HEINZ R. SONNTAG
El Nacional
16 de abril de 2008
E n artículos anteriores me he referido a la confusión reinante en el régimen, en la oposición y en la sociedad civil. Un hilo conductor en la argumentación fue mostrar la fragilidad de las instituciones democráticas y ciudadanas, inducida por las políticas arbitrarias y errantes del teniente coronel, y por ende el peligro de graves malfuncionamientos de la sociedad y el Estado en Venezuela a corto plazo. No me referí a una institución que, tradicionalmente, está rodeada de secretos, más para los que participamos en el debate de la opinión publicada que para los que constituyen la opinión pública tout court: las fuerzas armadas nacionales.
Esta institución parece a priori como cerrada, con normas y conductas propias, casi indescifrable para los políticos civiles que, en circunstancias "normales" de una democracia, están a cargo de guiarla. Ella misma contribuye a menudo al secreteo que la rodea, particularmente en cuanto a la(s) influencia(s) que ejerce sobre el gobierno e incluso sobre el Estado. En nuestros países, estas características son, por razones históricas y de debilidad de las instituciones civiles, aun más marcadas.
Durante más de 25 años desde 1958, lo que llaman despectivamente Puntofijismo en al actualidad, la FAN participaba de las reglas del pacto de la democracia representativa –el poder militar estaba subordinado al poder civil.
Secreta y subversivamente, un pequeño grupo de jóvenes oficiales formó, en la década de los 70, una conspiración que explotó el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992 en dos intentos de golpe, ambos directa o indirectamente dirigidos por Hugo Chávez. Estos eventos mostraron que había contradicciones en la FAN, las cuales se agudizaron a partir de la toma de este último como Presidente en 1999. El 11 de abril de 2002, un grupo de altos oficiales intentó derrocar al teniente coronel, mientras otro grupo lo reinstaló en el poder el 13 abril.
Desde ese momento, contra las resistencias de sectores importantes de los militares, el Presidente maniobró para que los militares fueran parte del círculo de los que mandan (lo que Norberto Ceresole en vida llamaba "alianza pueblo-fuerzas armadas"). El poder militar no estaba más subordinado al civil.
Esta tendencia ha continuado y se ha reforzado hasta nuestros días, en los que el saludo oficial es "¡Patria, Socialismo o Muerte!", por orden de quien fue designado, en una reforma de la Ley de la Fuerza Armada, comandante militar en jefe de la FAN, un rango diferenciado de su condición constitucional como Presidente de la Republica cual Jefe de la misma.
Sin embargo, las contradicciones no faltan. Se expresan, por ejemplo en el hecho de que en la Guardia Nacional hay 158 militares activos de diversos rangos sin cargo asignado, entre ellos 12 generales, mientras que en el Ejército son más de 300 oficiales activos (17 generales de brigada y división), por sus desavenencias con la revolución, esto es: con Chávez (Tal cual, 9 y 11 de abril de 2008). La ONG Control Ciudadano calcula que en toda la FAN hay cerca de mil oficiales en la misma situación (Talcual, 9 de abril de 2008).
También se manifiestan en el hecho de que el teniente coronel ha creado una "guardia pretoriana" de "reservistas" bajo su exclusivo mando. Existía desde hace algunos años, su jefe incluso fue designado ministro de la Defensa, pero adquirió carácter legal con un decreto con fuerza de ley el 12 de abril de 2008.
Estos hechos son anticonstitucionales. Y una de las primeras medidas que habrá que tomarse en un regreso democrático a un Estado social de derecho es revertirlos. Además, es la única vía de devolverle a la FAN el carácter civilista de institución bajo el poder ciudadano.