¡Viva la dictadura!

Por Venezuela Real - 21 de Abril, 2008, 16:43, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
21 de abril de 2008

La improvisación a todas horas, la incontinencia verbal sin la menor mesura y el doble lenguaje generado por su falta de ideología marcan la pauta de la conducta pública de Hugo Chávez. Hace dos domingos sorprendió a medio mundo anunciando su disposición a dialogar con lo que él llamó "la burguesía nacional" y una semana más tarde dijo exactamente lo contrario: "Abajo la burguesía". Como si en el curso de esos 7 días de abril hubiera redescubierto que el enemigo es el enemigo y debe ser combatido sin piedad.

Esta aparente contradicción ha tenido, en la práctica, una manifestación tenebrosa. Ante la reacción de los venezolanos contra el disparate de un plan de estudios esquemático, ideologizado y rural, el gobierno dio un paso atrás y reveló que esa transformación quedaba en suspenso hasta el año 2009. No obstante, el Ministerio de Educación ha proseguido adoctrinando a los maestros y realiza sus primeros ensayos del nuevo currículo escolar en algunas aulas del interior del país. La misma arrogancia bonapartista con se sigue actuando para implantar por la vía de los hechos toda la reforma constitucional que la mayoría de los venezolanos rechazó en el referéndum del 2 de diciembre. Por esta razón Chávez aprovechó el 13 de abril para echar las bases de la estructura comunal de la geografía física y social del país, y para oficializar las bases de su ejército paramilitar, los dos fundamentos sobre los que aspira a hacer realidad el proyecto nada socialista de acaparar en sus manos todo el poder político y económico del país. No se trata, pues, de la ya convenientemente olvidada ruptura histórica que debía de haberle permitido a Venezuela zambullirse de cabeza en el mar de la felicidad socialista.

De aquel sueño de Marx sólo queda ahora la perversión estalinista. Puro gobierno militar, autocrático y personal. No en balde, Oscar Lucien, el pasado viernes, publicaba en estas mismas páginas una esclarecedora nómina de militares en cargos de ministros y al frente de otras altas funciones públicas. Gestores gubernamentales en todos los sectores de la vida nacional, que poseen la extraordinaria virtud de estar condicionados por la vida de cuartel a dar siempre la misma y categórica respuesta que le sirve de título a la columna: "¡Comandante, ordene!" Ante esta realidad, algo así como pasar de los amos del Valle a los amos de Sabaneta pero a punta de billetes y sin disparar un solo tiro, cabía esperar una firme respuesta opositora. Sin embargo, no ha sido así. ¿Por qué? El argumento que se emplea ahora es idéntico al empleado en el 2004. La lucha, decían entonces, debe estar encaminada a aprovechar las rendijas electorales que entreabre el gobierno, meter el pie y tratar de recuperar espacios perdidos.

Una estrategia al parecer irreprochable. Sólo que para ejecutarla, tal como señalaban los asesores estadounidenses de la Coordinadora Democrática, había primero que sacar a la gente de la calle, silenciar toda esa historia de las condiciones electorales y, por supuesto, no perder el tiempo esgrimiendo temas tan abstractos como la libertad y la dictadura. Según sus encuestas, no eran esos los problemas que despertaban el interés de los venezolanos, sino otros más concretos, como la inseguridad, por ejemplo, o el alto costo de la vida.

Los resultados de esa política están a la vista. Desastre electoral de la oposición en el revocatorio, en las elecciones regionales y municipales, en las presidenciales del 2006.

Y triunfos indiscutibles cuando la votación se refería, precisamente, a temas políticos.

Primero en las elecciones parlamentarias del 2005, cuando se impuso la abstención como recurso electoral válido para exigirle al régimen condiciones electorales democráticas, y ahora cuando los venezolanos de todas las tendencias, otra vez motivados exclusivamente por abstracciones políticas, democracia y socialismo, libertad y dictadura, le plantaron cara y derrotaron a Chávez con un NO sin remedio. La oposición vuelve estos días a sus andadas electoralistas. No por querer acudir a las urnas, porque ese es un mecanismo esencial de la democracia, sino por acudir a ellas sin condiciones y por jugar exclusiva y obsesivamente en el tablero electoral, como si ese fuera el único espacio de lucha posible contra el régimen, mientras Chávez, ¡mueran mis enemigos!, juega en varios tableros a la vez y avanza en todos los frentes. Esta es, en definitiva, la substancia de la crisis política actual. Nada más.






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