El Estado monopolista

Por Venezuela Real - 22 de Abril, 2008, 10:28, Categoría: Economía

José Guerra

TalCual
22 de abril de 2008

Con el apoyo de unos, con el silencio de otros y con la indiferencia de muchos, el gobierno de Hugo Chávez ha venido, gradual pero sostenidamente, apoderándose de la economía venezolana. No hay actividad económica ni empresa en Venezuela que esté a salvo de ser estatizada.














El término estatización es claro porque el Estado es el principal propietario de los medios de producción y no los venezolanos, sean estos empresarios o trabajadores. Por eso es que no puede hablarse de nacionalización. Esto conforma lo que conceptualmente se denomina capitalismo de Estado, disfrazado de socialismo y que nada tiene que ver con la propiedad social.


Ello se corresponde con un pensamiento marxista anclado en el pasado cuya experiencia resultó trágica para la humanidad, no porque se implementó de manera inadecuada sino porque el modelo en sí mismo lleva el germen del fracaso, al hacer del Estado el centro de la vida económica y con él quienes lo controlan y, además, porque destruye el incentivo al trabajo.

Un Estado grande no hace más próspera a la sociedad. Al contrario, es una sociedad más rica lo que hace posible un mejor Estado. Lo que ocurre es que la izquierda retrógrada en alianza con sectores de mentalidad fascista que ahora gobiernan en Venezuela creen que con un Estado más grande pueden tener una sociedad mejor, sin darse cuenta de que cuanto más crece el Estado más indefensa se torna la población ante un poder desmedido.

EL ESQUEMA SOVIÉTICO

Lo que ocurre en Venezuela no es otra cosa que el intento de implantar paulatinamente lo que fue el esquema soviético de planificación centralizada y uno de cuyos sobrevivientes, Cuba, después de cincuenta años de estrepitoso fiasco se ha dado cuenta de que aquello no funcionaba y ha emprendido tenuemente la enmienda.

En tanto Cuba rectifica, el gobierno venezolano persevera en el error. Y pu ede darse el lujo de hacerlo porque con un precio del petróleo de bordea los cien dólares por barril, es posible financiar transitoriamente todo tipo de fantasías y sueños de grandeza, por muy disparatados que éstos sean.

Desde enero de 2007, el gobierno decidió acelerar el paso hacia la estatización de la economía y ya han caído en sus manos empresas emblemáticas, hasta configurarse un monopolio estatal que cubre áreas fundamentales como se señala en el cuadro anexo. En la medida que esto sucede la economía se torna más vulnerable y cualquier movimiento desfavorable en el mercado mundial del petróleo puede convertirse en cataclismo que derrumbe todo este delirio estatista que se ha apoderado de Venezuela.

ESTADO A LA CAZA

Ya se conoce que el Estado está a la caza de una de las mayores cadenas de supermercados de Venezuela para comprarla, lo mismo de un banco extranjero para constituir una red poderosa de sucursales bancarias ante lo ineficaz que ha sido la puesta en marcha del Banco del Tesoro.

Una duda que persiste es si el gobierno pasa del cerco y el acoso que mantiene sobre Empresas Polar a la decisión de hacer una oferta atractiva para adquirir su división de alimentos, con lo cual el Estado pasaría a incidir de forma directa sobre la alimentación de los venezolanos.

Esto a gente de buena fe pero ingenua le puede parecer exagerado, porque no valoran que Hugo Chávez es capaz de cualquier cosa para concentrar el poder en sus manos. ¿Si la fabricación de cemento es estratégico para el país por qué no las empresas alimenticias? Pero tal determinación tan arriesgada seguramente ha pasado por la mente del Presidente de la República y con seguridad tal vez espere el momento más adecuado para aplicarla.

LA VORÁGINE ESTATISTA

Venezuela está pagando y va a pagar un alto precio por esta vorágine estatista que hoy la asola. El tiempo pondrá las cosas en su lugar y más temprano que tarde se observará que el manejo y gestión de esas empresas públicas serán el caldo de cultivo de la corrupción, el tráfico de influencias y pérdidas millonarias de ingresos fiscales, que con una sana administración pondrían a Venezuela en el tope de las naciones de Sur América.

Un Estado tan poderoso tiende a sojuzgar a sus ciudadanos porque la centralización del poder económico invita a la concentración del poder político, máxime si priva en quienes detentan el poder un visión militarista de su ejercicio. Es cuestión de tiempo para ver el fracaso de este proyecto. Lo más difícil será reconstruir a Venezuela, pero lo haremos.

 





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