijo condujo a la exclusión del Partido Comunista de Venezuela, una organización muy pequeña pero que cualitativamente era muy importante. La exclusión del PCV, fuerza fundamental para la creación de la Junta Patriótica y el derrocamiento de Pérez Jiménez, se tradujo después -a partir de un error garrafal que cometió el PCV al lanzarse a la lucha armada- en un período de confrontación e inestabilidad política muy negativo para el país.

Esa es otra lección que hay que aprender ahora, mirando este escenario. La superación de la actual Venezuela no puede plantearse en términos de exclusión. Tiene que plantearse a partir de aceptar a los actores políticos tal como ellos son, con contradicciones y diferencias.
 
 
 






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