Como la mujer del César

Por Venezuela Real - 18 de Abril, 2008, 10:46, Categoría: Corrupción

HÉCTOR FAÚNDEZ LEDESMA
El Nacional
18 de abril de 2008

Si hay algo que se echa de menos en la Venezuela de hoy es una administración de justicia independiente e imparcial, encomendada a gente que, además de ser conocedora del Derecho, tenga una alta autoridad moral.

Se trata de dos condiciones esenciales que deben reunir los jueces, sin que se pueda renunciar a una a cambio de la otra; pero, a falta de gente preparada para asumir una tarea tan importante como es la de administrar justicia, lo menos que se podría esperar es contar con gente de una alta autoridad moral, sin que quepa la menor duda respecto de su rectitud, de su compromiso con la verdad, y de su independencia de criterio.

Las recientes declaraciones de Giovanni Vásquez, quien fuera el "testigo estrella" del anterior fiscal general de la República en el caso del asesinato de Danilo Anderson, no hacen sino confirmar que, para quienes tienen la responsabilidad de designar a jueces y fiscales, ni la formación profesional ni la rectitud moral tienen relevancia; basta el compromiso con la revolución.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha hecho reiteradas advertencia en el sentido de que en Venezuela se ha deteriorado el Estado de Derecho, y que no hay independencia del Poder Judicial. El elevado porcentaje de jueces provisorios, que pueden ser destituidos con una simple carta, es garantía de que sentenciarán según los intereses del "proyecto político imperante", y es expresión de ese deterioro de la administración de justicia, que la ha convertido en una herramienta al servicio de la política.

Eso explica el que, mientras tres jueces de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo fueron destituidos de sus cargos, por supuestamente haber incurrido en un "error judicial inexcusable", Luisa Estela Morales (responsable de ese mismo error) fuera elevada al cargo de presidenta del Tribunal Supremo de Justicia. Eso explica el que, tres años después de haber sido detenidos, tres comisarios de la Policía Metropolitana permanezcan en prisión sin una sentencia condenatoria, mientras los pistoleros de puente Llaguno están en libertad.

La existencia de vasos comunicantes, entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, explica, también, que Iván Rincón, quien antes sirvió al gobierno como presidente del TSJ, ahora sea su embajador en el Vaticano.

Lo que faltaba es que un funcionario, que durante años estuvo a la cabeza de la Fiscalía General de la República, fuera acusado de haber manipulado la administración de justicia, de haber instruido a Giovanni Vásquez sobre lo que debía declarar y a quiénes debía involucrar en su testimonio, de haber destruido actas para obtener nuevas declaraciones más a tono con las exigencias de la política, de haber acusado a personas inocentes de un crimen que no cometieron, y de haber obtenido la condena de personas inocentes del crimen de Danilo Anderson.

Es posible que ese ex fiscal, que quisiera ser poeta, sea inocente de tan graves acusaciones. Pero no se puede admitir que, sin ninguna investigación previa, Isaías Rodríguez sea exonerado de antemano, por el propio Presidente de la República, y en cadena de radio y televisión.

Y, por supuesto, es inaceptable que una persona sobre la que pesan esas acusaciones sea designada conjuez del Tribunal Supremo de Justicias. Después de todo, la justicia tiene que ser como la mujer del César; no sólo tiene que ser honesta, sino que también tiene que parecerlo.

¡A menos que se haya perdido todo sentido del pudor, y que ya no se tenga que guardar las apariencias!






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