Yolanda Márquez: "Se puede dialogar hasta con los muros"

Por Venezuela Real - 20 de Abril, 2008, 11:43, Categoría: Cultura e Ideas

ROBERTO GIUSTI
EL UNIVERSAL
20 de abril de 2008

Entrevista // Yolanda Márquez, antropóloga cultural
Márquez dice que "sería ingenuo pensar que los seres humanos no tenemos un lado oscuro, pero debemos luchar por conquistarlo empezando por nosotros mismos" (Enio Perdomo)
"El ser humano tiene el derecho básico de educarse en libertad. Todo fundamentado en equidad, justicia y libertad"

"Nosotros hemos perdido la capacidad de conversar y yo soy partidaria de regresar a ella porque en esta sociedad donde hay mucho ruido los vectores se cruzan y nadie oye".

-Y cuando nadie se escucha viene el conflicto.
-Así es.

--El conflicto significa ausencia de paz y ¿no es la paz un anhelo cuya concreción total resulta inalcanzable en un mundo donde la guerra es tan antigua como el hombre?
-La paz es un anhelo y una necesidad básica que debe ser reconocida como derecho universal. Partimos del supuesto de que el conflicto, como parte de la vida, siempre está ahí. El hombre confronta dificultades para adaptarse al mundo. Si no lo logra puede perecer y en esas circunstancias incidir negativamente en la vida de los demás. El conflicto requiere ajustes, reconsideraciones y un cambio de actitud. Requiere igualmente de principios, de una ética y de una visión del mundo. Si manejamos los conflictos de manera apropiada podemos sacar fortalezas de las debilidades, pero cuando no los resolvemos, sino los acumulamos, la situación se torna grave. Como resultado, se pierde la paz. Se produce un rompimiento sórdido con la vida y esa es la guerra, un proceso de deshumanización donde no hay piedad por nadie y la pauta la marca un interés determinado El profesor Johan Galtung, director de la Universidad para la Paz (Trascend Peace University, dice que cuando la medicina inició su desarrollo no había garantía de hacer la vida perpetua, pero sí de prolongarla 25 años. Lo mismo ocurre con la paz y aquí aplicamos el concepto de la escala. Si yo aplico una escala social y humanista al tema, puedo medir el comportamiento de los conflictos y lo que podría suceder. Se trata de herramientas sencillas para iniciar el proceso dirigido al objetivo de la paz, que comienzan por uno mismo, por la familia. Son los primeros puntos de la escala.

-Señala usted que la búsqueda de la paz pasa por el diálogo. Pero para conversar hacen falta, por lo menos, dos. Si uno se niega al diálogo no hay salida al conflicto.
-La condición humana es muy compleja y las contradicciones sociales que nos han conducido a grandes problemas, tanto a nivel global como específico de nuestro país, a través de la conflictiva historia de la América Latina, es una realidad que tenemos por delante. Pero también hay otra realidad que nos lleva, en primer lugar, a aprender a vivir con uno mismo. Si no se logra eso será imposible vivir en comunidad. Yo me he inspirado en la filosofía de Martin Buber. El habla del tú y el yo, que conforma el nosotros. Desde su perspectiva mi referencia del mundo es usted. Yo no me puedo explicar el mundo desde mí misma, para mí misma, ni por mí misma. Tengo un sitio en el mundo, pero en la medida en que usted existe para conformar el nosotros. El hombre más rico del mundo, colocado en la cima del Himalaya, dueño del planeta, está solo y por eso el mundo pierde significado para él. La sociedad y la familia adquieren sentido desde el momento en que lo concebimos desde el "nosotros".

-Con el argumento del reconocimiento del otro se han cometido las más grandes injusticias. Al final se incluye a unos y se excluye a otros.
-Toda acción del hombre sobre él mismo debe acompañarse de una ética. Quienes rigen dictaduras han perdido la conciencia crítica y la compasión hacia los demás. De modo que el "nosotros", invocado por esos personajes que se sienten dueños de todo, no es un nosotros-todos, sino un nosotros-ellos. Allí falla el concepto de usted es uno y los otros y los otros son los otros y uno. Pareciera un juego de palabras, pero no lo es porque la visión de un dictador es unilateral, de un mundo que concibe sólo para él y para los suyos. Al margen de la ética. Yo me refiero a un nosotros humanista, donde el otro tiene una significación concebida dentro de la ética. Todo lo contrario de la concepción dictatorial

-Podría ilustrar con un ejemplo.
-Yo me pregunto, desde mis 74 años y más de 40 en las aulas, si será posible pensar que un solo hombre no haya concebido, en 50 años, una idea para la proyección en el mundo. ¿Qué hace que un hombre se sienta dueño de generaciones? Su gran fracaso es que no hay un heredero de su pensamiento, asumiendo que todo fue muy bueno. Pero, ¿será posible que no haya habido la oportunidad para permitir lo básico en el desarrollo de un país, de una sociedad, de un grupo y en general del ser humano, que es la libertad? Creo que ese el gran fracaso de la dictadura del señor (Fidel) Castro. ¿No le dio tiempo la vida, si lo sabía todo y si era tan poderoso, para tener un grupo, un colectivo, una persona, que hiciera brillar a su país en el mundo? ¿Cuál es la misión del padre? La superación del hijo. Que llegue a donde yo no pude llegar. El supremo anhelo de Michelet, el gran señor de la revolución francesa, era que sus alumnos siguieran adelante con la visión de otro mundo. Y uno, en su humilde cátedra, le ha dicho a los estudiantes que lo que han escuchado a manera de enseñanza quizás al salir de clase ya no es cierto. "Salga a cuestionar, a vivenciar, a profundizar. No se quede con lo que yo le diga".

-Si partimos de la idea según la cual el conflicto surge de la lucha por el poder o de su uso abusivo, es decir, la dominación, ¿no resulta la democracia el método por excelencia para resolver los conflictos?
-Hace 25 años la excelente periodista Laura Furcic le preguntó al ex presidente colombiano Belisario Betancurt por qué se reunía y compartía con sus adversarios políticos. El le respondió señalando que lo hacía porque mientras "ellos tienen su verdad, yo tengo la mía y entre esa dos verdades quizás yo pueda llegar a la plenitud". Independientemente de sus fallas, el sistema democrático es el mejor para el intercambio, para la acción consensuada porque exige un compromiso mutuo sobre la base del entendimiento y el respeto, incluso el derecho a equivocarse.

-Usted dice que el diálogo es una de las maneras para superar el conflicto, pero el diálogo es una posibilidad que existe sólo en democracia. Sin ésta no hay diálogo, quizás apenas monólogo. Considerando que los conflictos álgidos surgen, sobre todo, por ausencia de democracia, ¿cómo superar ese contrasentido?
-No tengo respuesta, pero sí puedo, en torno a su observación sobre el monólogo, recordar a Martin Buber, quien decía que en nosotros se da un monólogo de voces alternadas. Y eso es, ya en sí mismo, una ruptura. Cada uno de nosotros debe estar dispuesto a renunciar a algo. En un conflicto familiar cada quien tiene su razón, pero en un momento pueden converger puntos de entendimiento porque la verdad no es sólo una. Lo que sí es una sola cosa es la búsqueda de la verdad. Casi todos nosotros vemos al mundo según nuestra percepción y esa postura genera injusticias, distorsiones. Pero también existe una premisa fundamental para aproximarse a la vida: las limitaciones y las posibilidades. Una forma está en el modelo de educación que prepare al ser humano para vivir en un mundo de conflicto, donde no es necesaria la destrucción del otro. Educación que parte de un lenguaje (la esencia de la vida) porque la palabra tiene significados y éstos se basan en valores que pueden convertirse en acción, negativa o positiva. Esa educación cristaliza con familia y escuela unidas. Y eso es así porque la concepción del mundo es aprehendida, es una herencia social. Pero tampoco podemos llevar el peso, a lo largo de la vida, de lo que afectó a otras generaciones: las Cruzadas, el genocidio de los armenios, el Holocausto. El ser humano tiene el derecho básico de educarse en libertad. Todo fundamentado en principios de equidad, justicia y libertad. El diálogo es posible hasta con los muros porque las limitaciones empiezan con las autoimposiciones. Con pequeñas cosas usted puede generar cambios. El ser humano tiene su propia luz y no debe resignarse a un estado de cosas donde llega a ser tan impotente que nada es posible.

-Dice usted que justicia, equidad y libertad son valores que se transmiten a través de la educación, pero tales valores emergieron a raíz de un conflicto, la revolución francesa. ¿No resulta eso una paradoja a la luz de lo que hemos conversado?
-Sí lo es, pero si somos generadores de cultura, si estamos en un proceso de cambio continuo y la plasticidad forma parte de nuestra naturaleza, podemos sacar fortaleza de nuestra debilidad. Los cambios generados por la revolución francesa tuvieron un costo social muy alto, pero con el tiempo se ha venido depurando. Es claro que se siguen creando conflictos pero cada vez hay mejores herramientas para manejarlos. El hombre provoca una dinámica de relación con la vida y el mundo y si la concibe como un sistema abierto (Edgard Morin), aunada al concepto de escala, de humanidad, de principios, es posible pensar en cambios cualitativos a nivel global, social, grupal y personal.

-Lograr en paz lo que antes se conseguía con guerra.
-Ese es el anhelo más noble del hombre, el Tao de la paz. Otros procesos revolucionarios no han conducido a consecuencias como las generadas por la revolución francesa, sino a más restricciones y dolor. La equivocación puede generar, a futuro, el desajuste de un valor, incluso, su negación. Cuando asumimos posiciones basadas en la negación de valores, la intervención del individuo no tiene lugar en un momento dado porque lo que se impone es la fuerza del valor.
 
 





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